Martes, 17-02-09
CAYO Lara, el nuevo dirigente de Izquierda Unida, dice que si se ilegaliza a las organizaciones terroristas habría que pensar en hacer otro tanto con el Partido Popular por apoyar la intervención militar en Irak o por no condenar a Israel. Después hace una cerrada defensa de la dictadura castrista en Cuba con las habituales monsergas comunistas. El señor Cayo Lara ha llegado a la presidencia de IU a intentar disputar la izquierda radical a los socialistas. La agonía que los comunistas han sufrido bajo la dirección del -más que submarino- funcionario de sucursal del zapaterismo que es Llamazares ha dejado a IU hecha unos zorros.
Pero lo va a tener difícil Cayo Lara. Tendrá que tensar más la cuerda y la palabra. La empatía con los carceleros del régimen cubano, el entusiasmo mal disimulado por el milico izquierdista de Hugo Chávez o la agitación contra los ricos y los judíos de Wall Street e Israel son carteras que le ha robado a los comunistas Zapatero. Y que piensa quedarse. Ni la criminalización de la oposición democrática es ya original. Nada tan bonito como la exhortación del presidente del Gobierno a «limpiar de caciques los despachos» como antes «habían limpiado las playas del Prestige». Y debe deducirse que no se refería ni a Touriño, el gran mecenas con dinero ajeno, ni a toda la tropa de zascandiles tuneadores, decoradores y horteras que su partido y sus socios han instalado en todos los cacicatos en los que gobiernan. Por eso la escalada verbal tendrá que proseguir. Cayo Lara tendrá que esforzarse. ¿Adónde llegará? Quizá pronto haya de pedir la apertura de las checas para perseguir a banqueros, fascistas y quintacolumnistas. Y acciones de un tribunal especial contra los saboteadores. Además de llorar un poquitín contra la traición del Kerensky de León, a ver si le araña unos cuantos votos bolcheviques, renacidos en las próximas elecciones. O quizá proponga Cayo Lara viajes de ida hacia los alrededores de Madrid como los organizados antaño por el venerado santo laico de la izquierda española.
Zapatero no se lo va a poner fácil. El discurso del resentimiento es suyo. Y desde el poder cunde mucho más. Se es Gobierno de España y nacionalista antiespañol, Estado y movimiento antisistema simultáneamente. La intensidad de este discurso no puede sino aumentar cuando pasemos de la marejada a la mar arbolada hacia la que, con más obcecación que pulso firme, nos dirige el Gran Timonel. El sólido buque que decía capitanear tiene ya tantas vías de agua que deberá recurrir a retórica más dura -y a lo que sea, como suele decir- para intentar disuadir de motines a bordo. Cayo Lara lo tiene crudo para marcar la diferencia. Fíjense si no lo tendría fácil asumiendo la defensa de los cientos de puestos de trabajo en la industria aeroespacial que nos costará la angustiosa compra que hizo Zapatero de su inútil presencia en la pasada cumbre del G-20. Pero Cayo Lara quiere la batalla ideológica. Y ésa la tiene perdida. El capitán, hace un año aún el campeón de la sonrisa, tiene ya un rictus capaz de dar miedo a un legionario. Y una retórica que ningún totalitario comunista puede robarle.

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