Como se esperaba, el Partido Popular Europeo ha ganado las elecciones a pesar de haber perdido a sus aliados británicos, y los socialistas se mantienen en segunda posición, aunque para hacerse una idea de su situación baste decir que su mejor resultado ha sido el que han cosechado en España. La izquierda europea ha sufrido una derrota monumental, ha perdido más de cincuenta escaños y se convierte prácticamente en irrelevante en los equilibrios de poder en la Eurocámara. Su portavoz, el alemán Martin Schultz, compareció de madrugada con rostro abatido: «Es una noche muy difícil para nosotros, es todo lo que puedo decir».
Los liberales se han dejado también una quincena de diputados, lo que en parte se debe a la reducción del número de diputados, por lo que su posición de bisagra queda garantizada. Graham Watson, su portavoz, avanzó que en esta legislatura prefería «formar una coalición ideológica más que técnica», lo que aparentemente les sitúa más cerca de los populares que de los socialistas. De hecho, esa coalición entre conservadores y liberales sería muy del agrado de Angela Merkel, que anunciaría así el viento de lo que será la nueva legislatura en Alemania después de las elecciones en otoño.
Ya se sabe que Alemania ha tenido un peso decisivo en el Grupo Popular Europeo, y ha sido un alivio que sus socios bávaros de la CSU hayan logrado rebasar la barrera del cinco por ciento a escala nacional, con lo que le han añadido al menos ocho escaños para que la delegación alemana siga siendo con 42 escaños la más importante en el PPE. Con 36 diputados, un crecido Berlusconi se prepara para disputar el liderazgo germano.
La izquierda italiana podría ser, por otro lado, el reflejo del estado del socialismo en todo el continente. En muchas partes le roban votos los candidatos extremistas, como el nuevo partido La Izquierda en Alemania o como los exóticos «Piratas» en Suecia. Y en los grandes países que aportan un mayor número de diputados, como Gran Bretaña o Francia, los resultados han sido también catastróficos en los dos casos.
En Irlanda, los resultados han dado motivos de satisfacción para los que esperan que un segundo referéndum pueda significar la puesta en marcha de la más accidentada reforma institucional en la historia de la UE.
Para empezar, los promotores del «no» en el primer referéndum —la polémica lista «Libertas» del millonario irlandés Declan Ganley, que tenía a Miguel Durán de candidato en España— ha sido claramente derrotada por los partidos tradicionales y no ha obtenido ni un solo escaño en toda Europa. Es cierto que el partido del primer ministro Bryan Cowen, el Fianna Fail, ha perdido más de un cinco por ciento de los votos, pero la coalición gubernamental sigue siendo la primera fuerza con diferencia. Además, el Fianna Fail ha decidido abandonar el grupo de los euroescépticos en el Parlamento Europeo y se sumará al de los liberales, lo que dice mucho de sus actuales planes para el segundo referéndum.
El referéndum irlandés
La carrera de la campaña contra el Tratado de Lisboa se traslada a Gran Bretaña, donde los conservadores han causado una derrota indiscutible sobre los laboristas, y pretenden a toda costa obligar a Brown a convocar elecciones anticipadas para hacer un referéndum contra el Tratado de Lisboa. En las próximas semanas se sabrá si la apuesta de David Cameron de sacar a los «Tories» del Grupo Popular ha sido una apuesta acertada, en caso de que consigan formar su propio grupo, o si se tendrán que conformar con permanecer en el grupo mixto.
El portavoz de los populares, Joseph Daul adelantó ayer que a la vista del reparto de escaños, tratarán de buscar un consenso para decidir quién será el próximo presidente de la cámara, si el polaco Jerzy Buzek , al que quiere nombrar Merkel, o el italiano Mario Mauro, que es el candidato de Silvio Berlusconi. En todo caso, una vez que los populares se pongan de acuerdo, no necesitarían a los socialistas para tener una mayoría simple, con ayuda de los liberales e incluso de los conservadores británicos. Los verdes, que han subido sensiblemente —una docena más de escaños en un contexto de disminución de diputados— ni siquiera pueden ser un consuelo para los socialistas.
Merkel quiere anclar a los polacos en la UE y en el espacio del Partido Popular, aprovechando sus excelentes resultados en las elecciones de ayer, pero Berlusconi quiere tener influencia directa en los asuntos europeos, a pesar del riesgo de que contagie su rastro de escándalos. Esa será la batalla entre los populares.

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