Publicado Miércoles, 27-05-09 a las 22:03
En 1962 -después de que Fidel Castro se declarase un ferviente seguidor del marxismo-leninismo- una reunión de ministros de Exteriores en la ciudad uruguaya de Punta del Este decidió suspender la participación de Cuba en la Organización de Estados Americanos, el principal foro multilateral del continente iberoamericano. Castigo adoptado en lo más caliente de la Guerra Fría pero que después de 47 años parece enfilar hacia un punto y final.
Como anticipo a la asamblea general de la OEA prevista para el 2 y 3 de junio en San Pedro Sula (Honduras), ante el consejo permanente de la organización hemisférica se han agolpado múltiples propuesta para permitir la reincorporación de Cuba. A pesar irónicamente de que el propio gobierno de La Habana haya reiterado su orgullo de no pertenecer a una organización que considera un anacronismo inútil al servicio del imperialismo.
A pesar de varios días de negociaciones a puerta cerrada, el consejo permanente de la OEA fue ayer incapaz de llegar a una primera decisión. Su presidente, el embajador canadiense Graeme Clark, optó por crear un grupo de trabajo para intentar forjar un consenso si es posible antes de la asamblea general de la próxima semana.
Entre las propuestas para terminar con la suspensión de Cuba figura una de Nicaragua argumentando que el castigo impuesto en 1962 es "una violación de la Carta de la OEA y del Derecho Internacional, constituye un acto de injusticia y de discriminación inaceptable". Honduras, país anfitrión de la próxima asamblea general, también ha presentado una resolución con un tono más discreto. Pero la mayor sorpresa en este debate se encuentra en el documento remitido por Estados Unidos, que rebaja llamativamente su histórico rechazo a la reincorporación de Cuba.
La propuesta formulada por el Departamento de Estado, consciente de haberse quedado en minoría, solicita a la organización la apertura de un diálogo con Cuba para permitir un retorno "consistente con los principios y valores" democráticos del Sistema Interamericano. El documento de Estados Unidos específicamente reconoce que "algunas de las circunstancias pueden haber cambiado desde la suspensión de Cuba".
Hillary Clinton, en una comparecencia la semana pasada ante el Comité de Exteriores del Senado, afirmó que "cualquier esfuerzo para admitir a Cuba en la OEA se encuentra realmente en manos de Cuba". Según la secretaria de Estado, que tiene previsto participar en la asamblea general de la OEA en Honduras, el gobierno cubano "tiene que estar dispuesto a dar necesarios pasos concretos" de transición democrática, libertad de prisioneros políticos y respeto a derechos fundamentales.
La posición dialogante de la Administración Obama -que también ha indicado su voluntad de entablar conversaciones sobre cuestiones de inmigración con el régimen castrista además de facilitar viajes y trasferencias de dinero- no ha dejado de frustrar a una parte del exilio cubano en Estados Unidos. Hasta el punto de que el senador Robert Menéndez, demócrata de Nueva Jersey, ha amenazado con cortar la aportación de Estados Unidos al presupuesto de la OEA. Una partida de casi 56 millones de dólares que representa más de la mitad de los fondos anuales de la organización. Según Menéndez, hay que plantearse si se debe seguir poniendo dinero en "una institución que ignora sus principios democráticos".
El secretario general de la Organización de Estados Americanos, el socialista chileno José Miguel Insulza, figura entre los partidarios del retorno de Cuba para favorecer una transición democrática. A su juicio, todo los esfuerzos de Washington por asilar a Cuba durante casi cinco décadas no han producido una sola elección libre.

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