«Lo de Magdalena Álvarez no es acento, sino malversación del idioma»
Publicado Lunes, 02-02-09 a las 06:17
-Nos brinda una nueva entrega de un empeño en el que no desfallece.
-Este libro es consecuencia de otro mío publicado hace dos años, «Hablar con corrección», que fue un éxito y figuró entre los más leídos. El destinatario de esa obra no era el pueblo en general, sino los responsables de que se hable bien, y la cátedra del idioma ya no está en la Universidad ni en el colegio, sino en los medios de comunicación, que se han convertido en mi principal preocupación. Hay muchos intrusos que están en ese mundo no por sus conocimientos, sino por su predicamento social, lo que supone un gran peligro.
-¿Tanta polución lingüística hay en nuestras públicas tribunas?
-En la prensa es otra cosa, pero en el mundo de la televisión y la radio se cometen errores por la inmediatez del discurso y la urgencia de salir al paso de la noticia. Esto se ve muy bien en los comentaristas deportivos, que, por cierto, no son los que peor tratan al lenguaje...
-¿En quiénes está pensando?
-Los tertulianos son los que habitualmente peor manejan el vocabulario, con sus neologismos y sus construcciones mostrencas.
-Como por ejemplo...
-El «posicionamiento». A veces, por evitar sintagmas y frases que se han convertido en tópicos, crean otros nuevos aún peores.
-Pese a todo ello, tenemos una lengua pujante con enorme futuro.
-Por eso resultan paradójicos, tristes y a la vez alarmantes estos inventos autonómicos que tienen como meta la exterminación del castellano en las aulas y en la calle. Es espantoso.
-Y seguramente inconcebible en cualquier otro país que no sea la España desquiciada de 2009.
-Lo que se está haciendo va contra la razón y la naturaleza de las cosas. Si por ley no se pudiera hablar más que el vascuence en las Provincias Vascongadas no se entendería nadie, porque no existe el vascuence, sino treinta o cuarenta dialectos de una lengua originaria que ha desaparecido.
-Al glosar lo que denomina «faltas de ortografía orales» (por ejemplo, la omisión de consonantes al hablar) me ha recordado al socialista José Blanco y sus «concetos».
-«Conceto» se decía en el siglo XVII. Uno puede encontrar en el Quijote ese tipo de construcciones: «preceto», «conceto»... Pero ya hemos evolucionado. ¿Cómo pronuncia el pueblo y cómo escriben los autores esa palabra desde el siglo XVIII? Concepto. Pues entonces diga usted «concepto».
-¿Qué tal se maneja Zapatero con el habla?
-Trata de hablar bien. ¿Lo consigue? No siempre. No es de los que peor hablan, pero otra cosa es que diga algo, porque hablar y decir son conceptos distintos.
-Procede que ahora opine sobre Rajoy.
-Está influenciado por sus orígenes gallegos y no termina las frases de forma adecuada, sino que deja a veces al interlocutor o destinatario del discurso que las concluya por su cuenta, librándose él de la responsabilidad de decirlo todo.
-¿Algún político se salva?
-A Jaime Mayor Oreja le he hecho seguimiento y tiene una competencia extraordinaria. Es una criatura lingüísticamente muy bien dotada.
-¿Lo de Magdalena Álvarez es cuestión de acento?
-En absoluto. No es un caso de acento el suyo, sino de malversación del idioma, porque comete una gran cantidad de solecismos. Los latinos llamaban solecismos a las barbaridades lingüísticas propias de los habitantes de la ciudad de Soli, que tenían fama de hablar pésimamente. El término remite a todo aquel hablante que ni siquiera es capaz de construir la frase de manera organizada y hace polvo la sintaxis con su balbuceo y su inseguridad. Lo que se corresponde con la naturaleza lingüística de la criatura que usted ha mencionado.

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