Actualizado Viernes, 10-10-08 a las 19:41
¿Cómo resumiría estos cuarenta años de independencia de Guinea que ahora se cumplen?
Los ciudadanos de Guinea Ecuatorial deberían ser calurosamente felicitados en el 40 aniversario de su país. Han demostrado una increíble capacidad de resistencia en este período. La historia de Guinea tras cuatro décadas de independencia es de una profunda tristeza. Desde uno de los más prometedores inicios de entre todas las naciones que lograron la independencia en África en los años sesenta del siglo pasado, sus gentes han sufrido dos de los peores gobiernos de la historia contemporánea. Los primeros once años transcurrieron bajo un verdaderamente estrambótico megalómano, el Milagro Único Francisco Macías Nguema, primer presidente del país por casualidad. Los últimos treinta años los han sufrido bajo un acólito de Macías, su jefe de seguridad, sobrino y autoproclamado capitán general Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, que reemplazó a su tío mediante un golpe de Estado acompañado de regicidio. Miles y miles de millones de dólares ha producido la agricultura y el petróleo guineanos, sólo para que se los apropiara la familia y el círculo presidenciales. La riqueza económica del país –y los recursos para las generaciones futuras- ha sido, de hecho, privatizada. Como resultado de 40 años de cleptomanía, la mayoría de la población está hoy relativamente menos educada, su salud es peor y son más pobres que en la hora de la independencia. Incluso durante los últimos años de gobierno de la dictadura falangista de Francisco Franco era mejor en términos de organización, competencia y resultados.
¿Qué ha hecho mal España, qué política tenía que haber seguido, qué cabe hacer ahora?
Viví en Malabo desde septiembre de 1991 al mes de agosto de 1994 y tuve la suerte de trabajar con una formidable contraparte, el embajador español Arturo Avello Díez del Corral, un extraordinariamente preparado diplomático que todavía sigue trabajando para la Administración española, actualmente como director general en el Ministerio del Interior. Su equipo era de primera clase e incluía, como número dos, a José María Ridao, un respetado comentarista político en la España de hoy, y, como cónsul general en Bata, a Diego Sánchez Bustamante, hoy cónsul de España en Amsterdam. Además, el entonces primer ministro Felipe González visitó el país a comienzos de mi mandato, como también el ex primer ministro Adolfo Suárez. Sobre todo, había plena transparencia, coordinación y cooperación, y eso incluía a los miembros clave del cuerpo diplomático (PNUD, Nigeria, y Camerún), mientras que Gabón y Francia oscilaban entre paso adelante y reticencia. La comunidad diplomática no residente –los miembros de la Comunidad Europea en Camerún y Canadá en Gabón- mostraron su apoyo de forma consistente. China celebraba el intercambio de información, pero se mantenía al margen y Corea del Norte respaldaba la línea de Obiang. Sí, España podría haber empleado a lo largo de los años tácticas diferentes a la hora de tratar con Guinea Ecuatorial, sobre todo ante las pretensiones del presidente Obiang de mantener su propia línea o que no estaba dispuesto a implicarse en el diálogo. Sin embargo, dicho todo esto, el problema residía no en Madrid, Washington ni en cualquier otro lugar fuera de Guinea Ecuatorial. El prolongado monopolio del poder y las atrocidades a las que ha sido sometida desde la libertad política a la salud y la educación perpetradas por el Gobierno de Obiang han sido urdidas en los palacios presidenciales de Guinea Ecuatorial y no en otra parte. Cierto que el mundo exterior podía haber hecho algo con Obiang: tratarle de la misma manera que a Robert Mugabe, el presidente de Zimbabue. Pese a las intimidaciones que Mugabe ha esgrimido contra la oposición, una prensa valiente y una judicatura corajuda, la presión internacional no ha aflojado contra el dictador. Para acentuar el desafío interno contra Mugabe, la comunidad internacional no se ha callado a la hora de silenciar lo que es su régimen y de cerrarle las puertas a él y a su camarilla.

¿Cómo avanzar hacia la democracia en Guinea? ¿Cabe aprender de modelos imperfectos como el de Angola, donde se acaban de celebrar elecciones que sin ser impecables ha dado voz a la oposición?
Los gobiernos del mundo podrían, y deberían apoyar a la oposición interna a Obiang y su gobierno en la misma línea de lo que la comunidad internacional ha hecho respecto a Zimbabue. De hecho, la principal diferencia entre los dos dictadores es la riqueza petrolífera, no respecto a su forma de gobernar. Este podría ser mejor, creo, que el modelo angoleño, ensombrecido también tanto por el petróleo como por una Guerra civil, que terminó hace décadas en Zimbabue, pero que nunca se dio en Guinea Ecuatorial.
¿Hay forma de implantar la democracia en Guinea con Obiang y su clan en el poder?
