JOSÉ REYES FÉRRIZ, ALCALDE DE CIUDAD JUÁREZ
JOSÉ REYES FÉRRIZ, ALCALDE DE CIUDAD JUÁREZ
«Si falla el Ejército, ya no hay más soluciones»
Actualizado Domingo, 12-04-09 a las 09:00
El edificio del Gobierno municipal de Ciudad Juárez —un moderno, grande y feo bloque de cemento gris— es el último de la localidad y del país, pegado al río Grande o río Bravo que separa México de EE.UU. A la puerta del despacho del alcalde, un policía de paisano con la placa colgando de su cuello mira al periodista con indiferencia. A su lado, otro individuo sin identificar: por su armamento, bien visible, cabe suponer que no es el director espiritual del edil.
José Reyes Férriz recibe a ABC en su oficina, amplia, con una mesa de juntas y un gran escritorio delante de las banderas local y nacional. Tras los ventanales se divisan las primeras casas de El Paso (Texas). A este lado, por la avenida, circula una de las innumerables patrullas de soldados que desde comienzos de marzo han tomado la ciudad.
—¿Cómo se ha llegado a esta situación?
—Esto es un proceso que viene de lejos y que degenera en la descomposición de las fuerzas de seguridad de Ciudad Juárez. Primero fueron los típicos agentes que aceptaban una «mordida» (pequeño soborno) por hacer la vista gorda ante cualquier delito; luego, los que cobraban de los cárteles por permitir el tráfico de grandes cantidades de droga; más tarde, esos policías corruptos se convierten en jefes del crimen organizado...
—Pero eso ha ocurrido en otras ciudades, y no han sufrido la violencia tanto como aquí, con 1.600 asesinatos en 2008...
—En Ciudad Juárez se suma, además, la lucha de dos cárteles (el de Juárez y el de Sinaloa) por hacerse con el control de la plaza, y también por motivos personales (el asesinato de una antigua novia y de un hijo de «El Chapo» Guzmán, jefe del cártel de Sinaloa). Así, los policías que estaban al servicio de uno de los grupos se convierten en objetivo de la banda rival. El año pasado cayeron más de 70 agentes —38 de ellos, municipales— a manos del narcotráfico, y nuestras fuerzas de seguridad se vieron desbordadas por la explosión de violencia.
—Y, además, proliferaron otro tipo de delitos, como la extorsión o el secuestro...
—El control de la frontera y el plan de lucha contra la droga del presidente Calderón frenaron el tráfico de estupefacientes a EE.UU. Entonces, los cárteles empiezan a disputarse el mercado local, con el consiguiente incremento de muertes entre narcomenudistas (camellos, pequeños traficantes). El operativo militar en todo el Estado de Chihuahua también logró poner freno a esa situación: es entonces cuando los criminales comienzan a extorsionar y secuestrar a empresarios y comerciantes. De ello se aprovechan algunos pequeños delincuentes —muchos, desde el interior de las propias cárceles— para realizar falsos chantajes mediante llamadas telefónicas.
—¿Qué ocurrirá si falla el despliegue militar —8.000 soldados— en la ciudad?
—Si el Ejército falla, no hay más soluciones para Ciudad Juárez. Pero este despliegue nos va a permitir, primero, controlar la seguridad, y ya se están viendo los resultados. Y, segundo, recuperar los cuerpos policiales municipales; de aquí a final de año tenemos que reclutar y formar a 1.400 agentes que devuelvan la normalidad a la ciudad.
—Sus vecinos norteamericanos también tienen mucho que hacer aquí...
—Sin la colaboración estadounidense es imposible solucionar el problema: ellos son el primer consumidor de drogas del mundo y de sus armerías salen las armas que utilizan los delincuentes. Barack Obama se ha dado cuenta de la situación y está dispuesto a colaborar. Bush, durante ocho años, pensó que el narcotráfico era un asunto exclusivamente mexicano, y su única aportación fue levantar un muro a lo largo de la frontera para que a ellos no les salpicara.
—Si la violencia centra todas las preocupaciones municipales, ¿no se dejan al margen otros problemas de una urbe tan complicada?
—Nosotros estamos trabajando con normalidad, lo que ocurre es que llama más la atención un asesinato que la inauguración de una escuela. Pero hemos desarrollado un nuevo servicio de transporte urbano, hemos puesto en marcha un sistema de guarderías (Ciudad Juárez siempre ha tenido pleno empleo, trabajan tanto el padre como la madre, y el cuidado de los hijos siempre ha sido un problema), un programa de escuelas de secundaria (porque aquí es habitual que los jóvenes abandonen los estudios a los 16 años para ponerse a trabajar en las maquiladoras)...
—El crimen organizado ha puesto precio a su cabeza.
—Eso no es nuevo. Cuando hicimos limpieza dentro de la policía municipal y expulsamos a 300 agentes que no eran confiables, también aparecieron narcomantas (mensajes que el narcotráfico cuelga en puentes viales) amenazándome de muerte.
—Usted tiene un brillante currículum académico y profesional. ¿No ha pensado en tirar la toalla y dedicarse a otra cosa?
—He recibido ofertas para trabajar en Gran Bretaña o en EE.UU., pero ésta es mi ciudad y quiero vivir aquí. Mi padre ya fue alcalde de Ciudad Juárez, y yo quiero contribuir a mejorar la calidad de vida de mi tierra y de mis paisanos.

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