Domingo, 07-12-08
MARÍA JOSÉ MUÑOZ
TOLEDO. A pesar del frío que hacía en Cuenca el 2 de noviembre de 1983, grupos de gente se arremolinaban en la calle ante los escaparates de algunas tiendas de electrodomésticos. TVE, la única televisión de entonces, emitía un curioso debate en el que dos políticos, uno conquense y otro toledano, intentaban convencer al público de que su ciudad era merecedora de ser declarada capital de Castilla-La Mancha, una joven comunidad autónoma que, por no tener, ni tenía establecido aún el nombre de su ciudad referente en su propio territorio.
Los dos protagonistas eran Pedro Saugar e Isidro del Río, entonces presidentes de las Diputaciones de Cuenca y de Toledo, respectivamente, y ambos de AP, siglas que formaban coalición con el Partido Democrático Popular (PDP) y Unión Liberal (UL) y que en las Cortes de Castilla-La Mancha contaban con 21 escaños, frente a los 23 del PSOE. El presidente de la región era José Bono, que sólo llevaba 7 meses en el cargo.
Los mismos que llevaba al frente del Ayuntamiento de Toledo su primer alcalde socialista, Joaquín Sánchez Garrido, quien recuerda que «en la toma de decisión de la capitalidad recuerdo que hubo una apuesta ciudadana muy fuerte por parte de Cuenca; los ciudadanos hicieron una apuesta masiva y muy bien hecha, resaltando las virtudes de su ciudad desde el punto de vista histórico y sobre todo reivindicaban que ser la capital sería muy importante para la economía de Cuenca y la provincia».
¿Y los toledanos, de qué forma asistieron a esta polémica; tan motivados quizá como los conquenses? La respuesta de Sánchez Garrido lo dice todo: «Recuerdo que en aquella época estuve muy solo, la ciudadanía no dio ni un solo paso -en honor a la verdad- y dejaron el tema en manos de los que teníamos alguna responsabilidad. Cuenca lo hizo muy bien, hasta elaboraron estudios socio-económicos. Nosotros no hicimos nada, no sé si porque estábamos muy confiados en que Toledo tenía que ser la capital o porque el carácter del toledano no nos lleva a hacer esas manifestaciones».
Este movimiento ciudadano al que se refiere Sánchez Garrido, y que nació en Cuenca de la mano de los dos partidos mayoritarios, marchó por las calles al grito de «Hasta aquí hemos llegado», y en ellas pudo verse y oírse en clave reivindicativa al entonces diputado nacional por Cuenca y actual subsecretario del Ministerio de Interior, Justo Zambrana. «Este señor se lanzó a la calle con todos nosotros y con toda la ciudadanía. En su corazoncito tenía a Cuenca, pero las consignas políticas son lo que son y, al final, sus compañeros diputados conquenses del PSOE votaron a favor de Toledo. Los diputados de AP de Cuenca fueron los únicos coherentes votando en contra», recuerda Saugar con resignación.
En aquellos meses posteriores a las elecciones autonómicas y municipales de mayo de 1983, España se encontraba en pleno proceso de articulación de las autonomías y vertebración regional, lo que precisaba de la creación y ubicación de las instituciones más importantes de la vida política, desde la capitalidad al Parlamento, pasando por la Universidad y la propia estructura de sedes de la Junta de Comunidades.
«Lógicamente -argumenta Saugar- surgió la avidez de cada una de las cinco provincias, y la pregunta «¿me tocará algo a mi?», todo ello en legítima aspiración».
En esa lucha de la capitalidad había dos ciudades que desde un principio destacaron, Toledo y Cuenca. En esta última «se desplegó toda una apasionada estrategia reivindicativa, pero pienso que, de algún modo, estaba todo previsto a favor de Toledo. La mayor fuerza política del país, el PSOE, quiso que la capital fuera Toledo», explica Pedro Saugar, ya retirado de la política y que en las dos legislaturas siguientes fue vicepresidente del Parlamento de Castilla-La Mancha.
Además de Cuenca y Toledo, comenzó a hablarse de Alcázar de San Juan como otra posible candidata, a lo que contribuyó su situación estratégica en el centro geométrico de la región y sus buenas comunicaciones. Sánchez Garrido dice que «a partir de ese momento yo también empecé a moverme en la medida que pude». En aquellos días se estaba constituyendo la Federación de Municipios y Provincias de Castilla-La Mancha y en sus reuniones con otros alcaldes «notaba tiranteces hacia mi como si los de Toledo nos lo quisiéramos llevar todo, la sede del Gobierno, la capitalidad...».
Como a los demás, al presidente regional, José Bono, le tiraría el terruño, y en su interior soñaba con Albacete como capital, pero la necesaria neutralidad de su cargo le obligaba a no pronunciase en la polémica. «Yo recuerdo hablar con el presidente Bono y decirle una cosa que probablemente él no recordará. Le dije que sabía que la capitalidad le estaba planteando quebraderos de cabeza importantes. Te propongo una cosa, le dije: A mi me das toda la Universidad y la capitalidad, para Cuenca. Yo voy a salir ganando por doble motivo, no sólo por la gente que va a venir a Toledo y el dinero que se va a generar, sino porque toda la intelectualidad va a estar en esta ciudad. Y en segundo lugar porque, aunque Cuenca sea la capital, nuestra proximidad a Madrid va hacer que Toledo siempre tenga garantizados todos los temas de protocolo, visitas o difusión». La respuesta de Bono fue...ninguna, «no dijo nada», dice el ex alcalde.
La cacería del Rey
No se arredró por ello el regidor toledano y aprovechó una visita oficial a España de los Reyes de Nepal. Durante la comida en el Parador Nacional «Conde de Orgaz», presidida por el Rey Juan Carlos, salió la conversación de la disputa entre Toledo y Cuenca. «El Rey estuvo muy diplomático, no dijo nada, pero me dio la impresión de que él entendía que la capital de la región podría ser perfectamente Toledo. Y ya al poco tiempo se tomó la decisión».
Si Saugar piensa que «en ningún momento Cuenca tuvo posibilidades reales de ser la capital» y que el Gobierno, presidido por Felipe González, quería Toledo, la creencia de Sánchez Garrido es que esta decisión capital, nunca mejor dicho, fue adoptada desde más altas instituciones del Estado. A esta teoría se suma otra versión que sitúa al Rey Juan Carlos en 1983 en una cacería de perdices en un coto toledano. Allí acudió a saludarle y presentarle sus respetos Bono. Cuentan que durante la comida, y tras salir a colación el debate de moda, el monarca dijo algo parecido a «estando Toledo» y su importancia histórica, para qué seguir con la discusión, dicen que dijo el jefe del Estado.

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