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Actualizado Domingo, 19-07-09 a las 11:56
Al alba y con viento fuerte de levante… esta frase, marinera más que cervantina como se dijo entonces, con la que el Ministro de Defensa Federico Trillo comenzó su comparecencia en el Congreso de los Diputados para informar del desalojo del islote Perejil ocupó casi más espacio en los comentarios de los medios de comunicación, que la operación en sí misma.
Se cumplen siete años de la Operación «Romeo Sierra» o, lo que es lo mismo, del desalojo por parte de las Fuerzas Armadas españolas, de la ocupación marroquí del hasta ese momento prácticamente desconocido territorio. Y el paso de siete años es tiempo suficiente para recordar y comentar aquella crisis, sin recrearse en exceso con el tema, ni herir ningún orgullo patriótico.
Lo primero que hay que destacar es lo absurdo de la situación creada por nuestro vecino del sur. Perejil, con un valor estratégico muy limitado, no estaba siendo objeto de disputa, y el «statu quo» existente para desmilitarizar el islote y considerarlo terreno de nadie, una forma inteligente de no provocar sentimientos nacionalistas. Sin embargo, la ocupación e izado de la bandera marroquí el día 10 de Julio de 2002 era inadmisible, se mirase desde el punto de vista que se mirase.
El Gobierno de España intentó repetidamente una solución negociada para volver a la situación de partida, sin que Marruecos hiciese ningún gesto en ese sentido, lo que de alguna manera aumentaba la incertidumbre sobre sus intenciones directas o indirectas. Las escaramuzas, por llamarlas de alguna manera, sobre las Chafarinas y Alhucemas, no ayudaron precisamente a la distensión, reforzando la teoría de la provocación deliberada. Nuestra diplomacia actuó con gran diligencia, pero sin resultados.
La crisis, limitada teóricamente en el espacio y en el tiempo, como todas las crisis por pequeñas que sean, al poner en movimiento a numerosos actores, partidos políticos, organizaciones y alianzas internacionales, países con intereses en la zona, medios de comunicación, fuerzas armadas, etc. Podía degenerar, en el interior y en el exterior, si no se conducía adecuadamente. Durante algunos días puso a prueba, en la realidad y no en un ejercicio de Estado Mayor, todas nuestras capacidades y organización. La coincidencia con el debate sobre el estado de la nación y el cambio de gobierno en marcha, no eran precisamente factores de fuerza para resolverla.
Perejil, a siete años vista
Una manifestación marroquí frente a Perejil en 2002 / EFE
La falta de información sobre el armamento, y en particular los “man-pack” que los ocupantes hubiesen desplegado al invadir el islote era un factor de debilidad a la hora de decidir su expulsión por la fuerza, ya que estos eran una grave amenaza para los helicópteros participantes en el asalto. Es decir, la decisión de llevar a cabo la operación no era fácil, y solamente una gran determinación y liderazgo, podían suplir todas las carencias y sus posibles consecuencias. Al Presidente del Gobierno, José María Aznar, le correspondió esa grandeza y esa servidumbre.
Las Fuerzas Armadas llevaron a cabo, utilizando el factor sorpresa, la recuperación del islote, así como el despliegue preventivo correspondiente, demostrando una gran profesionalidad. Lo mismo puede decirse de su reacción, exenta de triunfalismos, al finalizar con éxito la operación.
Numerosas anécdotas se han contado sobre lo ocurrido en aquellas fechas, pero por lo que representa ante otras situaciones de debilidad vividas en los últimos tiempos, me gustaría resaltar, y lo entrecomillo sacándolo de las Memorias del Ministro de Defensa, la intervención del Jefe del Estado Mayor del Ejército en aquellas fechas, general Pardo de Santallana, en el Palacio de la Moncloa ante el Presidente del Gobierno.
-«Yo pienso, Sr. Presidente, que cada día que pasa va en nuestra contra, porque consolida la situación a su favor. Por ello, si fuéramos británicos, ya habríamos intervenido».
- «¿Qué quiere decir general Pardo, con eso de “si fuéramos británicos”», requiere Aznar.
- «Quiero decir, señor presidente, que a los británicos cuando se trata de dignidad nacional o soberanía, no les importan los costes de sangre u oportunidad política».
- «Pues alguna vez, señores, tendremos que actuar como los británico»s, masculló Aznar.
La determinación española de defender su dignidad y soberanía quedó bien escrita para el futuro.
* El autor, el almirante Rafael Lorenzo Montero es miembro del Foro de la Sociedad Civil.
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