El día 30 será homenajeado en Las Palmas como reconocimiento a su fértil trayectoria, en la que ha logrado que la pequeña guitarra popular de Canarias, el timple, salga de las tabernas y entre en las salas de música sinfónica
Totoyo Millares: «Gracias al timple, Ava Gardner me recibió en salto de cama»
Actualizado Martes, 23-12-08 a las 09:50
-La Fundación Auditorio le está preparando un concierto-homenaje más que merecido y de mucho lustre.
-Estoy ilusionado, aunque un tanto nervioso, por la responsabilidad que supone presentarse en el Auditorio Alfredo Kraus con cien músicos de todas partes: de Portugal, de la península y por supuesto de Canarias. Pero lo afronto con entusiasmo. ¡Soy un viejo joven!
-¿Es el timple el alma de los canarios?
-Es el instrumento más representativo de Canarias y una de sus señas de identidad. A través de él se expresan todos los sentimientos de este pueblo. Cuando he viajado a Argentina o Brasil y he tocado allí el timple, los canarios que emigraron se emocionan, es como tocarles su fibra más íntima.
-Lo ha rescatado de su modestia popular.
-¡Dicen que yo he sacado el timple de las tabernas como hizo Andrés Segovia con la guitarra! Antes se asociaba a juergas y borracheras, y logré que llegara a la categoría de instrumento de concierto.
-¿Lo ve consolidado y con futuro?
-Por mí han pasado más de 48.000 alumnos, así que está más que consolidado.
-¿Cuándo se enamoró de él?
-De pequeñito. Había un guardia municipal que de noche se paseaba por la playa de Las Canteras, que entonces era una barriada degradada y un barrizal, y tocaba el timple. Oyéndolo, me fue calando... ¡Yo quería uno para mí y no paré hasta que me lo pude comprar por quince pesetas! Después, empecé a puntearlo, algo que nunca se había hecho antes. Así fui desarrollando el instrumento hasta que terminé tocándolo en un concierto con la Orquesta Sinfónica de Las Palmas. Y ahora, por fin, el timple va a entrar en el Conservatorio como asignatura. ¡Eso culmina mi sueño!
-Cuéntenos qué hacía un modesto tañedor de timple en el yate de Onassis.
-Estas cosas surgían porque Canarias es un puente entre tres continentes, Europa, África y América, y muchas celebridades y artistas de cine pasaban por aquí. El presidente del Cabildo tenía la costumbre de regalar un timple a los visitantes ilustres como recuerdo, y entonces a mí me llamaban para que les tocara unas piezas y les explicara la historia del instrumento.
-Qué privilegio lo de poder fisgar a bordo del «Christina»...
-¡Te puedes imaginar! Yo entonces tenía sólo diecisiete años, y Onassis estaba sentado allí, mirándome, con aquellas gafas de culo de botella. Y a su lado, María Callas. También recuerdo a Sir Winston Churchill, coloradito como una manzana. Parecía un señor que bebía mucho whisky...
-¿Era simpático el magnate griego?
-Educado, pero frío.
-La Callas, toda una diva, supongo...
-Un encanto de persona. Aunque se notaba que era una mujer de carácter, porque cuando le dirigía la palabra a Onassis se ponía muy seria.
-Se dice que Gregory Peck le cayó gordo.
-Estuvo en Canarias rodando «Moby Dick» y fui su maestro de timple durante una semana. Era engreído y soberbio.

-¡No me lo desmitifique!
-La víspera de marcharse, celebró el final del rodaje tirando un piano de cola que había en su suite por la ventana. Cuando llegué al hotel Santa Catalina, donde se alojaba, encontré a uno de los empleados recogiendo los trozos...
-También conoció a Paul Newman.
-¡Qué simpático y abierto! Estaba familiarizado con ese tipo de instrumento porque él tocaba el banjo muy bien, y enseguida le arrancó unas notas al timple. Le enseñé a tocar una pequeña polca.
-¿Y Ava Gardner?
-Gracias a mi música me enviaron a su suite. ¡Eso sí que dio envidia a mis amigos! Me recibió en salto de cama.
-¿Cómo?
-En salto de cama. Me quedé como un bobo, mirándola. ¡Qué belleza, con aquellos ojos y ese hoyito en la barbilla!

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