Los miembros del «comando Elurra» mantuvieron dos reuniones con el «jefe militar» de ETA, que les dio todo tipo de instrucciones para el atentado. Aspiazu no dejó nada al azar, ni siquiera el disfraz del pistolero encargado de aparcar la furgoneta bomba
Martes, 25-11-08
El plan estaba diseñado al detalle. No se les había olvidado nada: el itinerario, la cabaña, los vehículos, el artefacto letal, el reparto de papeles, las llamadas, los puntos de encuentro para la huida, el disfraz... Lo tenían perfectamente dispuesto y, por desgracia, les salió a pedir de boca. El aparcamiento de la T-4 se vino abajo la víspera de la Nochevieja de 2006 y dejó sepultados a dos ciudadanos ecuatorianos. La «tregua» y la negociación con el Gobierno también firmaron «de facto» su defunción. Detrás de tanto preparativo, una mente centrada en hacer daño: Mikel Garikoitz Aspiazu «Txeroki».
El jefe del «aparato militar» de ETA detenido el pasado día 17 dirigió todo el operativo. Por eso el juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz le ha procesado en la causa abierta por ese atentado, tal y como adelantó ABC la semana pasada y a pesar de las dudas que sobre la noticia quiso sembrar el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba. En el auto el instructor hace un relato de hechos pormenorizado.
La decisión de atentar contra el aeropuerto de Madrid con una furgoneta bomba se tomó por la dirección de ETA en el verano de 2006. El «comando Elurra» sería el encargado de materializar la acción criminal, por lo que sus integrantes -Joseba Araníbar, Mikel San Sebastián, Mattin Sarasola e Igor Portu- se reunieron con «Txeroki» en el monte Azua, muy próximo a la línea fronteriza que separa Navarra de Francia. Los pistoleros recibieron allí las primeras instrucciones, relativas «al desplazamiento hasta el punto de colocación» y a «sus movimientos por la zona de comisión del atentado».
El segundo encuentro con el «jefe» se produjo después de que los miembros del «comando» realizaran a modo de ensayo y por dos veces, con un Volkswagen Polo alquilado en Irún, el itinerario desde Navarra hasta las proximidades del aeropuerto. Aprendida esa primera lección, «Txeroki» les «especificó las directrices» sobre cómo perpetrar la acción y les indicó «el día, hora y lugar» donde podrían recoger la furgoneta ya preparada con el explosivo. También fue el momento de repartir papeles: Sarasola compraría un móvil e Igor Portu llamaría a la DYA de San Sebastián, a los Bomberos de Madrid y al 112 para avisar de la colocación de «una potente furgoneta-bomba» en la T-4.
«Txeroki» no dejó nada a la iniciativa de sus «hombres»; ni siquiera el disfraz que usaría Mattin Sarasola en el momento de estacionar la furgoneta en el módulo «D» del aparcamiento. Ni mucho menos las medidas de seguridad para la huida. Peluca castaña, gorra, chaqueta marrón y máscara protectora transparente en la cara. Sarasola también llevaría una muleta para simular cojera y una maleta para parecer un usuario de Barajas. Así ataviado, tomaría un taxi que le llevaría hasta San Sebastián de los Reyes. Cerca de los estudios de Antena 3 tiraría muleta y maleta y, en otro taxi, iría a otro lugar donde Igor Portu le recogería con una moto. Juntos se dirigirían a por Mikel San Sebastián, que les esperaría con un vehículo. Sarasola y Portu se volverían a Navarra en coche; el tercer pistolero lo haría en moto.
La furgoneta bomba, una Renault granate, fue robada a punta de pistola tres días antes del atentado en el sur de Francia. Mientras Araníbar se la llevaba para cargarla con el explosivo, los otros tres miembros del «comando» secuestraban al propietario que, atado de pies y manos y con una capucha en la cabeza, fue conducido a una cabaña. Allí pasaron la noche del 28; la del 29 en otro sitio. Le liberaron el 30, cuarenta minutos después de que el aparcamiento de la T-4 se viniera abajo.
Entre tanto, se preparaban para atentar. Sarasola y San Sebastián recogieron la furgoneta-bomba el día 29 por la mañana. El segundo hizo de «lanzadera» con la moto. Portu les esperaba a cincuenta kilómetros de la T-4. Allí, Sarasola se disfrazó. Luego se llevó la furgoneta, la aparcó en la plaza 307 de la segunda planta del módulo «D» y activó el explosivo. A las nueve en punto el infierno se instaló en Barajas.

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