Tras el éxito de «Los crímenes del número primo», la escritora vuelve a la carga con su personaje de la magistrada Lola MacHor en su nueva novela, «El expediente Canaima»
Reyes Calderón, otra vez juez y parte
la escritora Reyes Calderón posa junto a su anterior novela /EFE
Actualizado Jueves, 12-02-09 a las 09:37
Lola MacHor, jueza que no conoce el desaliento y que mete su dedo insobornable allá donde apestan las llagas de la corrupción y la injusticia, es uno de esos personajes llamados a ocupar un merecido primer plano en la narrativa policiaca española de las últimas temporadas. Hace poco más de un año, en compañía de su viejo amigo Juan Iturri, inspector de Interpol, se metía entre las centenarias paredes del navarro monasterio de Leyre para poner en orden y hacer la luz en “Los crímenes del número primo”, novela que los lectores devoraron: treinta y cinco mil ejemplares vendidos. Ahora, la incorruptible jueza cuelga los hábitos y se sumerge en las cloacas del poder y sus más sucios y retorcidos vericuetos con “El expediente Canaima”, de nuevo en compañía de Iturri, y hasta seguida de cerca por el mismísimo FBI.
Doctora en Economía y Filosofía, vicedecana primera de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Navarra, articulista, conferenciante, y madre de nueve hijos, Reyes Calderón es la que ha modelado a la jueza MacHor y la que nutre sus peripencias, andanzas y minuciosas investigaciones. Calderón, en compañía del también escritor Jorge Martínez Reverte, y de Carlos Lesmes, magistrado de lo contencioso administrativo de la Audiencia Nacional que ha asesorado a la autora, ha presentado su novela en Madrid.
Una vida de maticesReverte, creador de Gálvez, otro peculiar personaje de nuestra narrativa, destacó que la novela de Reyes Calderón “es una novela muy bien escrita, algo no tan frecuente en este género policiaco o de investigadores. Una obra rigurosamente documentada, dotada de una arquitectura narrativa perfecta, y una gran construcción de los personajes. Lo primero que ha de ser una novela es una buena novela, luego el género ya vendrá por añadidura”. Y en cuanto a género, Calderón lo tiene claro y, sobre todo, no lo tiene negro: “Nunca he hecho novela de género, y menos de género negro. A mí me gustan los matices, la vida está llena de matices”.
“El expediente Canaima” surgió tras una reunión del Consejo de Europa sobre lobbing, en la que se puso sobre el tapete el peligro de los poderes corruptos, corrupción que, como detalla Calderón “se extiende por la sociedad hasta llegar a su misma urdimbre para erosionar nuestras raíces y convertirnos en gigantes con pies de barro”. La primera pregunta que surge del magma de esta novela es inquietante: ¿puede la Justicia ser una autoridad independiente del poder? No hace falta ser el más astuto de los analistas para saber que, al menos en España, hoy por hoy surgen algo más que dudas razonables al respecto. “He querido reflejar cómo es la condición humana –continúa Calderón-, cómo nos situamos ante el bien y el mal, cómo cuando las cosas nos llevan al límite tenemos que rescatar nuestras condiciones morales. Pero no es cuestión de arrastrar al lector, sino de acompañarle, de ponerle en todas las posibles tesituras, porque mi trabajo como novelista no es juzgar, yo muestro, no demuestro”.
La perversión del sistema“En una u otra medida, todos somos poderosos, poseemos la capacidad de tomar decisiones que afectan a la vida de otras personas”, argumenta Reyes Calderón. “La democracia es un buen sistema de gobierno que puede enmascarar grandes ambiciones y hacerlas pasar por bien público. Cuando el poder de las ideas y las palabras es corto termina empleando la fuerza, y se convierte en opresión, en violencia que suelen pagar los más débiles: los pobres, las mujeres, los niños. Y cuando se usa la fuerza es que la autoridad ha fallado”. En este berenjenal, Lola MacHor es uno de esos seres humanos que no está dispuesto a contemplar cómo el mundo se deshace a sus pies, podrido y nauseabundo, sin hacer nada. O en palabras de Edmundo Burke que recoge Calderón: “Lo único necesario para que triunfe el mal en el mundo es que los hombres buenos no hagan nada”.
Calderón no critica tanto el sistema como su perversión, que la novelista ha detectado estudiando durante años los muchos casos de corrupción surgidos especialmente en los países del área mediterránea. Asegura también que la pasión es una de las columnas básicas de su narrativa, y prefiere no calificar su novela como “negra” ya que, dice, “el negro adelgaza la vida, llena de matices”. Al fin y al cabo, para Reyes Calderón, “escribir es mi pasión, mi sueño, mi cura contra el envejecimiento. Escribir es notar que mi corazón late en tu pecho, que mi sangre corre por tus venas que viajas conmigo”.

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