Viernes, 14-11-08
P. RODRÍGUEZ CORRESPONSAL
WASHINGTON. Además de no contemplar cambios radicales en las reglas del juego del libre mercado y descartar la creación de una autoridad reguladora global, la Administración Bush está dejando claro que la cita de Washington no es más que el comienzo de un largo y complejo proceso de reforma. Daniel Price, responsable en la Casa Blanca para asuntos económicos internacionales, ha ofrecido las siguientes claves sobre lo que se puede esperar realmente de la cumbre del G-20 orquestada en torno a medio día de reuniones plenarias en un museo de Washington:
-Elaborar un consenso sobre las causas fundamentales de la actual crisis.
-Revisión de las medidas adoptadas por los diversos gobiernos hasta la fecha y decisiones inmediatas adicionales.
-Discusión de principios comunes de reforma como mayor transparencia, refuerzo de la integridad de los sectores financieros, mejores regulaciones, y más efectiva cooperación internacional.
-A la vista de esos principios, ponerse de acuerdo sobre un plan de acción que identifique medidas concretas.
-Organizar grupos de trabajo que elaboren recomendaciones para hacer frente a un reto descrito como «enormemente complejo». Estas propuestas serán a su vez consideradas en futuras cumbres del G-20. Con una inicial cita de seguimiento a celebrar posiblemente durante el primer trimestre del 2009, una vez ya completado todo el cambio de gobierno en Estados Unidos.
En este sentido, Daniel Price ha disputado que las fechas de esta primera cumbre sean inapropiadas ante la transición política que vive la mayor economía del mundo, anticipando pese a todo «una importante y vigorosa discusión con algunos resultados bastante concretos». A la vista de sus contactos con los representantes del G-20 y la Unión Europea, «existe mucho más terreno común entre los países que se van a sentar en la mesa de Washington de lo que sugiere la retórica».

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