Viernes, 31-10-08
De no haber sido por la Providencia, esta sería la crónica de una matanza de jóvenes universitarios. Era el terrorífico objetivo que perseguía ETA con la colocación de un potente coche bomba cargado con unos 40 kilos de explosivos en el campus de la Universidad de Navarra, uno de los centros educativos con más prestigio dentro y fuera de nuestras fronteras. La salvajada, con todo, causó una treintena de heridos, la mayoría leves por cortes superficiales provocados por cristales y fragmentos desprendidos que actuaron como metralla. Varios quedaron ingresados en observación.
Medios de la lucha antiterrorista, que en principio atribuyen el atentado al «comando Vizcaya» o al «Donosti», subrayan que con esta salvajada la banda criminal ha pretendido hacer una demostración de fuerza 48 horas después de la desarticulación del «comando Nafarroa». Además, recuerdan que esta es la sexta ocasión que ETA atenta contra la Universidad de Navarra, institución que, perteneciente al Opus Dei, es considerada por la banda como un «centro político espiritual y económico donde se forja la clase tecnocrática y centralista» que se opone a las intenciones de anexionar Navarra al País Vasco.
Un objetivo fácil
Al margen de esta perorata, ETA volvió ayer a demostrar su clara intención de causar el mayor daño posible. Por ello programó la bomba para que estallara a las once de la mañana, justo a la hora en que las aulas concentraban el mayor número de alumnos y profesores. La banda, que necesitaba dar un golpe de efecto inmediato para aparentar la fuerza que no tiene tras la caída del «comando Nafarroa», eligió un objetivo fácil, lo que avalaría en cierta forma que fue un atentado preparado sobre la marcha. Los etarras no tuvieron ningún problema, pese a que el campus tiene vigilancia privada y cámaras de seguridad, para estacionar el coche bomba en el párking del edificio central de las instalaciones universitarias, que alberga, entre otras dependencias, el aula magna, escenario de conferencias de rango internacional.
Y quiso provocar el mayor daño porque el comunicante que avisó de la colocación de esa máquina de matar obvió concretar su ubicación. A las diez menos diez de la mañana, un terrorista alertó a la DYA de Vitoria, desde un teléfono móvil de tarjeta prepago, de la colocación del coche bomba en el «campus universitario», pero no precisó de qué localidad, aunque sí el modelo y color del turismo. Tras el aviso, la Ertzaintza y la Policía Municipal inspeccionaron el campus de la UPV en la capital alavesa, pero al no localizar ningún vehículo de las características descritas por el comunicante, concluyeron que se trataba de una falsa alarma.
Esa falta de precisión impidió que el campus de la Universidad de Navarra fuera desalojado. «Quien avisó de la bomba, o bien no avisó del todo intencionadamente, o bien se equivocó». Son palabras del ministro del Interior, quien no alberga duda alguna de que los etarras buscaron una «tragedia enorme». La empezaron a preparar en la noche del pasado miércoles en Zumaya, localidad guipuzcoana a mitad de trayecto entre Bilbao y San Sebastián. Allí robaron el Peugeot 307 de color blanco. Su propietario lo dejó estacionado sobre las ocho y media de la noche y cuando fue a recogerlo tres horas más tarde descubrió que se lo habían robado. Inmediatamente lo denunció en la Comisaría de la Ertzaintza en Zarauz. Mientras, los terroristas cargaron el maletero del turismo con una bomba compuesta por unos 40 kilos de explosivos. Se cree que esta operación la realizaron en algún garaje desde el que partieron hacia Pamplona. Por delante del coche bomba iría otro turismo haciendo la función de «lanzadera».
A las ocho
Fue a primera hora de la mañana de ayer cuando los etarras estacionaron su máquina de matar en un aparcamiento limítrofe -el acceso está prohibido durante la noche y se abre minutos antes de las ocho- con el edificio central de la Universidad y con la Biblioteca de Humanidades, un lugar cercano también a las Facultades de Comunicación, Derecho y Arquitectura, así como al colegio mayor Belagua.
Cuando faltaban pocos minutos para las once de la mañana, el coche hizo explosión, provocando una densa columna de humo negro, que tardó más de tres horas en desaparecer. De hecho, cuando a primera hora de la tarde aterrizó en el aeropuerto de Pamplona una avioneta de la Policía con el detenido Aurken Sola aún se veía en el horizonte la densa humareda. El terrorista fue conducido a la capital navarra para luego ser trasladado a un monte donde el «comando» tuvo oculto durante un tiempo el material explosivo antes de esconderlo en el garaje del barrio de La Rochapea.
Además, la explosión fue de tanta potencia, tan brutal, que alcanzó de lleno a la parte derecha del edificio principal de la Universidad pamplonesa, así como a una treintena de vehículos, doce de los cuales, como el coche bomba, se convirtieron en bolas enormes de fuego. La onda expansiva provocó la rotura de cristales en el edificio de la Biblioteca de Humanidades y otros inmuebles y aulas y fragmentos del coche bomba penetraron en el edificio central. Pero la suerte quiso que «sólo» resultaran heridas una treintena de personas.
Entre dos «comandos»
Las primeras investigaciones apuntan a que este nuevo atentado etarra es obra bien del «comando Vizcaya», bien del «Donosti», únicas infraestructuras que tiene ahora la banda en España, aunque no se descarta que esté organizando nuevos grupos terroristas. Entre los elementos que avalan la autoría del «Vizcaya» se encuentran el hecho de que desde la ruptura de la tregua es el más operativo; que tras el golpe sufrido el pasado verano se ha recompuesto, en parte porque cierta infraestructura quedó intacta, y porque Zumaya les habría cogido de paso hacia Pamplona. Sin embargo, en modo alguno las Fuerzas de Seguridad descartan la autoría del «Donosti», ya que al fin y al cabo el robo del coche se produjo en Guipúzcoa, desde donde también se produjo la llamada de aviso. Además, en esta provincia siguen sin esclarecerse varios atentados, como el asesinato del ex concejal socialista Isaías Carrasco (ocurrido en Mondragón), lo que delata la existencia de un «comando» consolidado en Guipúzcoa, que incluso podría estar formado por dos «taldes».

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