«¡Sí, me han castigado mucho tiempo, toda la vida!»
ELENA CARRERAS Imagen del interior de uno de los diques laterales de la nueva terminal del aeropuerto de Barcelona
Lunes , 15-06-09
-¿Qué característica define mejor, o diferencia, la nueva Terminal 1 del Aeropuerto de Barcelona respecto a otras instalaciones similares en el mundo?
-En Barcelona ha habido que idear un nuevo modelo de terminal. Es la evolución lógica tanto del funcionamiento como de la tecnología e incluso de la estética, siempre guardando los principios de la Terminal 2 que hicimos en 1992. Desde el punto de vista de la ingeniería, el reto ha sido construir en el agua. La terminal se ubica sobre el Delta del río Llobregat, eso significa que el peso del edificio es un parámetro esencial en la ecuación no sólo de los cimientos sino del edificio entero. Se podía optar por la opción «barco» que usamos en la Terminal 2 o el sistema mixto de compactación usado aquí. Los espacios logísticos ocupan dos tercios del total de las superficies.
-Para los que ya la hemos visitado llama la atención por su luminosidad y por sus vistas, que se asoman al mar, así como por su sensación de livianidad pese a sus dimensiones.
-Es una forma curva de un solo techo que engloba toda la Terminal, un gran techo con forma de concha, o de pájaro, de avión o incluso de espada; depende desde dónde y cómo uno lo interprete. Es un gran espacio lleno de luz junto al Mar Mediterráneo, un lugar muy majestuoso para posicionar el intermodal que ejerce de puerta de entrada a Cataluña.
-La nueva T1 concentrará el 80 por ciento de la actividad del aeropuerto. Las terminales actuales, remodeladas precisamente por usted para las transformaciones de 1992, quedarán prácticamente vacías. ¿Considera que desde el punto de vista de la eficiencia económica ya están amortizadas?
-Muy amortizadas. La Terminal 2 la construimos por unos 120 millones de euros y el rendimiento ha sido brutal, quizás sea el centro comercial más rentable de Cataluña y ya sabemos que los aeropuertos viven de las tiendas y los parkings. Ha sido mucho más rentable que ningún otro aeropuerto en España. La T1 tiene 25.000 metros de tiendas y 13.000 plazas de parking. El precio de construcción es mil euros el metro cuadrado. La nueva terminal será muy rentable.
-Hace pocos años, en 2002, denunciaba la incapacidad que había en España para innovar en cuanto a la tecnología aplicada a la arquitectura. ¿Ejemplos como el de la T1 indican que esto empieza a superarse?
-Sí, paso a paso vamos consiguiendo proezas, aunque los precios sean muy ajustados. La T1 de Barcelona se ha hecho con menos presupuesto que la T4 del Aeropuerto de Barajas. Hemos trabajado con otros precios, y eso tiene un impacto directo sobre la alta tecnología. Nosotros decimos que en Barcelona hemos aplicado «low-tech» estilo Mediterráneo. Es decir, aplicando la tecnología de manera más imaginativa, ya que se trata de un edificio con un funcionamiento muy complejo y donde ha sido necesaria la colaboración coordinada de los arquitectos, ingenieros y otros especialistas aeronáuticos para conseguir este proyecto tan ambicioso.
-Además de la T1, está a punto de inaugurar otra obra emblemática en Barcelona, ubicada en este caso en la bocana del puerto, el conocido como Hotel Vela, que explotará la cadena W. ¿Considera que con la vela Barcelona completa el dibujo de su litoral?
-Culmina el punto sur de la playa de Barcelona, con las torres Olímpicas en el centro, el Fórum en el Besós y la nova Bocana con la Vela. Forman una nueva composición, terminando la playa de la Barceloneta con una curva, con una nueva playa, y una nueva plaza mirando al mar que la gente no conoce todavía pero que espero guarde el recuerdo del antiguo rompeolas donde íbamos de jóvenes en pareja para ver el Mediterráneo.
