El ex ministro repite al frente de la candidatura de su partido en plena crisis, nacional e interna, e insiste en que el reto de todos los dirigentes populares en los próximos cinco meses será «devolver la esperanza a sus deiz millones de votantes»
Domingo, 18-01-09
Jaime Mayor Oreja (San Sebastián, 1951), confirmado al fin por Rajoy como cabeza de lista de su partido para las elecciones europeas del próximo mes de junio, vuelve a ponerse en campaña en plena crisis económica, nacional y de partido. Empezó con UCD hace 31 años, en plena Transición, luego dio la cara por la unidad del centro derecha, participó en la refundación del PP, alcanzó la cima del poder como ministro del Interior con Aznar y cuando era el político más popular se jugó la carrera política en el País Vasco en el empeño de poner fin al régimen nacionalista. Después de pasar por la segunda división autonómica fue llamado a encabezar las listas del Partido Popular en el peor momento de su historia, en plena depresión por la inesperada derrota de 2004, la marcada por el 11-M. Salvó el honor al perder por la mínima, por 24 frente a 25 escaños. En la Eurocámara, entre Bruselas y Estrasburgo, se ha hecho un nombre en la derecha europea, que le ha puesto al frente de la estrategia, el programa electoral para los comicios y la renovación de sus ideas.
Mayor Oreja vuelve a dar la cara con su clásico discurso de defensa de los principios y el aviso previo de que el PP no debe dejar de mirarse al ombligo para centrarse en dar respuesta a una sociedad inmersa en una crisis general, económica y de valores.
-¿Se la juega Rajoy con usted al frente en las elecciones europeas de junio?
-Aquí sólo hay un nombre y un apellido, que es la crisis y es España, todo lo demás son cuestiones menores. Las elecciones europeas, como las autonómicas vascas y las gallegas del 1 de marzo, son claves para tener alguna esperanza en salir de esta situación o no. Pero somos candidatos para la crisis, para resolverla. La cuestión es cómo rectificar la mala dirección en que va España. Por eso nos la jugamos todos y en todas las elecciones.
-¿En estos pasados meses de espera para saber si era candidato, ha tenido la tentación de pasar página, de dejar la política?
-Cuando uno tiene ya una trayectoria larga en la política como es mi caso siempre puede pensar que ya ha aportado todo lo que tiene que aportar. Pero si queremos cambiar las cosas hay que estar dentro de un partido, de unas listas y en la política activa. Mi determinación ha sido y es seguir.
-Su anterior reto, las europeas de 2004, casi pasaron desapercibidas, mientras que ahora parecen decisivas para casi todo, hasta para el futuro de su partido.
-Entonces los españoles estábamos ante el impulso de lo que yo llamaba la «segunda transición», ahora estamos en la irrupción de la gran chapuza nacional que alcanza a todos los terrenos de nuestro ordenamiento interno y nuestra proyección exterior, como siempre ocurre en la historia de España cuando se hacen experimentos raros, cuando se quiere hacer una nación irreconocible para la anterior.
-Se refiere a la mutación del orden constitucional, a la recesión...
-La crisis tiene distintas caras, la económica, la financiera y también la moral y la de valores, una crisis nacional en suma. Compartimos con otros países europeos algunas caras de esa crisis, pero tenemos una muy propia, que es la nacional, solapada y escondida por la crisis económica que afecta ya muy directamente a millones de españoles. Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, nos hemos endeudado excesivamente, nos hemos hipotecado exageradamente y en nuestras vidas personales no nos conformamos con lo que tenemos. Y, además, tenemos una crisis en términos morales.
-¿Influye el desarrollo de un Estado tan caro como el de las Autonomías que no deja de crecer y que igual no podemos pagar?
