El centro de salud Santa Isabel en Leganés vuelve a abrir sus puertas tras una larga y necesaria reforma. Poco queda ya de su pasado como hospital psiquiátrico nacional, aunque su emblemática fachada sigue siendo una de las señas de identidad de esta localidad.
Actualizado Sábado, 25-04-09 a las 12:29
Ocurrió tal día como ayer, 24 de abril, pero de hace 157 años. Cuarenta y cuatro inquietantes figuras llegaban en 1852 a la localidad de Leganés, en el sur de Madrid, ante la curiosidad desconfiada de los 3.000 vecinos del entonces pueblo hortelano. Los recién llegados eran enfermos mentales. Pero en aquella época el tratamiento que se les dispensaba era mucho más injusto y genérico: locos.

Los pacientes provenían del Hospital Provincial de Madrid, y recalaban en Leganés para ser internados en la Casa de Salud de Santa Isabel. «El manicomio», uno de los pocos hospitales psiquiátricos nacionales, símbolo de la localidad madrileña.

Más de un siglo y miles de pacientes después, el deterioro de las instalaciones y el cambio en el status social de los pacientes hicieron que el manicomio echara el cierre. A finales de 1991, con la Ley de Sanidad del 86 en la mano, parte de su estructura se sustituyó por un ambulatorio, una casa de rehabilitación para enfermos mentales y un Instituto psiquiátrico, donde aún se deposita, en parte, el legado del antiguo hospital. Pero el edificio siguió camino de la ruina.

«Reinauguración» con retrasoPor eso, con la llegada del nuevo milenio, se decide cerrar el centro de salud para «lavarle la cara». Todo es derribado excepto la fachada exterior neomudéjar y la capilla, el lavadero y el depósito de agua del interior, que dan testimonio de la historia del psiquiátrico.

Así, el pasado miércoles 22 de abril se volvía a inaugurar, por tercera vez en su historia, el edificio. Esta vez con la vuelta del centro de salud de Santa Isabel, al que se suma el de Palomares, que hasta la fecha ocupaba un portal de viviendas alquilado. De esta forma, el nuevo centro de salud acogerá a 33.400 pacientes en sus tres plantas.

Sin embargo, a pesar de los 19 millones de euros que la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid ha invertido en la reforma, ésta se ha extendido demasiado. El pasado miércoles Esperanza Aguirre, presidenta regional, aludía a la constructora como culpable de esta demora.

En cualquier caso lo cierto es que, una vez clausurado el centro, las grúas tardaron casi dos años en aparecer, y tiempo similar necesitaron para irse. Mientras tanto, los vecinos tuvieron que aguantar casi un lustro desplazándose más de un kilómetro para acudir a su nuevo centro de salud, en el barrio de Los Frailes. Un malestar que por fin concluye.
Un manicomio sin locos
Fachada conservada del antiguo manicomio. Foto: D. C.


Pero aún tendrán que esperar unos días los leganenses para materializar la vuelta a su centro de salud. En los 8.717 metros cuadrados que ocupa encontrarán 13 consultas de medicina de Familia, tres de Pediatría y 10 de Enfermería, así como la consulta de matrona, trabajador social y la Unidad de Fisioterapia, entre otros servicios.

Unas instalaciones «de las más modernas» que convierten al centro en «uno de los mejores de la región», en palabras de la Presidenta Aguirre. Un apelativo al que, ya sea como Hospital Psiquiátrico Nacional o como Centro de Salud, la Casa de Santa Isabel ya está acostumbrada.

Monumento emblemático de LeganésEl origen del edificio se remonta al s. XVII, cuando una estructura anterior componía el palacio de Diego Messía de Guzmán, Marqués de Leganés. Sobre éste, los duques de Medinaceli levantaron dos casas que, en 1850. fueron compradas a un vecino rico para establecer el Hospital. El aire fresco, la proximidad con la capital y las preferencias de veraneo de algunos grandes de España fueron motivos suficientes para llevar el manicomio a Leganés, que a su vez trajo un aumento de población, farmacias y tranvía que conectaba con Madrid.

Con 50.000 metros cuadrados, el complejo fue inaugurado el 28 de diciembre de 1851, pocos meses antes de que los pacientes aparecieran. La apertura se producía en honor de la reina Isabel II (de ahí su nombre) y al calor de los primeros estudios sobre el cerebro de la mano de grandes humanistas decimonónicos. Uno de ellos, Luis Simarro, dirigió la institución entre 1877 y 1879, al tiempo que «apadrinaba» la psiquiatría española moderna.

No necesitó mucho tiempo el Hospital para llenar sus plazas: en sus primeros cincuenta años, los internados en el hospital psiquiátrico fueron unos 1.200. Mil más se contabilizaron hasta antes de la Guerra Civil, a partir de la cual comienza a bajar el número de pacientes. Con la llegada de la Transición, la sociedad española empieza a modernizarse y a concebir como enfermos mentales a los que antes eran simple y despecdtivamente «locos».

Así, se consigue cerrar un hospital que más parecía una cárcel. En palabras del mismísimo Benito Pérez Galdós en «La Desheredada», la Casa de Santa Isabel era «un corral más propio para gallinas que para enfermos», donde cualquiera «volvería a caer en la demenencia». Hoy, gracias a un trabajo continuado, el manicomio ya no tiene locos. Es un centro de salud junto a un Instituto Psiquiátrico, el José Germáin. Ahora sus inquilinos son pacientes.

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