Lamentablemente, parece que la intransigencia es hoy mayo por parte de Obiang y su camarilla que cuando yo salí de Malabo en 1994. La confianza que la aparición del petróleo ha proporcionado a Obiang –quien además controla todas las fuentes de riqueza, tanto el dinero como los medios para crear y controlar cualquier empresa productiva- ha sido un boom para su prolongado reinado. Además, en el caso de Obiang experimentara un cambio radical de actitud, lo cual me parece harto improbable, sobre la base de mi propio conocimiento de él, es más que dudoso que sus más antiguos secuaces o la siguiente generación, fueran aceptar nada parecido. Ellos ejercerían el veto a cualquier tipo de cambio y, creo, podrían neutralizar a Obiang en el caso de que intentara imponerlo.
¿Es Guinea Ecuatorial el ejemplo más palmario de la maldición de los recursos? ¿El petróleo que ha hecho que crezca de forma astronómica su economía ha condenado a la miseria a la población? ¿Qué hacer?
No hay ninguna razón por la que el petróleo sea una maldición mayor que cualquier otro tipo de explotación. En realidad, el petróleo puede reforzar a la sociedad civil, como ha ocurrido en Noruega, el Reino Unido, Estados Unidos, etcétera. Pero puede convertirse en una maldición para una sociedad civil en el caso de que, como en Guinea, esté sometida a una dictadura. De hecho, uno puede llegar a la conclusión de que el régimen de Guinea Ecuatorial ejemplifica que lado oscuro de la bendición del petróleo.
¿Cómo ve la actitud de la Casa Blanca y de las compañías petroleras hacia Malabo?
Asistí a una audiencia del Senado en Julio de 2005 en la que se habló de las cuentas por favor de 700 millones de dólares que el Gobierno de Guinea Ecuatorial tenía en el Riggs National Bank, bajo el control absoluto de Obiang, sus socios más próximos, entre los que se incluía su esposa oficial. Es evidente que las compañías que pagaban bajo acuerdos contractuales sabían desde el primer momento adonde iban sus dineros. Y están también al tanto de las condiciones de vida en Guinea Ecuatorial. De todos modos, fue una jornada triste. Quizás la única parte Buena fue cuando el conocido y respetado senador Levin declaró que él no veía la menor diferencia entre lidiar con Sadam Hussein y Obiang Nguema Mbasogo... Pero mientras las compañías se sientan envalentonadas, y no sean obligadas a agregar la transparencia a sus tratos con gobiernos extranjeros –y en mi opinión no hay ninguna razón por la que no deberían hacerlo- seguirán proporcionando musculatura financiera a reforzar tanto dictaduras como democracias. Y mientras que los gobiernos extranjeros, y sobre todo, por lo que a mí respecta, el de Estados Unidos, no demuestren más consistencia a la hora de lidiar con dictadores como Robert Mugabe o Obiang Nguema, veremos cómo se refuerza la herencia de Macías y se mantiene la ley de Obiang, que lamentablemente ya ensombrece a dos generaciones de ecuatoguineanos.
[El embajador Bennett destaca el libro “Equatorial Guinea: An African Tragedy” (“Guinea Ecuatorial: una tragedia africana”), de Randall Fegley”, publicado en 1989, que considera –al menos en inglés- la mejor historia de Guinea Ecuatorial . Lo que sigue es un extracto de la página 105:
“En Black Beach, las ejecuciones se celebraban de noche en una estancia anexa a las oficinas de la cárcel. En los primeros días del régimen, a los prisioneros se les fusilaba, se les aplicaba el garrote vil o se les colgaba. Pero en ejecuciones posteriores se redobló el grado de crueldad. Hacia 1978 el método más común de ejecución era aplastar el cráneo con una barra de hierro. El condenado debía tumbarse, con la cara mirando al suelo, y su cabeza era golpeada hasta que era convertida en pulpa. Los presos comunes debían después limpiar la sangre, vómitos y restos de sesos, y trasladaban el cadáver a un agujero a cielo abierto. En ocasiones, el cuerpo era llevado al hospital, que se encontraba a unos 500 metros. Allí se establecía que la muerte había sido por causas naturales. Antiguos prisioneros recuerdan el camión que se utilizaba para sacar a los cadáveres de la prisión. Permanece muy vívido en sus memorias gracias a la matrícula, que incluía las iniciales de Macías: MNB 8740”.
“A las ejecuciones que se celebraban en Black Beach asistían a menudo por las tres principales personajes de Malabo: el jefe de seguridad, el teniente coronel Teodoro Obiang Nguma; el primo de Macías y vicepresidente Bonifacio Nguema Esono, y el jefe [sic: debía ser fang] Carmelo Bico, jefe de policía. Estas tres figuras estaban presenten en la mayoría de las ejecuciones y durante muchos interrogatorios. Aunque circulan muchas historias acerca de que Macías disfrutaba presenciando estas actividades en sus cárceles, el Milagro Único se había vuelto cada vez más receloso”.]

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