Martes, 28-07-09
T. VARA
BARCELONA. El límite de velocidad de 80 kilómetros por hora en los accesos de Barcelona, instalado ya en la C-31 y la C-32, necesita todavía ser sometido a prueba antes de aplicarse definitivamente. Tal es la conclusión a la que ha llegado la Cámara de Comercio de Barcelona tras publicar un estudio realizado por la Universidad Politécnica de Valencia sobre la velocidad variable impuesta por la Generalitat, originalmente con el objetivo de reducir la contaminación, que ha sido duramente contestado por el RACC.
En palabras de su vicepresidente, Josep Manuel Basáñez, la Cámara recomienda que se utilicen las medidas ya aplicadas como experiencia piloto durante un año para poder evaluar su efectividad antes de extenderla a todos los accesos a la ciudad, como pretende el Servicio Catalán de Tráfico.
El estudio, dirigido por el catedrático Alfredo García, recomienda también elevar en 10 km los límites impuestos, para pasar de la horquilla 40-80 a 50-90 kilómetros por hora. En él se explica que los problemas que la limitación variable pretende combatir no siempre se deben a excesos de velocidad. De hecho, ni siquiera la siniestralidad desciende cuando los vehículos circulan más despacio, aunque sí lo haga la gravedad de los accidentes.
La velocidad tampoco equivale a menos contaminación. Los cambios en la velocidad media tienen poca repercusión en las emisiones de gases contaminantes. Sin embargo, los acelerones, y las velocidades muy bajas sí que las disparan. El informe da por tanto prioridad a combatir los atascos, tanto para reducir la polución como para mayor comodidad de los conductores. Para ello, la aplicación de límites de velocidad variables tiene que llegar acompañada de cambios como estrechar los carriles para poder añadir uno más.

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