Publicado Domingo, 12-10-08 a las 05:28
Unidad y acción conjunta. Ese fue el mensaje lanzado ayer por el presidente George W. Bush tras su reunión con los ministros de Economía del G7 en Washington, donde también se celebra el encuentro anual entre el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, y donde el secretario del Tesoro de EE.UU., Henry Paulson, tenía previsto entrevistarse con el G20, el grupo que incluye a las principales economías emergentes, como China y Rusia.
«Todos reconocemos que ésta es una seria crisis global que requiere una respuesta global», afirmó Bush en la Casa Blanca, rodeado de los representantes de los siete países más industrializados del mundo (EE.UU., Canadá, Japón, Alemania, Reino Unido, Italia y Francia).
Todos se comprometen a responder a la crisis, a trabajar para prevenir el colapso de las instituciones financieras y a proteger los ahorros de los ciudadanos. Sin embargo, Bush no ofreció ningún detalle sobre nuevas medidas concretas, lo que se traduce en que todavía hay diferencias sobre los pasos a seguir y cuándo tomarlos. También advirtió de que los resultados «no ser verán de la noche a la mañana».
Limusinas por Washington
Sus palabras en la Casa Blanca precedieron un día repleto de encuentros entre los hombres que dirigen la economía mundial, con las limusinas de cristales tintados recorriendo las grandes avenidas de Washington durante todo el fin de semana, antes de la reacción mañana en los mercados. Paulson y su encuentro con el G20 era uno de los más esperados. Estos 20 países con nutridas reservas son vistos como potenciales salvadores para las naciones más pequeñas con problemas financieros derivados de la crisis. Además, los líderes europeos se reunirán hoy en París y se espera un paquete conjunto de medidas para los bancos europeos.
En Estados Unidos, algunos expertos se quejan del retraso en poner en marcha el plan de rescate de 520.000 millones de euros diseñado por Paulson y Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal. Creen que este retraso sólo puede dañar sus posibilidades de tener éxito. «Aunque fuera adecuado antes, ya no lo es. Si lo que hacen es retrasar y crear incertidumbre, la cantidad de dinero que deben inyectar no hará más que aumentar», afirmó al diario «The New York Times» Frederic Mishkin, ex gobernador de la Reserva Federal y profesor de economía en la Universidad de Columbia.
Comprar acciones de bancos
En septiembre la idea de que el Gobierno estadounidense adquiriera parte del sistema bancario era impensable en la Administración Bush. Ese tipo de intervenciones son más propias de Europa. «Algunos dicen que deberíamos tener capital en los bancos, pero eso es lo que haces cuando has fracasado, y esta estrategia trata de tener éxito», declaró Paulson en el Senado el 23 de septiembre. Una frase ya célebre, teniendo en cuenta que el viernes, el propio secretario del Tesoro, confirmó su intención de comprar acciones en los bancos lo antes posible.
Lo que no dijo es si este programa de inyección de capital para recapitalizar a los bancos será mayor que el original, pensado para comprar activos «tóxicos».
También el viernes, los ministros y gobernadores de los bancos centrales del G7 emitieron un breve comunicado tras reunirse en la capital estadounidense durante 3 horas y media. Las naciones más ricas acordaron un plan de 5 puntos, entre ellos, proveer liquidez al mercado y proteger los depósitos. Lo que ese plan no menciona es una de las opciones sobre la mesa respaldada por el gobierno británico: garantizar toda la deuda interbancaria a nivel mundial.
Ayuda del FMI
El Comité Monetario y Financiero de la Junta de Gobernadores del Fondo Monetario Internacional aprobó anoche un comunicado en el que apoya el plan anunciado por las principales potencias mundiales para superar la crisis financiera.
«El Comité reconoce que la profundidad y naturaleza sistémica de la crisis requiere una vigilancia excepcional, coordinación y disposición para adoptar medidas audaces», indica el comunicado y añade que el FMI «está preparado mediante sus mecanismos de emergencia para poder disponer rápidamente de recursos sustanciales para ayudar a los países miembros a cubrir sus necesidades financieras». El Fondo también advierte de posibles consecuencias negativas para las economías emergentes que «podrían experimentar efectos no deseadosde la crisis financiera» y aboga por una acción coordinada.
Por su parte el G-7 se comprometió a utilizar todas las herramientas precisas para impedir la quiebra de bancos importantes, asegurará que los programas de garantías de depósitos bancarios sean sólidos, tomará medidas para que los bancos se recapitalicen con fondos públicos y privados y actuará para restaurar el crédito con fluidez.
En Europa se han dado otras medidas específicas contra la crisis. Alemania ultima un plan de rescate para su sector bancario de hasta 400.000 millones de euros. Y la ministra de economía francesa, Christine Lagarde, declaró desde Washington ayer que «es muy probable que los estados europeos entren aún más en el capital de los bancos descapitalizados».
La respuesta de los mercados a estas reuniones llegará mañana, cuando abran de nuevo tras cerrar el viernes con la promesa de un programa global conjunto contra la crisis. Lo que tienen hasta ahora, sin embargo, son intenciones. El G7 no ha respaldado la propuesta de Alistair Darling, el ministro británico de Economía, que pidió a sus socios aprobar un plan para garantizar todos los préstamos interbancarios a corto plazo.

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