A Ana María Matute, Carmen Iglesias y Margarita Salas se les ha unido en la Real Academia Española una filóloga. Fue en tercera votación. Nacida en Madrid en 1961, ocupará el sillón «P», vacante desde la muerte del poeta Ángel González.
Inés Fernández-Ordóñez (Madrid, 1961), catedrática de Lengua Española de la Universidad Autónoma de Madrid, fue elegida anoche, en tercera votación, académica de la RAE. Le corresponde el sillón «P», que ocupaba el poeta Ángel González. Ana María Matute, Carmen Iglesias y Margarita Salas no serán, pues, las únicas académicas. La candidatura de Fernández-Ordóñez era la única que se presentó para cubrir la vacante de Ángel González y había sido propuesta por José Antonio Pascual, Margarita Salas y Álvaro Pombo. José Manuel Blecua, que dio a conocer los resultados de la votación, dijo que esta elección «es una buena noticia». Para José Antonio Pascual, con esta incorporación «se abre una puerta hacia la modernidad». Margarita Salas dejó claro que Fernández-Ordóñez no fue propuesta como académica por ser mujer, sino porque la RAE «busca la excelencia».
-¿Es machista la RAE?
-Bueno... Un poco sí. La proporción de mujeres académicas no está de acuerdo con el papel que representa la mujer ni en la universidad ni en el mundo de la cultura. Pero también hay que tener en cuenta que uno accede a la Academia al final de una larga trayectoria profesional, y que en la Universidad, por ejemplo, sólo hay un 15 por ciento de mujeres catedráticas.
-Y esta situación, ¿a qué se debe, en su opinión?
-Bueno, parece que las mujeres somos menos competitivas, y que en general nos dedicamos más a cuidar de la familia que los hombres. En otros países de Europa o en Canadá, por ejemplo, las mujeres pueden decir: «He estado estos dos años cuidando de mis hijos y no quiero que se me computen a efectos de becas, currículum, etc». Pero en España no existen este tipo de consideraciones. Por otra parte, yo no creo en las cuotas rígidas. En el Decanato de mi Universidad, por ejemplo, hay más vicedecanas que vicedecanos: en este caso, la cuota no serviría de nada o iría en detrimento de las mujeres.
-Usted tiene dos hijas.
-En efecto. En mi curriculum hay dos o tres años en los que no aparece ninguna publicación. En el acceso a la cátedra, los miembros del tribunal me preguntaron que cuál era la causa. Y yo les dije que en esos años había tenido dos publicaciones muy notables que se llaman Laura y Julia, y que es una lástima que uno no pueda poner en el currículum la foto de sus hijos.
-¿Cree usted que las mujeres tienen una relación diferente con el lenguaje que los hombres?
-Existen indudablemente diferencias biológicas, que están bien estudiadas y documentadas. Está claro, por ejemplo, que las mujeres tenemos una competencia lingüística mayor que los hombres. Hablamos más rápido, hablamos más. Las niñas adquieren la lectoescritura antes que los niños. Parece evidente que las mujeres tenemos una cierta ventaja en el desarrollo de las capacidades lingüísticas. Esto también se ve en la sociolingüística. Las mujeres somos más sensibles que los hombres al valor asociado que tienen las distintas formas de hablar. Sabemos «comportarnos mejor» con el lenguaje. Tenemos más olfato para detectar qué es lo que se considera socialmente aceptable desde el punto de vista lingüístico. Por esa misma razón, las mujeres están con frecuencia a la cabeza de los cambios lingüísticos: porque tienen mayor olfato para detectar qué es más prestigioso dentro de una comunidad lingüística. Claro que esto sucede sobre todo en los entornos urbanos.
-¿Y no en los rurales?
-Pues no, parece que no. La razón puede ser que en el medio urbano las mujeres son más móviles que los hombres. El hombre generalmente va de casa al trabajo, mientras que la mujer tiene que hablar con los profesores, con los médicos, hacer la compra. De este modo desarrolla una habilidad más acentuada para detectar el valor asociado a la variación lingüística. Hay que tener en cuenta que la mujer suele ser además la encargada de transmitir la educación y las normas lingüísticas en la familia: «se pide «por favor», se dice «gracias»».
-¿Qué opina sobre la situación del español en las Comunidades bilingües? ¿Está el español marginado o «amenazado» en estas Comunidades?
-El español como lengua de comunicación, como lengua oral, no tiene problemas y no sufre ningún peligro. Sin embargo, me parece muy importante diferenciar entre la lengua oral y la lengua estándar. La lengua oral no se enseña en el colegio. Al fin y al cabo, es nuestra lengua nativa. Pero lo que sí se enseña en el colegio es la lengua estándar, la lengua de la cultura escrita, que sí que es necesario aprender en el colegio a lo largo de muchos años. En este sentido, en las Comunidades donde hay dos lenguas oficiales no se garantiza el bilingüismo, porque no se garantiza que los niños puedan adquirir competencia en el español estándar. No cabe duda de que el bilingüismo es una gran riqueza, pero ha de serlo también en la cultura escrita, no sólo en lo oral.
-¿Qué proyectos de la RAE le parecen más útiles o interesantes?
-Todos los proyectos son útiles. Es más, son magníficos: la Gramática, el Diccionario, el Diccionario Histórico, que es la gran cuestión pendiente de la filología española... Creo que la RAE tiene mucho que ofrecer a la sociedad. No olvide que se realizan 700.000 consultas diarias al Diccionario de la RAE. Existen además recursos de uso general como CORDE o CREA. Sería deseable que se incrementaran este tipo de recursos, y también que la RAE se implicara en la edición crítica de los clásicos de la literatura, creando una serie de ediciones canónicas de las grandes obras y de los grandes autores.

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