El Rijksmuseum de Amsterdam, según Cruz y Ortiz
CRUZ Y ORTIZ ARQUITECTOS Recreación virtual del polémico pasaje para ciclistas y la entrada al museo
Al igual que el Museo Munch de Juan Herreros, el nuevo Rijksmuseum de Amsterdam estará listo en 2013, si Dios (y los ciclistas) quieren. Los arquitectos sevillanos Antonio Cruz y Antonio Ortiz ganaron en 2001 un concurso para ampliar uno de los grandes museos históricos del mundo, que alberga la mejor colección de Rembrandt, con tesoros como la «Ronda de Noche». Las obras de este complejo proyecto comenzaron en 2004 y se prolongarán durante nueve años. Con un presupuesto de obra de 140 millones de euros, Cruz y Ortiz han tenido que lidiar con no pocos inconvenientes, como el pasaje que atraviesa el edificio de norte a sur. Las reclamaciones de los ciclistas (que en Ámsterdam son intocables) hicieron que se cambiara el proyecto original. Dicho pasaje obligaba al museo a tener dos entradas, dos escaleras principales y provocaba que sólo en planta principal se encontraran conectadas las zonas este y oeste.
El edificio del Rijksmuseum fue proyectado en el siglo pasado por el arquitecto holandés Pieter Cuypers. Según Cruz y Ortiz, «ha pagado un precio excesivamente alto por su papel urbano como elemento de conexión entre la entonces ciudad existente y los nuevos desarrollos hacia el sur». Los arquitectos españoles han tenido que suplir la carencia de un hall capaz de absorber el gran número de visitantes que acuden cada año, así como los nuevos servicios museísticos: áreas de información, tiendas, cafeterías... La necesidad de espacio llevó a edificar en los patios del edificio original, que quedaron cerrados, lo cual provocó una carencia de luz natural. Cruz y Ortiz liberarán ambos patios, recobrando la luz, al tiempo que realizarán una nueva y única entrada a través del pasaje, eso sí, conservando el paso público de biciletas. El proyecto prevé una escalera abierta a la entrada del pasaje, que trasladará al visitante a un gran hall central situado por debajo del nivel de la calle, que unirá las alas este y oeste del edificio. La ampliación también permitirá clarificar el recorrido del museo, que se había convertido en un laberinto y una auténtica pesadilla para los visitantes.
Con los holandeses han topado Cruz y Ortiz. Según Antonio Cruz, está siendo un proyecto de «una enorme complejidad y una gran lentitud por la cantidad de permisos que hay que solicitar, así como por la cantidad de agentes políticos, culturales y sociales que intervienen en el proceso. Los arquitectos son sólo una parte en la toma de decisiones». También lo están sufriendo con otro proyecto en esta ciudad, la Biblioteca de Amsterdam. Se hallan en la fase de tratar de conseguir los permisos oportunos, porque hay que demoler parte de un edificio histórico. Las crisis, dice, son saneadoras y traen moderación, pero no cree que en este caso afecte al proyecto del Rijks, porque «ya era muy sensato».

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