Viernes, 05-06-09
POR RAMIRO VILLAPADIERNA
CORRESPONSAL
BERLÍN. En la República Checa se ha visto un anuncio electoral del extremista Partido Nacional incitando a «una solución final para la cuestión gitana». Acto seguido, se orquestó un ataque contra un campamento gitano. Hasta que, tras otro ataque con asesinato, la Comisión contra el Racismo y la Intolerancia (ECRI) y la Secretaría de Estado de EE.UU. advirtieron a Hungría del aumento del racismo en el discurso público, filtrado desde grupúsculos como Jobbik o la Guardia Húngara. El relator de la ONU, Gay McDougall, subraya que «los extremistas sienten que tienen licencia cuando el mensaje que oyen del gobierno es que los gitanos son un problema».
Italia ha sido harto criticada por intentar un censo racial y desatar una estampida gitana. En España, donde la «polietnía» y el orientalismo andaluz les ofrecieron un terreno acogedor hasta las redadas de Carlos III, el Instituto Nacional de Estadística (INE) revela que el 52% tiene «poca o ninguna» simpatía hacia los más de 700.000 gitanos locales.
Las instituciones advierten que la crisis empieza a «suscitar un incremento de la intolerancia xenófoba»; en períodos de depresión, la mayoría tiende a culpar a las minorías de sus problemas, recuerda la Fundación Kurt Lewin «Por la tolerancia». «Y los partidos se acuerdan sólo en las elecciones». Ramírez-Heredia, del PSOE, fue el primer diputado gitano en España, además de eurodiputado; le ha seguido el valenciano del PP Manuel Bustamante, que presume del compromiso de su partido con un pueblo con el que «la cultura y sociedad españolas mantienen una deuda».
«Son una de las minorías más discriminadas de Europa», dice Beatte Winkler, del Centro de Observación del Racismo y la Xenofobia (Viena), con derechos básicos conculcados sistemáticamente. La discriminación primaria es «la denegación de vivienda, que crea segregación territorial», explica a ABC la segunda eurodiputada gitana de la historia, la húngara Lívia Jároká, seguida de la laboral, sanitaria y educativa «en una población de la que más del 40% tiene menos de 30 años». El Consejo de los Sinti y Roma de Alemania apunta al problema de la tardanza europea en reconocer a este pueblo como víctima del nazismo. Según Jároká, la solución empieza por crear «modelos de éxito propios: que los niños vean a otros acabando el instituto, con éxito en la universidad y en el trabajo».
Discriminación laboral
Esta vicepresidenta del Intergrupo Europeo de Diversidad y Antirracismo destaca que, a diferencia de otras minorías, el suyo «es un pueblo que no dispone de una red de organizaciones civiles desarrollada... La UE ha empezado a reconocer que la situación gitana no puede mantenerse bajo la alfombra».
El magnate George Soros ha denunciado que los romaníes estaban mejor tratados por el comunismo que por la Unión Europea, y critica la escasez de fondos para educación y fomento del empleo. Lo confirma la diputada Járóka apuntando al 90% actual de paro en su etnia. Anikó Bernát, del Instituto Tarki, agrega que «está creciendo una generación romaní que no vio trabajar a sus padres».

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