Los industriales demandan la desregulación del mercado y los oleicultores un precio digno
Miércoles, 05-11-08
A. MUÑOZ
CÓRDOBA. Nadie quiso perderse una de las pocas ocasiones en las que se reúnen bajo un mismo techo las principales empresas aceiteras españolas (incluidas las aspirantes a multinacionales), los industriales y los olivareros. Con alguna ausencia, poco significativa, el resto se dio cita ayer en Córdoba en las tercera edición de la jornada «El aceite, a debate», organizada por Fundación Sánchez-Ramade de Iniciativa+Innovación en colaboración con la Fundación San Telmo.
Las conclusiones de este cónclave sobre el aceite de oliva tienen su enjundia puesto que llegan en un momento clave para el sector por los cambios normativos de la PAC; por la irrupción de países extracomunitarios en la producción de esta grasa vegetal y por el arranque (aún titubeante) de la interprofesional, que agrupa al sector en un último intento por mudar de piel y empezar a conquistar los mercados internacionales.
Sin llegar a tener el poder de influencia de una organización como la OPEP, las empresas y productores aceiteros salieron ayer de las jornadas con tres ideas muy claras: una, que los industriales reclaman una desregulación del mercado para aumentar la base comercial del sector, advirtiendo de que sin este paso, la inversión en I+D está condenada a predicar en el desierto; dos, que los productores exigen un precio digno y tres, que la interprofesional es la única herramienta para enfrentarse a la competencia extracomunitaria.
El primero en abrir fuego fue el presidente de Anierac (donde están asociados los industriales y envasadores), Pedro Rubio, que puso sobre la mesa tres asuntos claves para el futuro: la internacionalización, la ampliación de las categorías y la revolución en la producción. La primera es casi de enunciado obligado, puesto que el sector necesita ensanchar la base comercial. Actualmente, se exporta el 50 por ciento de la producción de aceite de oliva, y este producto únicamente representa el 2 por ciento del consumo mundial de grasas vegetales.
En cuanto a la apertura del abanico de la oferta, el discurso de Rubio fue contundente y tal vez políticamente incorrecto, pero real como la vida misma. «No se invierte en I+D porque no se saca beneficio» y eso convierte a los aceites en commodities, esto es, en productos que se venden a granel.
Rubio puso el ejemplo de los lácteos como el espejo en el que mirarse, con unas posibilidades de diversificación que son las que precisamente dan márgenes de beneficio.
Los cambios, añadió, van a venir por los productores incipientes. Citó los casos del norte de África, Argentina, Chile o Austria, como los países donde ya se trabaja en producción y que en breve dejarán de ser importadores para transformarse en exportadores. Y eso en un marco, recordó, sin ayudas a partir del año 2013, si se cumplen los planes de la Comisión.
«Precio muy caro»
El presidente del Grupo SOS y dueño de la marca Carbonell, líder del mercado del aceite de oliva, Jesús Salazar, habló de la comercialización como la asignatura pendiente del sector, pero a diferencia de lo que se repite en otros foros, apostó por concentrar la oferta en unos pocos mercados, los más potentes como el caso de Estados Unidos, donde por cierto su recién adquirida Bertolli es klíder indiscutible de los lineales de los supermercados.
El empresario de la agroalimentación dijo que ha llegado el momento de «vender la marca aceites de España» y trabajar mejor el mercado interior, donde hay 5 millones de inmigrantes que no se han incorporado totalmente al mercado del aceite de oliva.
«El precio está muy caro», concluyó a modo de admonición, porque «algún día las barreras desaparecerán y tendremos que competir de frente» con países emergentes.
«Los industriales quieren vender, pero tiene que ser a un precio competitivo», y puso el ejemplo de que en EE.UU. una botella de aceite de oliva es diez veces más cara que la soja.
Dudas en la interprofesional
El presidente de Asaja, Pedro Barato, fue sin duda el que más simpatías levantó. Sabedor de que jugaba en casa, dio un primer aldabonazo a la industria: «hay que dignificar el precio de la aceituna». Hoy, el aceite ha caído a poco más de dos euros el kilo en origen, cuando los productores siempre han visto la barrera de los tres euros como la ideal para equilibrar la balanza.
En segundo lugar, puso en solfa el futuro de la interprofesional -gestada en 2003, pero aún sin funcionar- al advertir que no servirá de nada si simplemente se dedica a cobrar una cuota en lugar de trabajar por la mejora del precio del aceite vía promociones. «Las interprofesionales no han funcionado en España», clamó quien curiosamente es el presidente de la del aceite.
Y para despedirse lanzó otro misil al exigir al Gobierno de España que copie al resto de estados miembros en la normativa sobre mezclas: «Si se permite allí, que se haga aquí» en alusión a la venta de aceites de distinta procedencia.

Enviar a:

¿qué es esto?