«Se veía venir, algún día tenía que pasar»; así se expresaba ayer un usuario de la línea de tren Toledo-Madrid que fue testigo del incidente ocurrido en el servicio de las 7.30 de la mañana y que algunos definieron como un auténtico motín al irrumpir un grupo de unas 80 personas como una auténtica avalancha hacia el andén, toda vez que se había cortado el control de acceso.
Según los relatos de varios viajeros a ABC, en el tren Avant de las 7.30 se venían produciendo problemas desde que finalizaron las vacaciones. Este servicio, con gran demanda, es el único de la mañana que cuenta con dos convoys, 8 vagones en lugar de los cuatro habituales, lo que le otorga una capacidad de unas 460 personas.
En las últimas semanas se estaban produciendo largas colas, lo que provocó que, en ocasiones, un grupo de 10 o 15 personas se haya quedado en tierra con el billete en la mano, a pesar de llegar antes de la salida del tren. El problema se encuentra en el control de acceso y de equipajes, «tienen un escáner para un tren de cuatro unidades, pero cuando el convoy tiene ocho vagones no ponen otro escáner», explicaba uno de los afectados. Ayer, la cola era especialmente larga y la fila avanzaba con mayor lentitud de lo habitual. Como es preceptivo, el control de acceso se cerró dos minutos antes de la hora de salida dejando a las puertas a un grupo de unas ochenta personas.
«Prepotencia y desprecio»
La indignación creció por momentos «porque ya estamos cansados de que nos traten con prepotencia y desprecio», los ánimos se exaltaron y se produjo una avalancha para salvar el control de seguridad. Forcejos y empujones -«hasta había una mujer embarazada», lamenta uno de los testigos- se sucedieron sin que el personal de seguridad pudiera hacer nada por contener la embestida. «Yo me metí en el tren, pero algunos se quedaban en el andén o incluso en el foso», afirma otra de las personas consultadas. Finalmente, el tren partió hacia Madrid con algunos minutos de retraso.
¿Qué ocurrió ayer para llegar a estos extremos? Según algunos de estos clientes habituales, el control es muy lento porque el tren siempre va lleno y casi todos los viajeros llevan un bolso o un maletín que debe pasar por el escáner; pero, además, «estaban pidiendo las tarjetas y los abonos, para comprobar que los billetes se correspondían; eso antes no lo hacían, nunca me lo pedían», comentó otro viajero. Este trámite retrasó aún más el acceso, pues, al ser una «novedad», algunos usuarios no tenían las tarjetas a mano.
También critican que en las taquillas de la estación vendan billetes «que saben que no se pueden usar pues no les da tiempo a entrar a pesar de llegar 15 minutos antes de la hora de salida». El problema se agrava ya que, normalmente, no hay plazas libres en el siguiente servicio, que sale a las 8 horas.
Desde el servicio de comunicación de Renfe se explica que lo habitual es que el control de acceso se abra 20 minutos antes de la salida, y se cierre cuando quedan dos minutos; no obstante, y dada la gran capacidad del tren de las 7.30, se adelantó la apertura diez minutos -es decir, a las 7.00- una medida que resultad «inútil», como aseguran desde la Operadora, ya que el grueso del pasaje apura al máximo el tiempo y llega a la estación demasiado tarde.
Las mismas fuentes resaltan que el tren que llega a Toledo «no es un Cercanías ni un Metro, es un tren de alta velocidad que requiere unos protocolos de seguridad», en los que debe invertirse un tiempo determinado, de la misma forma que ocurre en los aeropuertos. En este caso, «el tren no se puede retrasar, tiene que cumplir un horario, porque utiliza un surco (la vía) por el que transitan otros trenes», explican.
En cuanto a la petición de la Tarjeta Plus a los viajeros, Renfe informa de que es obligatorio llevarla y mostrarla junto al billete; el objetivo de este trámite es «evitar fraudes» y que algunas personas realicen un uso inadecuado de la misma, como vender billetes a un precio superior del adquirido en la taquilla, o que se aprovechen de descuentos que no corresponde. «Lo reglamentario es pedir la tarjeta y el billete y los viajeros tienen la obligación de mostrarlos», insisten. En cuanto a la posibilidad de flexibilizar los accesos -como ha ocurrido con ocasión de problemas técnicos-, en Renfe entienden que, en asuntos relacionados con la seguridad «no se puede ser flexible».
Dos líneas de acceso
Algunos afectados han apuntado como solución la necesidad de instalar un segundo control de acceso con el correspondiente escáner: «Es pura lógica, si normalmente hay un escáner para cuatro vagones, pues si hay ocho vagones tendrá que haber dos escáneres». A este respecto, en Renfe entienden que es el Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (ADIF) la entidad encargada de su instalación.
ADIF no descarta este extremo, aunque, como informaron a ABC desde su gabinete de comunicación, es una decisión que se tomará siempre y cuando así se solicite.

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