Cuatro mujeres que dirigen la macroampliación del Metro relatan a ABC su día a día en un mundo tradicionalmente masculino. En Mintra, empresa encargada de construir el suburbano, el número de mujeres directivas ha pasado de dos a once en los últimos catorce años
Mujeres que mandan en el tajo
Llegaron a un mundo de hombres pero han conseguido, con muchas anécdotas por medio, hacerse un hueco y ser algunas de las ingenieras o arquitectas artífices de la ampliación de Metro. Eso sí, a la hora de la conciliación familiar hoy, Día Internacional de la Mujer, tienen los mismos problemas que cualquier otra mujer en otra profesión.
Mercedes Lera, que llevó parte de las obras del Metrosur o la prolongación de la línea 3, se ríe mientras recuerda sus comienzos y constata que «trabajando directamente en la obra no he visto a ninguna mujer, ni siquiera con máquinas». Eso sí, asegura que cada vez hay más, pero pocas en proporción y siempre en puestos técnicos.
Separada y con un niño, ve más dificultades para la conciliación sobre todo cuando el trabajo es de obra, con horarios extensos y con la necesidad de acudir por la noche si hay algún problema.
Tres problemas
Cuando Beatriz Osuna, arquitecta, llevaba algún tiempo en su primer trabajo de construcción sus compañeros le dijeron: «Tienes tres problemas: eres joven (ella tenía 26 y su inmediato superior 43), eres mujer y todos somos ingenieros de Caminos». Lo superó.
«Vives -dijo- en un contexto masculino y es verdad que me acostumbré a ser la única mujer en una reunión o en una comida. Lo del sexo también se nota en la obra porque, con gente cualificada el trato es idéntico, pero si bajas sola al tajo te pueden caer silbidos y piropos porque, algunas veces, no saben incluso quién eres».
Beatriz está casada con otro arquitecto y tiene dos niños pequeños. «Yo llevo a los niños al colegio, yo los recojo, aunque los dos estamos en situación similar. El problema es que me siento responsable y me cuesta delegar. Nosotras, las mujeres, lo asumimos».
El obligado casco, las grandes botas y el poco favorecedor chaleco reflectante los lleva la ingeniera Pilar Jiménez con alegría. «Siempre me ha gustado la obra. Yo lo que llevo fatal es la oficina y cuando no hay mas remedio me paso el rato levantándome porque estoy acostumbrada a moverme».
En los últimos años ha ido viendo más mujeres durante sus horas de trabajo e incluso matiza que en su segunda experiencia, en el tramo de Leganés de Metrosur, «en la dirección éramos todas mujeres y, la verdad, me noté mas acompañada, aunque también podía ser por que tenía más experiencia».
Casada y con un niño de un año ve complicada la conciliación familiar. «Retrasé la maternidad, tengo 39 años, porque no la veía compatible con este trabajo. Lo veía complicado y no me he equivocado, pero quería tener un hijo y todo es cuestión de acostumbrarse».
Este problema aún no lo tiene Nieves Nieto, ingeniera técnica de Obras Públicas, pero le llegará pronto. Embarazada de cinco meses, y de mellizos, sabe ya lo que le espera.
Mientras, considera que en cualquier reunión se siente igual a sus compañeros, aunque reconoce que los jefes tratan a las mujeres con mas cuidado, son más paternalistas. Está claro que todo cambia.En Mintra, empresa que construye el Metro, trabajan hoy 11 mujeres y hace 14 años, en la dirección general equivalente, solo había 2.

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