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Un cuento indio (y ríase de la crisis)
Slumdog millionaire
R. U., EE.UU. | 2008 | 120 minutos | Género_Drama | Director_Danny Boyle | Actores_Dev Patel, Freida Pinto, Anil Kapoor, Irrfan Khan, Madhur Mittal
Viernes, 13-02-09
Parte «Slumdog millionaire» de una idea insuperable, un hilo conductor capaz de pescar sin anzuelo ni cebo géneros e historias de lo más dispar, preparado para soportar cualquier digresión sin romperse nunca. Un chaval de los arrabales más míseros del planeta está a punto de ganar la versión india de «¿Quién quiere ser millonario?», en la que no falta ni el Carlos Sobera de turno, pero en versión maquiavélica. ¿Es Jamal un tramposo?, ¿le han pasado antes las respuestas?, ¿recibe ayuda exterior de algún modo?, ¿tiene suerte?
Arranca pues la película movida por la intriga; nadie se explica cómo un semianalfabeto criado, es un decir, en las chabolas de Bombay puede albergar los conocimientos necesarios para ganar una cantidad de dinero que en pocos lugares resultaría tan obscena. Está claro que el muchacho es cuando menos sospechoso. El interrogatorio policial permite profundizar además en una cuestión pocas veces abordada: ¿cómo sabemos lo que sabemos?, ¿de dónde procede la información que protegemos hasta del alzheimer más agresivo?, ¿quién llenó nuestro disco duro de fruta u hojarasca?
Pregunta a pregunta, el joven Jamal desgrana así dieciocho intensos años de recuerdos cargados de humor, de picaresca y de drama, pero sobre todo de drama. Porque si Bombay resulta fascinante, nunca deja de ser terrible. La espléndida fotografía del filme, por fortuna, no incurre en ninguno de los pecados capitales del turista, del preciosismo al regodeo más o menos disimulado en la pobreza del otro (aunque si en la India se han sentido parte de una exhibición pornográfica para espectadores del todavía primer mundo, no cabe negarles también ese derecho). La mirada de Danny Boyle tampoco parece esconder vestigios de colonialismo. Muy al contrario, intenta contaminarse y mancharse hasta donde es posible en una sociedad tan viva que cambia a ojos vista.
No menos importante es la reflexión subyacente sobre el valor del dinero, ya presente en «Millions», película anterior de Boyle en la que dos hermanos encontraban una bolsa llena de libras justo en los días previos a la hipotética muerte de la moneda esterlina. En ambos títulos hay un hermano materialista y otro soñador. En los dos la importancia de lo pecuniario no puede ser más volátil, en función de intereses de cada protagonista, lo que nos lleva al gran género en el que se zambulle sin complejos «Slumdog millionaire»: el cuento de hadas romántico, la historia de superación cuyo motor, para estar libre de emisiones, no puede ser otro que el corazón. Porque sólo un necio confunde amor y precio. Y aquí es donde aparece la preciosa Latika (Freida Pinto). La belleza inalcanzable de la princesa justifica con creces la fábula sin futuro en la que se embarca Jamal. Es también la guinda de un reparto soberbio. No se puede elegir con más acierto a los intérpretes, desde los niños a Dev Patel, el protagonista casi adulto, como tampoco es fácil salir de un cine más feliz, y no sólo por el subidón que proporciona el festival bollywoodiense de los títulos de crédito, homenaje y válvula de escape a la vez, explosión de alegría y, para desgracia de tantos, anuncio de la vuelta a la realidad.

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