Obama saluda a la Alianza de Civilizaciones, que Zapatero quiere vincular con la OTAN
Barak Obama decidió finalmente hacer un hueco en su agenda y acudir un momento al II Foro de la Alianza de Civilizaciones. Lo hizo durante el cóctel previo a la cena ofrecida por el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, a los jefes de las delegaciones participantes en la reunión, incluido el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. La presencia del mandatario estadounidense fue anunciada hace tiempo por Turquía y la ONU pero, después, la Casa Blanca la descartó, a pesar de que ayer iba a estar en Estambul. Sin embargo, en las últimas horas se confirmó que acudiría al mencionado acto, aunque Obama tampoco quiso implicarse en exceso con una participación formal en una iniciativa por la que hasta ahora Estados Unidos no ha mostrado excesivo entusiasmo. En cualquier caso, su limitada presencia sirvió para dar satisfacción tanto a Erdogan, cuya resistencia tuvo que vencer hace unos días para que aceptara como secretario general de la OTAN a Anders Fogh Rasmussen, como para Zapatero, que aprovechó su cercanía al primer ministro turco para ayudar a vencer sus reticencias hacia su colega danés.
Pero si la presencia física de Obama en el Foro fue casi testimonial, lo cierto es que las esperanzas despertadas por la política que desea desarrollar han estado muy presentes en las intervenciones de la reunión. De manera especial, el jefe del Ejecutivo español aludió al deseo del presidente de Estados Unidos expresado en Praga de lograr un mundo sin armamento nuclear e instó a las potencias nucleares a desprenderse progresivamente de sus arsenales. También animó a todos los países a apartarse de cualquier camino nuclear que tenga fines militares. «Es una gran ambición, pero no podemos perder ni un minuto -dijo- para intentar conseguir una reducción eficaz del armamento nuclear», palabras que fueron acogidas con aplausos por los asistentes.
Oferta a Rasmussen
Por lo demás, Zapatero intentó poner en valor la Alianza de Civilizaciones ofreciéndola como instrumento de colaboración -para «reducir espacios de conflicto y fortalecer las acciones de convivencia»- al que será nuevo secretario general de la OTAN, presente en la reunión. No es la primera vez que Zapatero intenta establecer un vínculo entre dos alianzas de tan distinta naturaleza. Ya en la cumbre de la Alianza Atlántica celebrada en Riga hace dos años y medio, el Gobierno español consiguió introducir una referencia a su iniciativa, pero ahora lo hace confiado en que con el liderazgo de Obama los dos foros pueden aproximar sus objetivos.
Al margen de estas palabras, el discurso del presidente del Gobierno fue, como en otras ocasiones en las que, a lo largo de casi cinco años, ha hablado en el marco de la Alianza de Civilizaciones, una continua sucesión de frases en las que abundaron palabras como «paz», «diálogo», «igualdad», «convivencia» o «tolerancia»; o expresiones del estilo de «erradicar el hambre y la miseria en el mundo», «respetar todas las culturas y religiones» o «acabar con el fanatismo». En definitiva, las señas de identidad de este foro que, por más que haya logrado la adhesión de un centenar de países, no despierta grandes pasiones entre sus gobernantes, como lo prueba el hecho de que, además de Turquía y España, sólo otras cuatro naciones han estado representadas a nivel de jefes de Estado o de Gobierno (Bulgaria, Dinamarca, Eslovenia y Finlandia).
De los discursos a la calle
La falta de resultados de relieve de la gran iniciativa en política exterior del Ejecutivo de Zapatero llevó incluso al secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, a pedir al presidente del Gobierno un mayor esfuerzo para lograr que la Alianza pase de los discursos a la calle.
Ayer, excepto en la sesión de apertura, y a pesar de que España es el principal contribuyente al Foro, no se pudieron seguir los debates ni las ruedas de prensa con traducción al español. Sólo al francés, inglés, turco y árabe.

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