-Nuestra crisis nacional deriva más de las tensiones nacionalistas, pero también influye el hecho de que nos hemos dotado de unas estructuras políticas que están por encima de nuestras posibilidades, con un excesivo gasto público. Pero nuestro problema fundamental no es ese, sino la falta de convicción y de creencia en un proyecto de nación, la confianza en que España es una gran nación. Eso hace que nuestros adversarios se crezcan.
-¿Qué puede hacer su partido para defender esas ideas?
-España ve que los valores de la Transición están agotados o amortizados, no por el tiempo, sino por esa «segunda transición» que deriva en la chapuza en que hoy estamos y lo que hace falta es una alternativa que devuelva la esperanza.
-¿No es hoy el PP esa alternativa?
-El PP es la única alternativa. A unos les puede gustar más o menos, pero no es lo mismo una bisagra que una alternativa. Con todos los errores, dificultades y limitaciones de todos nosotros, la alternativa al socialismo en España viene del centro derecha y hoy es el PP.
-¿Qué le encargó Rajoy al confirmarle el mes pasado que repetiría al frente de la lista europea?
-Únicamente me reiteró que ya había tomado la decisión y sólo me preguntó por mi disposición personal, por mi voluntad de sacrificio y de esfuerzo en lo que significa el proyecto del PP. Y dije que sí.
-¿El hecho de que su continuidad haya tenido un apoyo unánime en el partido sirve para cerrar heridas o disipar dudas en el seno del PP?
-En las circunstancias que vive España yo miro poco hacia nuestro ombligo. El PP no debe pecar de ombliguismo, sólo tiene que pensar en lo que ocurre en la sociedad española, que está metida en una crisis cuya faz es irreconocible, que no sabemos hasta dónde va a llegar. No tenemos derecho a mirarnos excesivamente a nosotros mismos. Lo que me angustia es que hay desmotivación, pesimismo y desfondamiento en muchos millones de españoles y muy especialmente en los ciudadanos que han tenido más capacidad de iniciativa, la parte más activa de la sociedad, aquella que ha emprendido una pequeña empresa, que ha asumido riesgos y que ahora padece brutalmente la crisis. Y lo mismo ocurre con aquellas personas que tienen convicciones y valores. Tenemos que pensar en esos millones de españoles, que son los del PP, y no tanto en los dirigentes del PP. Los responsables políticos no padecemos la crisis como esa parte activa de la sociedad española y no tenemos derecho a concentrar nuestra acción en nosotros mismos.
-¿Les desmoraliza que la recesión, siempre según las encuestas, desgaste poco al Gobierno y beneficie todavía menos al PP como alternativa?
-A mí lo que me hace es plantearme qué tengo que hacer yo para que, ante esta situación, este Gobierno dure lo menos posible.
-¿Dónde radica el problema, en la habilidad de Zapatero para la propaganda o en la torpeza de la oposición?
-Lo que hay que hacer es trabajar más y mejor, unidos y con cohesión.
-¿Para eso servirá la campaña?
-Es un poco prematuro hablar de la campaña, pero es evidente que somos candidatos para profundizar en la explicación de la crisis y para dar soluciones a la misma, que no sólo es económica -insisto- también tiene una dimensión moral de primera magnitud. En Europa se ha roto el equilibrio entre el bienestar y el esfuerzo. Nos tenemos que olvidar de la cultura del mínimo esfuerzo, que es como se ha hecho Europa en los últimos años. Esa actitud política será correspondida por muchos millones de europeos que también saben que sus vidas ya son distintas y que toca hacerse a la idea del mayor esfuerzo. Llega una época diferente en la que podemos ser igual de felices pero con más trabajo, más esfuerzo y más austeridad.
-Pero los españoles somos los campeones europeos del paro, sin que tampoco parezca que eso empañe la imagen de quien prometió el pleno empleo en las últimas elecciones...
-Es que en España hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y no se dijo a tiempo la razón de lo que iba a sucedernos. Vivíamos en el «efecto soufflé», por encima de lo que realmente somos; éramos una nación inmersa en el concepto de los nuevos ricos. Entre eso y que la especulación prevalecía sobre la economía de verdad, hemos llegado a donde estamos.
