Pedro entró en el ambulatorio de Moratalla (Murcia) con una pistola que guardaba desde hace 20 años.
Los médicos tienen miedo
El personal sanitario pide vigilancia privada en los centros de atención primaria y en las Urgencias, los puntos calientes de las agresiones
Penas de prisión sólo si el agredido es funcionario
Hoy todavía sale muy barato agredir al personal sanitario. Para que haya una sentencia ejemplarizante se necesita que la agresión se considere un delito de atentado contra un funcionario público. «Con esa calificación, el agresor puede ser condenado a entre uno y tres años de prisión», explica Igor Pinedo, letrado de Asjusa-Letramed, un despacho especializado en Derecho Sanitario.
Ese requisito deja sin protección a los que trabajan para la sanidad privada y los contratados. Los colegios de médicos y de enfermería piden que se tenga en cuenta la agresión y no el estatus del profesional. La Sociedad Española de Medicina de Urgencias también cree que es necesario y urgente un cambio legislativo.
Las sentencias ejemplarizantes se cuentan con los dedos de una mano. En diciembre del año 2007 el Tribunal Supremo condenó a un paciente a seis años de prisión por apuñalar a un cirujano maxilofacial del Instituito Catalán de Salud cuando salía de su consulta. El motivo: el médico le hizo daño al extraerle una muela.
Pedro entró en el ambulatorio de Moratalla (Murcia) con una pistola que guardaba desde hace 20 años. Sin mediar palabra, disparó a bocajarro contra su médico. Tres disparos en el cráneo y en el pecho acabaron con la vida de una joven doctora de 35 años esta primavera. Su delito fue no suministrarle el tratamiento que reclamaba un paciente angustiado por su asma. La mecha que enciende la mayoría de los conflictos entre médicos y pacientes.
En otros centros sanitarios no hay disparos. Aunque no se necesitan para que el personal médico y de enfermería se sienta atemorizado en sus puestos de trabajo. Los empujones, golpes y, sobre todo, amenazas e insultos han dejado de ser rarezas para convertirse en situaciones cotidianas. No hay cifras oficiales que permitan conocer la dimensión del problema. Los últimos datos los aporta un estudio de la Universidad de Zaragoza. Este trabajo muestra que el 11% de los médicos ha sido víctima de agresiones físicas y un 5% ha sufrido en más de una ocasión. Las agresiones verbales están más a la orden del día: el 64% ha tenido que aguantar amenazas, coacciones e insultos. El estudio, realizado durante 2005 en tres hospitales y 22 centros de primaria de Aragón y Castilla-La Mancha se ha publicado en una revista de salud laboral.
Estos datos y otros similares que maneja la Organización Médica Colegial (OMC) y los sindicatos médicos nos sitúan a la cabeza del número de agresiones de Europa.
En Enfermería la situación es similar. No hay datos estadísticos precisos, sí la percepción de que las agresiones contra los profesionales sanitarios han pasado en pocos años de ser algo anecdótico a un problema de extrema gravedad. La asociación que agrupa al personal de enfermería realizó una encuesta en la que los propios enfermeros empezaban a asumir los insultos, las amenazas y los golpes, como parte del día a día de su trabajo.
El asesinato de la médico murciana sacó a la luz el lado más oscuro de la atención sanitaria. Su muerte desencadenó un rosario de manifestaciones de repulsa y nuevas promesas para atajar la violencia. Sindicatos y organizaciones colegiales de médicos y personal de enfermería piden de las administraciones campañas de sensibilización y también medidas físicas de protección. Desde arcos para detectar armas en las puertas de los centros sanitarios hasta un incremento de la seguridad privada.
La primaria, desprotegida
La mayoría de las agresiones se quedan en el olvido, apenas un 5% se denuncian, al menos, hasta ahora. El esfuerzo de algunas comunidades autónomas, de los colegios profesionales y de los sindicatos han servido para desarrollar protocolos y un circuito de atención para que los profesionales sepan a quién dirigirse y cómo elaborar una denuncia.
La presencia de guardias jurados en los grandes hospitales ya es habitual pero no en los centros de salud pese a ser una de las zonas más candentes. Los servicios de urgencias y la atención primaria concentran el mayor número de agresiones, donde hay más presión y resulta más fácil acceder al facultativo.
«La atención primaria está desprotegida. No hay vigilantes jurados y si los hay prestan sus servicios en días alternos», denuncia Julio Zarco, presidente de la Sociedad Española de Medicina Rural Y Generalista (Semergen). Colocar arcos o detectores de metales en la entrada, como se ha pedido, es «excesivo», dice. Pero contar con vigilantes, al menos en las zonas más conflictivas, «sería un apoyo psicológico importante para el personal sanitario».
«Actuaría como una medida disuasoria», apunta Franciso Toquero, vicepresidente de la OMC, la organización que agrupa a todos los colegios de médicos de España. «En algunos centros de Castilla y León los médicos hacen las urgencias nocturnas solos, sin una enfermera a su lado. ¿Y si ocurre algo?»
Insultos y amenazas
Las agresiones físicas son más excepcionales. El insulto y la amenaza están a la orden del día. «Usted está aquí a mi servicio porque yo le pago», es el comentario más repetido. «A los profesionales sanitarios nos ven como funcionarios y no les falta razón. Con los años hemos perdido el respeto de los pacientes porque la administración nos ha burocratizado. La presión asistencial, la falta de tiempo por consulta, el papeleo que deben hacer..., muchos médicos ni siquiera levantan la vista de los informes cuando ven a sus enfermos». El paciente, por su parte, «se cree en la posesión de todos los derechos y ninguna obligación. En otros países europeos, la sanidad es un bien costoso que se valora y no se abusa», insiste.
Todos coinciden: falta educación sanitaria y recuperar la imagen del médico y de una profesión que tanta entrega requiere. Se piden campañas de sensibilización para poner en valor a los profesionales sanitarios y también la colaboración de toda la sociedad. Toquero cree que la imagen idílica que de los centros de salud y hospitales se da en la televisión no ayuda.
Internet tampoco. La red ha convertido la consulta del médico en una negociación imposible en la que los pacientes exigen pruebas innecesarias. «Hay a quien le duele la cabeza y pide un escáner, cuando esa prueba puede hacer más daño que bien». O exigen antibióticos para combatir un simple resfriado común o un análisis de sangre porque así se quedarían tranquilos. Ésta es la mecha que enciende muchos de los conflictos que se viven en las consultas.
La relación entre médico y paciente ha cambiado. El clima de respeto y confianza que existía hace veinte años no es el de ahora. La sociedad es más violenta pero también hay un trasfondo legal, opina el experto en derecho sanitario, Igor Pinedo. «La legislación cada vez otorga más derechos al paciente sin cuidar su respeto hacia los profesionales de la salud», afirma.

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