Margaret Atwood: «Son tiempos duros, cuando más necesita el hombre la poesía»
Martes, 17-02-09
Es mediodía en Toronto y desde la pantalla de video Margaret Atwood, novelista, poeta, ensayista, desea que por aquí, por Madrid, por España, el tiempo sea más clemente, porque allí, en el corazón financiero de Canadá, «todo está lleno de hielo y de nieve».Atwood, último Premio Príncipe de Asturias de las Letras, presentaba ayer a través de una videoconferencia (las ciencias promocionales adelantan que es una barbaridad) su nuevo libro de poemas, «La puerta» (Ed. Bruguera), abanico muy representativo de su poderosa y universal voz lírica, preocupada por todo aquello que al ser humano nunca le es ajeno: los recuerdos, el paso del tiempo, el paisaje (y su deterioro), la política, la palabra que reflexiona sobre la propia poesía.
Atwood es mujer de verbo fácil, entiende más o menos el español, y habla un inglés que tintinea, con sus aires de brujilla buena y milagrera. Primero, se quita el sombrero ante quienes «en estos tiempos tan difíciles» se atreven a editar poesía, y recuerda cómo comenzó ella en el difícil gremio de la lírica, cuando era apenas una adolescente: «Eran poemas muy malos, aunque creo que con los años he conseguido que vayan mejorando» dice con humor (con magnífico humor). El tiempo, en su caso, se confirma como un buen y servicial aliado: «Cuando eres joven, no te puedes imaginar la vida que tienes por delante, pero a mi edad sí que recuerdo bien mi juventud. Así que ahora el lienzo es mucho más amplio».
Producción poéticaSu conocida obra narrativa tal vez haya dejado en la umbría su producción poética, aunque para ella sea parte imprescindible de su labor creativa. Poesía clara, humana, que entra por la piel. Poesía comprensible. «Sí -recalca Atwood-. Siempre me esfuerzo en que mi poesía sea comprensible, empezando por que sea comprensible para mí. La poesía es música y tiene que ser comprensible. Yo trabajo a conciencia mis poemas, trabajo cada sílaba, cada verso, porque es imprescindible que el ritmo fluya». Si un Nobel, Seamus Heaney, decía hace unos días en Madrid, que el gran poeta de hoy va a ser Obama, Margaret Atwood también le arrienda las ganancias a la poesía en estos días aciagos que vivimos: «En los tiempos duros es cuando el ser humano tiende más a meditar, y a apreciar el arte y, con ello, la poesía. La poesía es, sobre todo, emoción, y desde luego en estos momentos hay mucha tensión y presión emocional para todos».
Amante de Neruda, capaz de decir sin que nadie se lo tome a broma que «si viviese hoy en día Walt Whitman estaría bastante cerca de las posturas de Al Gore», el paso del tiempo le hace reflexionar sobre las tribulaciones de su especie, la humana «la única capaz de sentir nostalgia, de sentir miedo, de plantearse de dónde viene, aterrada mientras intenta anticipar el futuro. El paso del tiempo es una experiencia triste y con setenta años como yo el futuro es pequeño, pero el pasado es inmenso».
Resumiendo, y con electrizantes palabras de «La puerta»: «...y esto es la poesía: un cable de alto voltaje. / Es como si metieras un tenedor / en un enchufe. Así que no pienses que se trata sólo de flores. / Aunque en parte, se trata también de ellas». ¿Alto voltaje? Sin duda, el corazón y la poesía de Margaret Atwood echan chispas.

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