Sábado, 10-01-09
Bien, parece que no hay que exagerar... Si se piensa que la candidatura a las elecciones europeas de Jaime Mayor Oreja es una cesión de la dirección del partido al sector crítico del mismo, resulta que se exagera, que se trata de una grandísima operación de unidad y de la elección de la mejor opción de los populares.
El que no se consuela es porque no quiere. Si, después de haber insistido tanto en el alto porcentaje conseguido en el Congreso de Valencia y en la tranquilidad interna reinante, no es una cesión colocar en el primer lugar de la lista, por aquello de la unidad, a quien les ha venido zahiriendo con la murga de los valores y los principios, es que, en ese partido, no hay cesión posible. Quizá sea todo, sencillamente, confuso y, a la postre, el PP renovado -«yo sé lo que tengo que hacer»- descubre que su mejor candidato es el que sabía que María San Gil tenía razón y razones para dar su portazo. Y eso sin exagerar.
En cuanto se supo la designación de Mayor Oreja (sería exagerado decir que el candidato rompió su silencio y se lo adelantó a Esperanza Aguirre, que lo anunció previamente), se conoció el fichaje de María San Gil por la Fundación que preside José María Aznar. Si se especula con que se trata de una nueva «lección» a Rajoy se exagera, naturalmente, porque el presidente del PP asegura que hubiese hecho lo mismo y su secretaria general afirma que la ex presidenta del partido en el País Vasco nunca ha estado «fuera de los postulados del PP» que, a estas alturas, deben ser desconfiar de Rajoy, pensar que el partido ha girado al relativismo y no asistir al congreso en el que se elegía a su sucesor. Así que no exageremos.
Los que quizá han exagerado hasta ahora son los nuevos dirigentes del PP con tanto lío sobre la deslealtad de Esperanza Aguirre, la voracidad con Caja Madrid y otras aventuras que, para no exagerar, me reservo. Hasta ahora, porque ya no exagera nadie en la calle Génova. Ahora Aguirre no es un verso suelto ni nada parecido, el partido no tiene nada que decir en el asunto de la Caja, etc. Estoy por oír a la señora Cospedal que, si ella fuese presidenta del Gobierno de Madrid, también habría propuesto a Ángel Acebes y a la cuñada de su adjunto como consejeros de Cibeles, propiedad de Caja Madrid. En las últimas semanas se ha premiado a todos cuantos han venido financiando a los que, más allá de la crítica política, han considerado que el insulto a Rajoy y a sus más próximos era una opción de principios y valores contrastados. Pero tranquilos todos, nada de malintencionados excesos, se trata de demostrar que el partido tiene capacidad de asimilar, de integrar y de cambiarlo todo para que nada cambie.
San Gil, Aznar y Rajoy
Volvamos a lo de San Gil. La cuestión no es, en esta maraña, si Rajoy, hipotético presidente de FAES, la hubiera fichado. Ya intentó retenerla en el partido. La cuestión es si la ex presidenta de los populares vascos hubiese aceptado como ha hecho ahora con la oferta de José María Aznar, que es lo que aporta un cariz de confrontación en estos movimientos. Hasta ahora, unos decían que el partido había modificado sus principios como resultado de una acomplejada deriva ente el PSOE y los acusados respondían que los acusadores eran gente del partido, orgullosos de pertenecer a él y todos contentos. Unos apuntaban una suerte de fatal falta de liderazgo y los tratados de incapaces decían que los acusadores eran líderes contrastados, valores sempiternos del PP.
Unos daban a los dirigentes con la puerta en las narices y los noqueados respondían que el PP estaría siempre donde estuviesen los que habían quedado al otro lado de la puerta. Tanta amabilidad con el enemigo tenía que llevar a que los orgullosos de pertenecer al PP, líderes contrastados y habilidosos con las puertas ocuparan antes o después, sin ninguna discusión, como parte de un proceso natural, los lugares de cabeza en las listas y en los organismos partidarios. Es verdad, no es momento para exagerar.
No lo es aunque, a estas alturas, las próximas elecciones europeas, que suelen ser un examen al Gobierno más que una opción continental, no vayan a serlo. Se han convertido en una evaluación de la oposición o, más bien, en una exploración del papel y de la suerte de los que, en el PP, perdieron el Congreso de Valencia. No caben las exageraciones: es un partido excesivo.

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