Con más de medio centenar de kilos, una marea de mujeres marroquíes arriesga la vida todos los días en las avalanchas que se forman en los pasos fronterizos de Ceuta y Melilla
Jugarse la vida por 4 euros
Sábado, 22-11-08
Saidía gana entre 4 y 5 euros cada vez que se carga de bultos y cruza el paso del Biutz, que separa Ceuta de Marruecos. Hace entre dos y tres trayectos al día, superando avalanchas, intentando evitar las extorsiones de los policías marroquíes que pretenden cobrar parte de la comisión que ella gana a cambio de no decomisar su mercancía y sorteando las dificultades de la jornada. Ella es una de las miles de porteadoras que desde las ocho de la mañana se agolpan a las puertas del Tarajal para entrar en Ceuta y activar el tráfico comercial que mantiene esta ciudad con Marruecos. Saidía sabe de la muerte, esta semana, de una compañera en la otra frontera, la que mantiene Melilla con su país. Es una de las noticias más repetidas por los medios de comunicación marroquíes. Se conoce pero no por ello evita que miles de mujeres vuelvan, cada día, a hacer lo mismo: acceder a territorio español lo más rápido posible con tal de conseguir el mayor número de cargas, lo que repercutirá directamente en las ganancias económicas de la jornada. Saidía conoce bien las reglas. Conseguir dinero supone garantizar el alimento de sus dos hijos.
Rostros marcados por arrugas como surcos, cuerpos avejentados y ojos que expresan desesperanza son notas comunes definitorias de un modo de vida que nace al lado de las fronteras que España mantiene con el reino alauí. Fronteras que algunas voces han calificado «de la vergüenza» que separan modos de vida opuestos. Si Saidía quiere comer debe cargar hasta 60 kilos de pañales, galletas y productos de limpieza sobre sus espaldas y atravesar, junto a cientos de porteadores que persiguen el mismo fin, el puente del Biutz. Al menos ella es joven. No llega a los 35 años. Para Fátima Abderrazak, el panorama es menos halagüeño. Dice tener 50 años, aunque no acierta a concretar en qué fecha nació. Mantiene «tres hembras y un varón», apunta en su conversación con ABC, y lleva en estos menesteres prácticamente toda su vida. Trabaja para un comerciante marroquí, que es el que recepciona la mercancía y el que le paga según los bultos trasladados. Fátima se ata los bultos a su cuerpo e, inclinada, comienza el trayecto de regreso a su país.
Pagan menos que a los hombres
Los comerciantes marroquíes se decantan por las mujeres para este tipo de traslados porque les resulta más económico. Les pagan menos que a los hombres y su capacidad física viene a ser la misma. Son mujeres hechas para la carga a las que no les importa siquiera trabajar con sus bebés recién nacidos amarrados con un fular a su pecho. Sin son descubiertas por la Policía Nacional, se les obliga a retirarse. Bastante arriesgados son los pases para que, encima, se practiquen con menores a cuestas. La retirada supone no ganar dinero, o lo que es lo mismo, no comer.
Junto a las porteadoras se entremezcla otro colectivo «preciado», por económico, por los comerciantes: los discapacitados. Paralíticos y ciegos cruzan la frontera acompañados por sus lazarillos y regresan cargados de mercancía. Su presencia ha pasado de lo pintoresco a lo habitual, conformando otro grupo de riesgo en las avalanchas. Esas que se suceden a diario pero que sólo obtienen repercusión si sucede la tragedia del Barrio Chino de Melilla. «Entonces sí se habla de lo que está pasando aquí. Nosotros llevamos tiempo alertando de que cualquier día puede suceder», advierte el secretario general del SUP en Ceuta, Andrés Carrera. «No es la primera vez que cualquier compañero ha tenido que rescatar a mujeres de avalanchas ante el temor de que fueran aplastadas. O les han tenido que cortar las cuerdas que se amarran a los bultos y que pueden asfixiarlas», añade.
Oficio en extinción
Según recientes manifestaciones de la presidenta de la Confederación de Empresarios de Melilla y consejera del Comité Económico y Social Europeo, Margarita López, el tráfico de porteadores tiene visos de desaparecer. El desarme arancelario provocará su muerte en 2012, apunta. Y los porteadores pasarán a ser meras figuras simbólicas. Una proyección que choca con los proyectos de remodelación del paso fronterizo que tiene encima de la mesa el Gobierno, que apuesta por cerrar el Biutz y construir un paso elevado con amplitud de carriles -al menos tres, en vez del tubo actual- que evite las concentraciones masivas.

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