Andrés Neuman: «Ganar el premio que has perdido te enseña mucho más»
El escritor Andrés Neuman /EFE
Martes, 26-05-09
El escritor afincado en Granada está en plena promoción de este voluminoso libro que supera las 500 páginas. «Ya estoy agradecido con el premio, no espero nada». Andrés Neuman respondía de modo reflexivo y «un poco asfixiado». El olor a pintura fresca saturaba la pequeña biblioteca de la planta baja del Hotel de las Letras, un operario dejaba con un rulo las paredes relucientes.
El premio Alfaguara aún no se encuentra en andresneuman.com. «En mi web no se anuncia nada -responde sonriente-. Lo que ocurre es que el webmaster es más un «hibermaster», porque siempre está hibernando». El escritor comenta repantigado en el sillón que no esperaba el premio, pero sí lo deseaba. «Estaba convencido de que lo había perdido. Me acosté esa noche convencido de que no había ganado. Por la mañana me llamó Luis Goytisolo -presidía el jurado-. Ganar el premio que has perdido te enseña mucho más».
Neuman se incorporaba, extendía sobre la mesa las manos y explicaba sus pretensiones al escribir este libro. «Nunca me ha gustado la novela histórica, pretendía escribir una novela del siglo XIX que no fuera decimonónica. Empleo los recursos literarios del XX y XXI: el cine, las vanguardias, las técnicas de diálogo, monólogos interiores, imágenes oníricas... Un montaje visual armonioso».
El título, «El viajero del siglo», alude a Hans, el protagonista. «Es una especie de ciudadano errante, apátrida. Lleva en el arcón el mundo entero, la literatura universal a cuestas». No obstante, en esta historia llena de personajes que se cruzan y hablan en dos cenáculos literarios contrapuestos, un exquisito salón y una cueva, hay voces con mucho peso narrativo. «La novela tiene estructura musical, y el ritmo de la prosa está marcado por ese demiurgo secreto y sucio que es el viejo organillero». Reconoce que este personaje está inspirado en las canciones «Viaje de invierno», de Schubert -el último poema de esos lieder-.
Neuman confiesa que esas canciones forman parte de la la banda sonora de su infancia, vivió en una casa con dos músicos profesionales, sus padres. «Algún día tenía que escribir una novela o meter dentro de una novela a aquel personaje», afirma el escritor. Una novela donde se habla de la política de la Restauración, se discute de feminismo, se habla de filosofía... Wandernburgo y Europa después de Napoléon a los ojos del lector.

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