La multinacional se embarca en una radical reorganización con ayuda de fondos facilitados por la Casa Blanca
General Motors suspende pagos bajo una deuda de más de 120.000 millones de euros
Martes, 02-06-09
General Motors —el fracasado gigante del motor que en sus mejores días llegó a figurar como rutilante símbolo del poder industrial americano— formalizó ayer una solicitud de suspensión de pagos ante los tribunales federales de Nueva York, acogiéndose al capítulo 11 de la Ley de Quiebras de Estados Unidos. En lo que se considera como la mayor bancarrota industrial registrada por la mayor economía del mundo, la empresa automovilística ha reconocido deudas por valor de 172.810 millones de dólares (122.500 millones de euros) frente a unos activos de 82.290 millones de dólares (58.360 millones de euros).
La bancarrota, tras la acelerada acumulación de colosales e insostenibles pérdidas durante los últimos cinco años, supone colocar el futuro de la centenaria y multinacional empresa en manos del presidente Barack Obama y de los contribuyentes de EE.UU., con la intención de constituir en el plazo de dos o tres meses una compañía más viable y mucho más pequeña, respaldada por sustanciales ayudas del Gobierno federal.

Paso necesario
El presidente Obama ha presentado esta incentivada bancarrota como un paso necesario para resucitar a General Motors, que ha logrado sobrevivir hasta ahora con ayuda de préstamos por valor de 20.000 millones de dólares facilitados por la Casa Blanca con estrictas condiciones. Barack Obama no ha dudado en calificar los planes de reconversión, que serán respaldados con otros 30.000 millones de dólares, como «creíbles» y «llenos de promesa».
Como resultado de este radical giro, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos se quedará con una participación mayoritaria del 60 %. Reparto completado con un 12,5 % para el Gobierno de Canadá, un 17,5 % de participación sindical y un 10 % reservado para las instituciones e individuos que poseen bonos de General Motors. Según ha reiterado Obama, su Gobierno piensa actuar como «un accionista reluctante». Con insistencia en que la Casa Blanca no tiene ningún interés en añadir la gestión de General Motors a su larga lista de problemas acuciantes.
De acuerdo a los planes de reconversión esbozados ayer, General Motors pasará de tener 47 fábricas en EE.UU. a 33 para el año 2012. Además de cerrar tres centros de distribución de repuestos y quedarse con tan solo 2.600 puntos de venta en lugar de los 6.000 actuales. Esto supondrá que la multinacional del motor prescindirá de un total de 21.000 empleados, el equivalente a un 34 % de su fuerza laboral en el hemisferio americano.
La empresa resultante —la nueva GM— se concentrará en sus cuatro marcas más rentables: Chevrolet, Cadillac, Buick y GMC. Con inatención de desprenderse de Pontiac, Saturn, Saab y la división de todo-terrenos Hummer. Mientras que Opel será vendida al consorcio austriaco-canadiense Magna International. Dentro de esta forzada división de funciones, la parte que se podría denominar como «vieja GM» se encargará con más tiempo de manejar todos los elementos condenados a la extinción.
El caso de Chrysler
Uno de los factores que ha precipitado la suspensión de pagos de General Motors ha sido la experiencia de la ordenada y acelerada bancarrota de Chrysler, formalizada hace un mes. El presidente Obama ha puesto como ejemplo este proceso insistiendo en que Chrysler va a salir fortalecida de su reestructuración, con capacidad para competir y salvar miles de puestos de trabajo. Aunque según ha reconocido el propio Obama, el caso de General Motors es mucho más complicado.
Dentro de la ejemplarizante suspensión de pagos de Chrysler, los tribunales federales aprobaron ayer la empresa americana sea vendida a una nueva entidad dirigida por el consorcio italiano Fiat, junto a participación sindical y del Gobierno de Canadá. El magistrado Arthur J. González razonó en su veredicto que «a la vista de las alternativas disponibles —y la única alternativa posible es la liquidación— la venta presentaba la mejor oportunidad para preservar y maximizar el valor de las propiedades de Chrysler y el rendimiento de sus accionistas».
Con esta decisión favorable a Fiat, se especula con la posibilidad de que Chrysler pueda salir de su proceso de suspensión de pagos en los próximos días, lo que supondría un periodo de tiempo extraordinariamente reducido.

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