José Luis Eciolaza Galán, con 30 años de entrega al crimen, formó parte del «comando Goiherri Kosta», con decenas de asesinatos
Lunes, 20-10-08
El veterano pistolero José Luis Eciolaza Galán, «Dienteputo», se afianza como máximo dirigente de ETA, en un momento en el que la banda trata de mantener su ofensiva contra el Gobierno y en el que intenta recomponer su «aparato político», desmantelado tras la caída de Francisco Javier López Peña, «Thierry», y Jon Salaberría, «Buruto», en Burdeos. Sobre «Dienteputo», que pertenece a la organización criminal desde hace treinta años, pesan reclamaciones por seis asesinatos, aunque las víctimas del «comando» al que perteneció, el «Gohierri Kosta», se contabilizan por decenas.
«Dienteputo» sintetiza la siniestra historia de ETA: se forjó como criminal en uno de los «comandos» más sanguinarios, encontró «refugio» en el «santuario francés» de los ochenta, se replegó a México para tomar oxígeno y regresó a Francia para dirigir desde allí los atentados en España.
De hecho, las Fuerzas de Seguridad del Estado detectaron la reincorporación de Eciolaza Galán a las estructuras dirigentes de ETA en Francia , tras varios años replegado en el país azteca, cuando se «cocinaba» el «proceso de paz». En concreto, durante una operación policial desarrollada en 2005 en el vecino país, los agentes hallaron documentación de este terrorista. En ese momento se le vinculó con el «aparato militar», defendiendo las tesis más duras que personalizaba Garikoiz Aspiazu, «Txeroki», frente a las supuestamente más pragmáticas de «Josu Ternera». Poco después, se le relacionó también con el «aparato de finanzas», dada su veteranía y experiencia, para llenar el hueco dejado por Soledad Iparragirre, «Anboto», y Ángel Iturbe, «Ereka», que ya purgan en la cárcel sus crímenes.
En efecto, el vacío de poder creado en la banda asesina como consecuencia tanto de la caída de veteranos cabecillas como de la llegada de terroristas sin experiencia, han aupado a «Dienteputo» a la máxima jefatura.
Decisiones colegiadas
Las fuentes de la lucha antiterrorista consideran que dado su perfil de peso -muchos años de experiencia- frente al «borroka» «Txeroki» podrían convertirle a corto plazo en el sustituto de Francisco Javier López Peña, «Thierry». Los mismos medios precisan que ello no significa que Eciolaza Galán imponga sus criterios, ya que siempre, también en tiempos de «Txomin», «Pakito» o «Ternera», las decisiones se han tomado de manera colegiada en el seno del «zuba» -«comité ejecutivo»-. Pero los expertos sí constatan su influencia en la dirección de la banda tras la ruptura de la tregua. Ello, porque se trata de un pistolero de «comando» con muchos muertos sobre sus espaldas -lo que constituye un «pedigrí» y un modelo a seguir para las bases- y de un veterano que ha acumulado «méritos» en 30 años de fidelidad a la práctica terrorista.
Probablemente sea el etarra que más tiempo lleva en activo. Sólo fue detenido en una ocasión. Ocurrió en Francia a principios de los años 90. Por un error en la reclamación desde España, las autoridades galas optaron por confinarle en una región del vecino país. El terrorista burló la libertad vigilada y huyó a América. Las Fuerzas de Seguridad de España buscaron sus rastros en Venezuela y Cuba -las autoridades de ambos países no colaboraron mucho-, aunque al final lo detectaron en México, país en el que fue responsable de la retaguardia etarra. Sin embargo, en el país azteca se le perdió la pista hasta que en 2005 se encontró documentación a su nombre en Francia.
Así las cosas, «Dienteputo» formaría parte del «zuba», junto a terroristas como «Txeroki», Juan Cruz Maiztegi, Eneko Gogeaskoetxea y Aitziol Iriondo, entre otros. Una combinación de la vieja -zarra- y la nueva -berri- ETA. El que las Fuerzas de Seguridad no incluyan en el actual «comité ejecutivo» a «Josu Ternera» no significa que el interlocutor del socialista vasco Jesús Eguiguren en el «proceso de paz» haya sido depurado o «desterrado». Los expertos consideran que se mantiene «standby»; es decir, a la espera de una «nueva oportunidad». Y es que dado su perfil, Urrutikoetxea sigue vinculado a la banda como estratega en el frente de la negociación. Algunos medios llegan más allá y consideran que «Ternera» mantiene un «repliegue táctico» por motivos de seguridad por temor a estar controlado por la Policía después de tantas reuniones con emisarios del Gobierno durante el llamado «proceso de paz».
En horas bajas
Mientras, las últimas informaciones procedentes de Francia apuntan a que ETA aún no ha conseguido recomponer el «aparato político», desmantelado parcialmente tras la detención de «Thierry», Jon Salaberría, «Buruto», y Ainhoa Ozaeta en un piso de Burdeos. En esta recomposición entraría en juego José Luis Eciolaza, ya que por su veteranía podría acaparar responsabilidades en varios frentes, como el «político», «internacional» y «financiero», algo que, en parte, ya abarcaba Thierry. Esto confirma la tendencia de los últimos años en el sentido de que el organigrama de ETA no se divide claramente en compartimentos estancos por la escasez de cabecillas, sino que los más veteranos tienen que hacerse con las riendas de varios «aparatos».
Los expertos dan por seguro que la banda va a intentar reorganizar cuanto antes el «aparato político», al constituir una pieza clave no sólo en tiempos de negociación, ya que diseña la estrategia global de la organización criminal.
Dado su actual peso en la dirección de ETA, las Fuerzas de Seguridad sitúan a «Dienteputo» detrás de la última ofensiva lanzada por la banda, en forma de los tres coches bomba que explosionaron en Vitoria, Ondárroa (Vizcaya) y Santoña (Santander), con el balance de un militar muerto.
Pese a este intento de ETA de mostrar una aparente capacidad operativa, lo cierto es que «Dienteputo», aquel pistolero del «Gohierri», en tiempos en los que ETA disponía de una decena de «comandos» simultáneos y un «brazo político» tan potente como impune, hereda hoy una banda que está «en el peor momento de su historia» -según la carta que envió a la dirección el ex cabecilla Francisco Múgica Garmendia- y con una Batasuna encarcelada que busca sobrevivir en territorio vasco francés. Aproximadamente treinta años separan una y otra coyuntura, sin que ETA haya conseguido ni uno sólo de sus objetivos. Más bien lo contrario, ha llenado las cárceles con más de 750 presos.

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