Viernes, 31-07-09
En las últimas semanas, la atención que los medios de comunicación internacionales prestan a Irán desde las elecciones había disminuido. La información sobre la muerte de Michael Jackson le había robado parte del protagonismo. La relativa calma en las calles iraníes parecía indicar que las protestas contra Ahmadineyad habían perdido fuerza y habían llegado a su fin.
Cuando comenzó el alboroto tras la reelección de Ahmadineyad el 12 de junio, los medios de comunicación internacionales estaban fascinados por el modo en que las redes sociales y los blogs de internet permitían a los iraníes protestar contra la reelección, y hasta denominaron los sucesos la «Revolución Twitter». El problema con la información internacional es que ha hecho caso omiso de los acontecimientos en Irán una vez que finalizaron las protestas callejeras.
La actividad iraní en Twitter y los blogs ha continuado, pero los iraníes con sus ordenadores no pueden proporcionar las imágenes necesarias para que continúe la información en los medios internacionales.
Porque si la cobertura se centra simplemente en las protestas callejeras, o en las declaraciones de los ayatolás o los militares iraníes, pasa por alto lo que está realmente ocurriendo pasando en Irán. Dicho de manera sencilla, las autoridades estatales pugnan por controlar la información. En teoría, si los dirigentes pueden convencer a los ciudadanos iraníes y al mundo de que Ahmadineyad tiene el control y ha consolidado su poder, entonces los conservadores de Irán habrán ganado.
El problema es que los «pequeños medios de comunicación», los individuos que usan Twitter y Facebook, pueden poner en tela de juicio las versiones que el Estado iraní ofrezca de los acontecimientos. En segundo lugar, los «grandes medios», las emisoras transnacionales como la BBC persa y los canales estadounidenses, pueden emitir en Irán. Las redes políticas conservadoras iraníes se sienten asediadas por estos canales.
En Irán han confluido numerosas invasiones, tanto si procedían del este como del oeste. El Estado iraní percibe que estas nuevas invasiones ya no se parecen a las de Alejandro Magno, las de las hordas mongolas o las de las tropas británicas que ocuparon Irán durante la Segunda Guerra Mundial, sino que provienen de la televisión vía satélite, los corresponsales extranjeros y las redes sociales de internet como Twitter.
Los analistas de los sucesos en Irán sostenían que las protestas del mes pasado no constituían una revolución, mientras que algunos afirman que las protestas contra Ahmadineyad se han acabado para siempre.
De acuerdo, puede que esos acontecimientos no hayan desembocado en una revolución política, pero a pesar de todo, representan una revolución arbitrada en las comunicaciones virtuales y cibernéticas, y esos pequeños medios de comunicación seguirán apoyando al reformista Musavi cuando los grandes medios como la CNN y la BBC pasen a la siguiente gran noticia.
Profesor del IE
Communication
School

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