El carbono devuelve sus minas al rey Salomón
Martes, 28-10-08
La Biblia y la alta tecnología se dan la mano en una nueva aproximación arqueológica que le da la vuelta a décadas de «desmentidos» de la existencia de las míticas minas de cobre del rey Salomón. Desde los años 70 del siglo XX se consideraba que la metalurgia no llegó a las tierras de Edom, el reino bíblico vecino de Israel fundado por Esaú al suroeste de Jordania, hasta el siglo VII antes de Cristo, lo que dejaría fuera de juego a Salomón, que vivió tres centurias antes. Los nuevos descubrimientos apuntan lo contrario, proyectan una nueva mirada sobre las guerras de poder de la Antigüedad y abren un debate apasionante: ¿puede la ciencia acabar dando la razón a algunas partes de los textos sagrados no sólo cristianos, sino también al Mahabharata indio, las sagas islandesas y los secretos de los mayas?
Abogan los autores de este estudio por una aproximación analítica que recupere una arqueología histórica bíblica pero de absoluta base científica, avalada por la más moderna tecnología digital. Hasta ahora parecía que las opciones eran muy pocas y además muy drásticas: entre 1925 y 1948, lo que se llamó la «edad de oro» de la arqueología bíblica, cuando el prototipo del arqueólogo se confundía con el del explorador aristocrático inglés -como el marido de Agatha Christie-, la «moda» era tomar la Biblia como un mapa de campo literal. Se buscaba la confirmación sobre el terreno de las Sagradas Escrituras.
Esto cambió a partir de 1968. Estallan las ciencias sociales y sobre todo laicas, cuya idea de rigor científico excluye toda connivencia con los mitos del pasado y sobre todo con la religión. De tomar la Biblia al pie de la letra se pasa a tirarla literalmente a la basura.
La figura del rey Salomón y de su mismo imperio son de los primeros en caer aparatosamente de su pedestal. Hay quien discute que heredara de su padre «el inmenso imperio que se extendía desde el Nilo hasta el Éufrates» que la Biblia le atribuye. Hasta se le cuestiona la paternidad del templo de Jerusalén y, por supuesto, de las minas de cobre cuya leyenda da pie a la novela de H. Rider Haggard, fundador del género victoriano de aventuras. Se imponen en cambio otras aproximaciones que dicen que ese poder existió pero que no lo detentaba Salomón, sino algún otro monarca, por ejemplo el faraón egipcio de la XVIII dinastía Amenhotep III.
Datación por carbono
Sin embargo, un estudio coordinado por Thomas Levy, de la Universidad de La Jolla en San Diego, California, permite datar las minas de cobre y los trabajos de fundición hallados en Khirbat en-Nahas, donde se alzó la bíblica Edom, en el siglo X antes de Cristo y no en el VII. Nuevas dataciones por radiocarbono de muestras de carbón y de amuletos dejados a su paso por incursiones egipcias posteriores a la muerte de Salomón han sido clave para rehabilitar la versión bíblica, o por lo menos volver a hacerla verosímil.
¿Significa eso que al oscurantismo religioso siguió una especie de oscurantismo opuesto, falsamente científico, que es el que decae ahora? El profesor de Oxford y coautor del estudio Thomas Higham reivindica en declaraciones a ABC que toda prudencia es poca a la hora de calibrar estas cuestiones. El objetivo de su trabajo, dice, no es echar más leña al fuego de la polémica sino precisamente dejar atrás todo prejuicio y toda confusión. Buscan apoyarse en «datos sólidos y empíricos, generados por un cuidadoso trabajo de campo».
La aportación de Higham al estudio ha sido hacerse responsable de la parte técnica de la datación por radiocarbono, es decir, utilizar el isótopo carbono-14 para determinar la edad de los restos. Es la técnica de medición considerada absoluta por la arqueología moderna, que hasta ahora se ha enfrentado a interpretaciones muy polémicas y contrapuestas de las dataciones disponibles.

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