«Las detenciones de calidad son un disparate»
En plena canícla del pasado julio, el sindicato SAP-UGT, el mayoritario dentro del cuerpo de Mossos d´Esquadra, anunciaba un otoño aún más «caliente» a propósito del rechazo a una iniciativa que el conseller de Interior, Joan Saura, pretende implantar a partir del próximo octubre en la policía autonómica catalana: el control de calidad ISO 9001 aplicado a las detenciones. Un sistema que contempla, entre otros aspectos, que los detenidos y sus abogados rellenen encuestas sobre el trato recibido en calabozos.
Los sindicatos de Mossos basan parte de sus recelos a la implantación del control ISO a la mala experiencia que tienen los agentes de la Ertzaintza, la primera policía europea que obtuvo este certificado, en 2002. En su favor, cabe reseñar que la empresa encargada de implantar el ISO en la Ertzaintza -LKS, de Mondragón (Guipúzcoa)- es la misma que ha cobrado 143.840 euros para hacer lo propio en los Mossos.
Consultadas por ABC, fuentes de los agentes de la policía vasca confirman que el ISO ha sido un mal trago. «Ha resultado un disparate motivado por intereses políticos, para que se presuma de una supuesta calidad de su policía», sentencia Roberto Seijo, portavoz del sindicato ERNE de la Ertzaintza.
A juzgar por lo que cuentas varios agentes, el sistema es perverso. Porque al ser concebido de manera irrealista -destinando recursos humanos que faltan para otras tareas, ralentizando los procedimientos que conlleva la detención de una persona, etc-, acaba siendo alimentado... de mentiras. Los agentes rellenaban los formularios que exige el ISO con datos falsos o inciertos para sacudirse la burocracia y atender otras tareas.
Roberto Seijo pone un ejemplo. «Se exige que la patrulla que realiza la detención no sea la misma que lleva a cabo el traslado, ni la custodia en comisaría... Total, que por un un conductor borracho, habrá que movilizar a un mínimo de seis agentes. Al final, si un mismo agente hace dos cosas en su informe pone el número de placa de otro compañero para que no haya problemas», explica.
Mentiras arriesgadas
Otros agentes confirman que estas situaciones anómalas se repiten y son de sobras conocidas por la cúpula policial y la administración, que prefiere hacer la vista gorda -«si algo no está claro te mandan hacer un informe»- antes que asumir que el fallo es de origen. «Mentimos más que comemos. Esto es el Gran Pinocho», afirma un agente. «Al final preferimos imputar a un detenido sin detenerlo para ahorrarnos papeleo», afirma otro.
En el caso de la Ertzaintza, el rechazo sindical contra la ISO tuvo su punto álgido en noviembre de 2001, cuando dos agentes que realizaban un control de tráfico fueron muertos a tiros por etarras. «Pedimos que retiraran la ISO», explica un responsable del sindicato UGT-Ertzaintza. Consideraban los sindicatos que las rutinas a las que obliga el ISO para obtener los objetivos marcados -1.000 controles de tráfico al año, por ejemplo-, condenaron a esos agentes a ser presa fácilmente localizable para ETA.
Otro objeto de las ira son las encuestas de calidad que se darán a a los detenidos y sus abogados para valorar el «servicio» recibido (ver fotografía). «Cuál es su nivel de satisfacción con: la calidad de la comida, la corrección de los agentes hacia usted (abogado), o las condiciones de temperatura e iluminación de la estancia utilizada (se refiere al calabozo, sí). Respuesta: muy bajo, bajo... Y al final: «desea añadir alguina cosa? Lo que se teme que en Cataluña se convierta en: «¿desea denunciar a los agentes?» pese a que Interior no lo confirma. Una burla en tierras donde los etarras denuncian malos tratos de oficio, siguiendo el manual. Una burla para unos Mossos acribillados a denuncias por malos tratos.

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