La Residencia de Estudiantes edita una bella biografía literaria e iconográfica del Nobel español
Actualizado Jueves, 02-07-09 a las 20:17
Con siete, ocho, con apenas once sílabas, evocaba Juan Ramón una constelación de imágenes en el lector. Con una frase, "pequeño, peludo, suave, parecía todo de algodón", hizo girar el tíovivo de la infancia y la ternura en nuestra imaginación. Con tres versos, "Partimos de Dios / en busca de Dios, / sin saber qué buscamos", que ABC daba a conocer el pasado domingo en exclusiva, hacía viajar hasta el último recoveco del alma humana.

Fueron setenta y siete años de largo periplo desde su Moguer natal, hasta Puerto Rico, donde se le abrieron, finalmente, las cancelas del cielo. Un periplo vital y poético por el mar, por las dos orillas del mismo mar, bajo la cruel tormenta de nuestra guerra, o en la ventura y bonanza de sus libros trascendentales y definitivos, hondísimos e imprescindibles, y también en la calma y la serenidad de un premio Nobel.

Esta vida plena, intensa, este faro atlántico y oceánico de nuestra poesía, se resume ahora en el cuaderno de bítacora que es "JRJ. Álbum" (publicado dentro de la colección Álbumes de Plata que edita la Residencia de Estudiantes, con la colaboración de la Fundación Cajasol), donde las cartas de navegación de su vida y de su obra se ilustran con más de 700 fotografías y documentos recopilados por Juan Antonio Expósito, con el estudio biográfico de Javier Blasco y el ensayo "Calidoscopio juanramoniano", de Andrés Trapiello, también responsable de la bellisima edición junto con Alfonso Meléndez.

Álbum «juanramoniano»Un exhaustivo y hermosísimo "Álbum" juanramoniano que hoy se ha presentado en la propia "Resi", con la que tanta vinculación tuvo el poeta onubense, uno de sus primeros huéspedes, inspirador de sus jardines, de la plantación de los chopos que luego la dieron nombre y del Patio de las Adelfas, y donde incluso el autor de "Platero y yo" conoció a la mujer de su vida, Zenobia Camprubí.En palabras de su sobrina nieta Carmen Hernández Pinzón, representante de los herederos, libros como éste ayudan "a saldar la deuda que hasta hace poco teníamos con Juan Ramón, y sirven también para que no se le olvide como durante tanto tiempo lo estuvo".

José Antonio Expósito, responsable del impresionante trabajo iconográfico (en el que no falta delicioso material inédito) resaltó que "se ha intentado aportar fotos distintas a las que estábamos acostumbrados, y que siempre parecían retratar a un hombre demasiado serio, hostil, huraño, encerrado en su torre de marfil. Aquí podemos verle rodeado de objetos cotidianos, paseando al perro o sosteniendo en sus brazos a un gato persa de un amigo". Por su parte, Andrés Trapiello resaltó que esta colección de álbumes de la Residencia sigue los pasos de las ediciones de La Pléiade, de la editorial francesa Gallimard, y quiere "que sirvan para que el lector descubra aspectos de la obra del autor en aspectos de su vida" y resaltó también que este libro recorre a la perfección el camino vital y lírico del vate y permite constatar que "existen muchos juanramones, a veces contradictorios, que otras veces se complementan y otras se ignoran" y aventuró que a Juan Ramón le habría gustado. "Era muy exigente y no le gustaban las adulaciones, siempre decía quiero los pros y los contras, pero con justicia".

Finalmente, el poeta Tomás Segovia, que habló "como el lector, ese ser bendito", hizo hincapié en una irónica idea sobre las biografías, ya que, según dijo, "suelen tener un inconveniente: siempre acaban mal, con la muerte del protagonista". Igualmente, Segovia puso el dedo en la llaga de la contradicción juanramoniana "Durante toda su vida estuvo obsesionado con su Obra, con mayúsculas, como él la llamaba. Siempre quiso dejarla perfectamente construida y, sin embargo, al final ha quedado enormemente dispersa. Quizá, su ése era su deseo inconsciente, dejar un rastro de bocetos, de fragmentos, de forma que, al final, su obra es selvática, uno camina por ella para ver con qué se encuentra". Una obra, en cualquier caso, que como escribe el biógrafo Javier Blasco "guarda en su seno, además de un incalculable valor estético e histórico-literario, un legado que hemos concretado en "el esmero de la intelijencia, la vida del sentimiento, el valor de la bondad y la realidad de la conciencia" y que sigue siendo, en estos inicios del siglo XXI, obligado punto de referencia de la modernidad poética en lengua española".

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