Viernes, 08-05-09
UNAS pocas gotas de optimismo son, en lo personal, el catalizador indispensable de la esperanza y, en lo colectivo, un elemento germinal de los grandes proyectos que pueden, y deben, pretender todas las generaciones. Por el contrario, las sobredosis resultan demoledoras. Es el caso del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. En el éxtasis del poder y perdida la capacidad para percibir la realidad próxima, los miembros y miembras de tan singular equipo están entregados a una fórmula que a) les empuja a estar encantados de haberse conocido, b) anula en sus procesos mentales, unitarios y grupales, al más mínimo sentido autocrítico, c) provoca en todos ellos un gran desprecio por la experiencia y la sabiduría ajenas, d) entienden la posibilidad de los milagros dentro del marco del laicismo y e) según el modelo establecido por el presidente, ninguno se siente responsable de sus propios dichos y actos. Están contentos.
Tras el Consejo de Ministros extraordinario de anteayer y convenientemente emperejiladas, las dos vicepresidentas, sin razonar la convocatoria atípica de un Consejo que careció de contenido y en alarde de elegante vaciedad, mostraron su complacencia por la buena marcha del Plan Español de Estímulo de la Economía y el Empleo -el Plan E-, esa coña marinera que ya ha engendrado 91 medidas gubernamentales sin que ninguna de ellas, a juzgar por lo dicho por las vicepresidentas, la generalista y la especializada, haya dejado de funcionar a la perfección. A mayor abundamiento, la muy hacendosa Elena Salgado se alejó del frío rigor de los datos para decirnos, con el calor de la expresión poética, que empiezan a verse «brotes verdes» en el panorama económico español.
El Plan E supone un gasto del 2,3 por ciento del producto interior bruto y, aunque sólo fuera por ello, exige más rigor y concreción en las referencias de su ejecución. Fue Ben Bernanke, el actual presidente de la Reserva Federal USA quien, hace ya semanas, utilizó la expresión de los «brotes verdes» como contrapunto para señalar que la situación sigue empeorando y que todavía nos esperan muy malos momentos. No para engañar a los norteamericanos. ¿Cómo puede, aquí y ahora, un Gobierno manifestarse contento, optimista y acrítico con más de un 17 por ciento de parados y a la espera de llegar al 20? Sólo la inconsciencia o la mentira, a elegir, puede sostener una conducta de tal naturaleza.

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