Domingo, 03-05-09
Como hormigas humanas, una multitud formada por hombres, mujeres, ancianos y niños rebusca entre las grandes y ásperas piedras que alfombran el cauce casi seco del río Kashgar Dragón de Jade, en Hotan. A más de 4.000 kilómetros de Pekín en la remota región occidental de Xinjiang, esta ciudad china de 100.000 habitantes se enclava en plena Ruta de la Seda y es famosa por la calidad de su jade.
Desde hace 5.000 años, los comerciantes chinos venían hasta Hetian -como se denomina en mandarín- en busca de este mineral, muy apreciado en el gigante asiático por la belleza y suavidad de sus lisas superficies, que suelen ser verdes, pero también van del blanco al negro pasando por el amarillo y el azul verdoso.
Buscar piedras mágicas
Tanto entonces como ahora, el jade sigue siendo el motor económico de la ciudad, cuyos habitantes autóctonos, en su mayoría musulmanes turcófonos de la etnia uigur, se lanzan a la búsqueda de la piedra mágica que los haga ricos o, al menos, los saque de la miseria.
Durante todo el año, pero especialmente es de diciembre hasta mayo, cuando se hiela el curso del río Kashgar Dragón de Jade, cientos de personas se agolpan entre las rocas del cauce escarbando con picos y palas y, a veces, sólo con sus manos.
De sol a sol, se pasan más de diez horas escudriñando las piedras y hurgando entre el fango a la búsqueda de un signo que distinga la roca que contiene el valioso mineral.
Como a los buscadores de oro, se les ha contagiado la fiebre del jade, ya que todos, sin excepción, han oído la leyenda de aquél que encontró una piedra valorada en 20 millones de yuanes (2,2 millones de euros), aunque nadie conoció al afortunado. Lo máximo que han hallado es, como confiesa Yu Qingyou, un anciano de 62 años venido de la provincia sureña de Sichuan, «una pieza por la que me dieron 8.000 yuanes (900 euros)».
El arte del regateo
Pero, a su alrededor, los buscadores que asaltan a los turistas que se acercan hasta el río sólo les muestran pequeñas piedras de jade por las que, tras un corto regateo, piden poco más de 20 yuanes (2,25 euros).
«Con lo poco que vendemos vamos tirando para darle de comer un día más a la familia», se resigna Yu Qingyou, quien a pesar de su avanzada edad, se esfuerza por remover las piedras del cauce junto a jóvenes uigures fortachones como Abdul.
A sus 30 años, este campesino de Hotan alterna su trabajo en la cosecha de algodón con la búsqueda del jade en el río Kashgar. Sin estudios porque tuvo que dejar la escuela para ayudar a su familia en las duras faenas agrícolas, el musculoso Abdul se ha convertido en todo un experto en las calidades del jade.
Sudando a chorros, cava con su pala en el barro, aparta las rocas, estudia las piedras pequeñas y, si no le convencen, las lanza fuera de su zanja y sigue horadando la tierra sin parar.
«Es un trabajo duro, pero a veces tiene su recompensa y nos permite ganarnos la vida», explica a ABC resoplando. Cuando los buscadores encuentran una piedra con jade, la pulen para vendérsela a los turistas en forma de collares o amuletos o la llevan a los pequeños talleres que abundan en la ciudad.
La mayoría de dichos establecimientos, que son familiares, están regidos por chinos de la etnia Han -la hegemónica en el país y que ya ha colonizado la región de Xinjiang-, mientras que casi todos los buscadores son sus habitantes originales.
Así, los uigures conocen las mejores vetas de los ríos y los yacimientos de los montes Kunlun a los que se llega atravesando peligrosos precipicios, pero los Han se han hecho con el control del negocio al ser más laboriosos y tener más olfato empresarial.
«Buenos» sueldos
Con sólo ocho trabajadores, la Fábrica de Artesanía y Jaden de Hotan es uno de los mayores locales de la ciudad. Por unos sueldos de 2.000 yuanes (225 euros), bastante altos en China, los empleados se pasan ocho horas al día bajo la luz mortecina de las lamparillas de sus mesas cortando las piedras con pequeñas máquinas serradoras, pintando los diseños, puliendo las piezas y dándoles lustre y forma.
«Comprar una piedra de jade es como jugar a las cartas porque no se sabe cómo será su interior. A veces ganas y a veces pierdes, pero el de Hotan es garantía de calidad», señala la directora de ventas de la fábrica, He Wenhua, quien matiza que «cuando la roca tiene vetas, no se puede trabajar con ella porque se pierde el intenso color característicos del jade».
De los cinco tipos de jade que hay en Hotan, y que compiten con el birmano y el ruso, el más famoso es el blanco, luego el verde, después el negro, a continuación el azul verdoso y, por último, el amarillo.
Precios hasta 3.378 euros
«Una roca de entre 20 y 30 kilos de jade negro de calidad baja nos cuesta 2.000 yuanes (225 euros), pero el precio sube hasta los 30.000 yuanes (3.378 euros) si es de la mejor clase», desgrana la directora de ventas por la tienda de la factoría, en cuyos mostradores se exhiben desde pequeños collares y anillos hasta enormes y casi inasequibles estatuas de Buda o dragones de la suerte finamente tallados.
No en vano, la pieza más cara que vendió la fábrica fue un jade blanco de cuatro kilos que llegó a costar tres millones de yuanes (338.315 euros), ya que buena parte de los clientes de la firma son adinerados magnates que se han enriquecido al amparo del crecimiento económico del país.
Fundada en 1976 por el Gobierno, esta empresa estatal fue adquirida por el abogado Diao Wenkui durante las privatizaciones que puso en marcha la política de reforma y apertura. Desde entonces, la compañía ha tenido bastante éxito y hasta fue autorizada por el Comité Olímpico Internacional (COI) para comercializar por 110.000 yuanes (12.421 euros) piezas de jade con motivos inspirados en los Juegos de Pekín 2008.
Como buena prueba de la afición china por este mineral, las medallas de oro tenían un borde de jade de los montes Kunlun, mientras que las de plata y bronce estaban rodeadas con jade extraído de Hotan.
Una gran diferencia con respecto a los años 50, cuando empezaron a llegar los chinos de la etnia Han para colonizar Xinjiang y utilizaban el jade, que es muy duro y resistente, para cascar nueces. «Antes la gente prefería el oro y la plata, así que la industria del jade no eclosionó hasta los años noventa por la emergencia de China», recuerda He Wenhua, quien concreta que «los mejores años fueron entre 2003 y 2007».
Las ventas caen a la mitad
Durante esa campaña, la compañía facturó más de siete millones de yuanes (790.217 euros), pero luego las ventas han caído a la mitad. Primero por los excesivos controles de seguridad que provocaron los Juegos Olímpicos de Pekín en la levantisca región de Xinjiang, donde hubo varios atentados separatistas, y ahora por la crisis.
A pesar de los malos tiempos, los buscadores siguen escarbando en el río en busca de la piedra mágica que los haga millonarios. Pero muchos temen que el jade se haya agotado ya en el río Kashgar Dragón.
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