Van Rompuy, el hombre discreto que fue primer ministro de Bélgica a su pesar
El nuevo primer ministro de Bélgica, Herman Van Rompuy, hasta ahora presidente de la Cámara de los Diputados. (Foto: EFE)
Publicado Martes, 30-12-08 a las 18:55
El democristiano flamenco Herman Van Rompuy, del que todos destacan su discreción y su sentido del deber, es, a su pesar, el nuevo primer ministro de Bélgica. Quince años después de que le propusiesen por primera vez liderar el Gobierno, la historia se repite, pero en esta ocasión se ha visto obligado a ceder ante la insistencia de su partido, el CD&V, que necesitaba desesperadamente una salida a la crisis política.
Este veterano estadista de centro-derecha ejercía desde junio de 2007 como presidente de la Cámara de los Diputados, cargo que ahora recaerá sobre el ministro del Interior saliente, el liberal flamenco Patrick Dewael. En lo que va de calvario político desde la dimisión en pleno del Ejecutivo el pasado día 19, Van Rompuy había negado en varias ocasiones que optase a encabezar la nueva formación y que tuviese algún interés en hacerlo.
"Me siento todo menos indispensable", ha sido una de sus frases célebres estos días. En una entrevista concedida a la televisión pública flamenca VRT, Van Rompuy se mostró tajante al asegurar que no quiso sustituir a Jean-Luc Dehaene, en 1994, y añadió: "quince años más tarde, no he cambiado de opinión".
Tanto es así, que cuando el rey le encargó el pasado domingo que formase Gobierno la noticia sorprendió a su propio hermano, el diputado Eric Van Rompuy, que escribió entusiasmado en su espacio de Internet: "Es una nueva oportunidad inesperada para este país.
Un hombre discreto, inteligente y con capacidad de consensoLa prudencia y discreción de este político, que firma sus mensajes con una simple hache y del que se dice que es austero, católico, conservador e inteligente, son muy apreciadas en el Palacio Real. Alberto II ya confió en él en septiembre de 2007 -tras la segunda dimisión como "formador" de Gobierno del democristiano Yves Leterme- para que sondease las opciones reales de que los partidos ganadores de los comicios de junio pudieran alcanzar un acuerdo.
Su capacidad de consenso ha sido alabada por los medios y desde la oposición confían en que sirva para reconducir el malogrado rumbo del país tras las crisis económica y política. Sin embargo, Van Rompuy no se esconde y, como buen flamenco, si le preguntan por el distrito electoral Bruselas-Halle-Vilvoorde (BHV) -que disfruta de un marco legal especial que protege el uso del francés- responde alto y claro que las llamadas "facilidades lingüísticas" en parte de Flandes deberían ser suprimidas.
Van Rompuy presidió el CVP -que precedió al actual CD&V- de 1988 a 1993, puesto que abandonó para formar parte del Gobierno de Jean-Luc Dehaene, en el que sería durante dos legislaturas viceprimer ministro y titular del Presupuesto (hasta 1999, cuando el CVP pasó a la oposición después de medio siglo en el poder). Nacido en el barrio bruselense de Etterbeek, el 31 de octubre de 1947, Van Rompuy estudió Economía en la Universidad Católica de Lovaina y se casó con Geertrui Windels, con la que tuvo cuatro hijos (Peter, Laura, Elke y Thomas).
La crisis política desatada por la dimisión en pleno del Gobierno que dirigía el también democristiano Leterme le ha dado la oportunidad que nunca buscó y le ha obligado a salir de la cómoda "segunda fila" política a la que tanto se aferraba. Leterme y sus colaboradores más cercanos fueron acusados de presionar a los jueces que debían decidir sobre el proceso de venta de parte de Fortis, la principal entidad financiera del país, al banco francés BNP Paribas, lo que motivo la renuncia del ministro de Justicia, Jo Vandeurzen, primero y del resto del Gobierno después.
Bélgica ha vivido durante once días pendiente de la evolución de la crisis y ahora recibe con agrado la llegada de este "salvador" que, si todo va bien, permanecerá en el cargo hasta agotar la legislatura, en 2011.

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