Miércoles, 04-02-09
M. C.
MADRID. La crisis comienza a desgastar el estado anímico en los despachos de las cúpulas gestoras de las entidades financieras. Ya se sabe que las penas con pan son menos, pero lo cierto es que ocurre lo mismo a la inversa. Ejemplo de ello es la presentación de la renuncia de Carlos Senent como director general de Cajasur.
Senent se incorporó a la élite directiva de la entidad hace sólo cuatro meses y con el objetivo de «atender los importantes retos del mercado y hacer frente a la creciente especialización del negocio: un nuevo modelo de gestión que sitúa al cliente en el centro de todas las decisiones de la caja», según reconoció entonces la propia entidad.
Discrepancias en altura
Sin embargo, parece que los retos de mercado se han tornado más duros de lo que pintaban para Cajasur, y Senent era partidario de firmar una cuenta de resultados muy diferente a la que se ha optado finalmente. Además, pretendía emprender una fuerte reestructuración del equipo directivo -en línea con el desplome económico y financiero- que ha resultado demasiado agresivo para el resto de ejecutivos.

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