-¿Es Rosa Díez su principal obstáculo electoral?
-No. A mí me importan los votantes del PP, las personas que se caracterizan por sus principios y por ser más activas. Me preocupa su desánimo. Nosotros mismos somos nuestros adversarios, lo que hace falta es apreciar y valorar realmente a los millones de votantes del PP. Además, en la medida en que lo hagamos, avanzaremos en otros espacios. Es la tarea esencial.
-María San Gil ha empezado a colaborar con José María Aznar en Faes. ¿Le gustaría que estuviera en su lista europea?
-Me gustaría que tuviera todo lo que se merece en la vida. Es una mujer admirable y le deseo siempre lo mejor de lo mejor. María ha decidido hacer un paréntesis político que los demás tenemos que saber respetar. Lo demás, hoy por hoy, no tiene nada que ver con la realidad.
-¿Tiene margen para hacer equipo en esa lista?
-La candidatura no la hago yo, aunque daré mi opinión. Pero tengo la obsesión de que las listas europeas, y después los gobiernos de las instituciones europeas, deben favorecer urgentemente la necesidad de la idea de «equipo político». Y la actual delegación española ha sido un buen equipo, aunque todo es mejorable.
-¿Tiene ideas del perfil o los nombres de quienes le acompañarán en esa candidatura?
-Reitero que todo eso es un asunto menor si estamos de acuerdo y somos coherentes con la gravedad de la situación en que vivimos en España y en toda Europa. Nunca ha habido tanta incertidumbre sobre nuestro futuro. Yo lo que trato es de potenciar las convicciones propias. Esta no es cualquier crisis, es la crisis, y no sólo es económica. Cuando se habla de que lo primero es recuperar la confianza en la economía, lo primero que hay que recordar que es hay que recuperar la confianza en uno mismo. Sólo se afrontará de verdad la crisis con un rotundo cambio de actitudes personales. Que esté en una candidatura fulano o mengano no es decisivo, empezando por mí mismo.
-Decía José María Aznar la semana pasada desde Uruguay que hay mucha gente que le pide que vuelva.
-Desde la derrota de marzo no hago más que repetir que todas las personas de peso son esenciales para el futuro del centro derecha español, todos: Aznar, Rato, Aguirre, Ruiz-Gallardón, Camps, Arenas...Todos los que jugamos un papel determinante en los gobiernos del Partido Popular lo que tenemos que hacer es entender la magnitud de la crisis que vive la sociedad española y colaborar en la medida de lo posible para poner remedio.
-¿Es la renovación del PP acometida en su congreso de Valencia lo que también se somete a examen en las próximas selecciones autonómicas y europeas?
-Insisto en que lo planteo como una reválida para ver si hay una esperanza en afrontar la crisis que vivimos, no como un examen personal de nadie ni de ningún congreso. Lo que está en juego es que en junio, los resultados diversos, nos dejen una muestra de que hemos recuperado un grado de ilusión entre los ciudadanos. Se trata de los más de diez millones de españoles que nos votan. Luego tendremos que ampliar esa confianza, pero en estos cinco meses tenemos que ver si cuaja la idea de que ya es la hora de la alternativa.
-¿Se atreve a dar cifras del número de eurodiputados a que aspira?
-Lo importante es que al día siguiente de las elecciones gane la ilusión entre esos millones de españoles a los que nos dirigimos y que pierda la derrota y el desánimo. Ese será el termómetro y eso quiere decir ganar, que se imponga el abc de la democracia según el cual en estas circunstancias una alternativa de gobierno debe ser ganadora.
-¿Es consciente de que su posible derrota abriría una profunda crisis en su partido, con el presidente a la cabeza?
-No se me ha ocurrido pensar en ello ni por casualidad. Insisto, tenemos y podemos devolver la esperanza a más de diez millones de españoles.

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