-¿Qué responde cuando se acusa al Hotel Vela de irrumpir, ajeno y agresivo, contra el litoral barcelonés? ¿O cuando se le compara con otro edificio, polémico, pero de tipología tan diferente como el World Trade Center, también del Puerto?
-No tengo problemas con la gente del barrio, hablo con ellos y les gusta la Vela. Es un terreno ganado al mar. El urbanismo es importante pues termina la playa y el paseo marítimo, forma una nueva marina, una gran plaza sobre el mar. Sobre la forma de la Vela, le explico, había dos actitudes posibles frente al mar, una forma dura como un faro, o una curva, como una Vela.
-¿Con la T1 y el Hotel Vela-W completa Ricardo Bofill su huella sobre Barcelona?
-Estos dos proyectos han tomado más de 10 años y ahora resulta que se estrenan juntos, pura casualidad. En el Taller de Arquitectura estamos orgullosos de todas las obras que dejamos en Barcelona, desde el Teatro Nacional de Cataluña (TNC) a mi primera casa de ladrillo en Bach 4. Me gustaría seguir colaborando con los arquitectos y urbanistas de mi ciudad para continuar la tarea de vivir en la mejor ciudad del mundo.
-¿Considera que en España se ha abusado de la arquitectura icónica, desligada de su entorno, no pensada desde una óptica urbanística?
-No sólo en España, también en Rusia, China, Medio Oriente y otros lugares, por supuesto. La arquitectura escenográfica tomó mucho protagonismo y en algunos casos ha llevado a desastres, como en Santiago de Compostela con el Centro Cultural, que nunca lo podrán terminar y alberga archivos importantes. Tenemos que volver a la arquitectura económica, la tradición vernacular que nos arraiga al lugar, al clima, a su gente, el «genious-loci», como decía el crítico Norberg-Schulz. Estamos en la era de la arquitectura local con experiencia internacional.
-¿Ha sucedido lo mismo en Barcelona?
-Sí. Por eso tenemos que volver a la tierra y a las personas. Ya tenemos nuestra colección de iconos, ahora hay que hacer ciudad, completar esta gran obra de arte.
-¿La competición entre ciudades para atraer grandes firmas de la arquitectura, como quien colecciona cromos sin un proyecto de ciudad, acaba definitivamente con la crisis económica?
-No creo. La competencia es parte del capitalismo que no remite, que continuará mientras no haya modelos alternativos. Ojalá pudiéramos crear un nuevo modelo sostenible basado en principios ecológicos y de sostenibilidad. Principios más femeninos que masculinos, ya me entiende. Hay un cambio de ciclo y debemos potenciarlo, no resistirnos.
-Sus grandes obras en Barcelona (TNC, Hotel W, T1) o surgen de la iniciativa privada o fueron encargos de la Generalitat en su anterior etapa política o del Gobierno de España. ¿Su relación con el Ayuntamiento de Barcelona continúa siendo igual a cero?

-¡Sí, me han castigado mucho tiempo, sí, toda la vida! Sólo tienen palabras, muy amables pero nada más. Ellos piensan que soy un bicho raro, pero no es así. Sólo quiero cooperar para hacer mejores viviendas sociales, por ejemplo. Llevo 40 años trabajando sobre vivienda económica y en Rusia ahora nos han encargado un millón de metros en Moscú para que les ayudemos a mejorar su vivienda. Casi desde el Walden7 -su obra más emblemática, en Sant Just Desvern- no me han pedido una colaboración en vivienda social. Quiero ayudar, pues en el Taller de Arquitectura hemos investigado a fondo el tema.
-¿El último encontronazo con el Ayuntamiento ha sido el recorte en altura del Hotel Vela?
-Todo proyecto sufre golpes y más si se desarrolla durante 10 años. La altura era excesiva, dijeron las autoridades, y redibujamos el proyecto sin perder el concepto.
-¿Cree que en su tierra no le perdonan cierta independencia?
-¡Sí, en Cataluña somos muy independientes!

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