Feliciano Barrios ingresó en la Real Academia de la Historia
EFE Feliciano Barrios, leyendo su discurso de ingreso en la RAH
Feliciano Barrios Pintado ingresó anoche en la Real Academia de la Historia con un discurso en el que abordó el Gobierno de la Monarquía en la España de 1808, un estudio del que es consumado maestro. «España 1808. El Gobierno de la Monarquía» arranca con la primera abdicación de Carlos IV, el 19 de marzo de 1808 y, a partir de ahí pasa a describir la Administración vigente, las instituciones y su funcionamiento. Expuso el catedrático Feliciano Barrios que «la llegada de la Casa de Borbón al trono de España trajo consigo cambios trascendentales en la estructura jurídico-política de la Monarquía. El nuevo mapa geopolítico surgido de la Paz de Utrecht, y el cambio radical que supuso la aplicación de los Decretos de Nueva Planta para los Reinos de la Corona de Aragón vinieron a suponer, junto a los primeros pasos dados en lo que sería el despliegue del régimen ministerial, el marco de una época de transformaciones».
Uno de los órganos más potentes era el Consejo de Castilla que, en palabras de Barrios, «juega un papel importante en el levantamiento, porque es la institución que, en ausencia del Rey, ocupa un papel político, junto a la Junta de Gobierno que deja el infante Fernando VII». Y destaca cómo Godoy, el gran valido de Carlos IV, «no ocupaba ninguna presidencia de Consejo ni de Secretaría de Estado, pero su influencia era enorme y la ejercía colocando en los cargos importantes a hombres hechos a su medida». El nuevo académico sostuvo que ese Viejo Régimen necesitaba «una transformación en profundidad de su régimen administrativo, pedía a gritos esa reforma. Tras la Guerra de la Independencia, llegaría con la Constitución hecha por las Cortes de Cádiz». La Administración Central, las Secretarías de Estado y del Despacho constituyen el origen de una estructura administrativa que, basada en departamentos ministeriales, ha sobrevivido hasta el presente.
En su discurso de bienvenida a la RAH, José Antonio Escudero definió «esos inicios del XIX español como un paradigma de contradicciones o, según los latinos, como el acuerdo y la connivencia de lo discordante. Y es que nos encontramos con reyes que no quieren reinar, abdican, y luego abdican de haber abdicado; con validos que no resultan ciertamente demasiado válidos, y con un pueblo antifrancés regido por minorías intelectuales y políticas de afrancesados. Y ¿qué les sucedió a los españoles? Difícil es saberlo. Ortega diagnosticó que lo que nos pasó y nos pasa a los españoles es que no sabemos lo que nos pasa, y eso es lo que nos pasa».

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