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Miércoles, 17-09-08
¿Qué es verdad y qué es mentira en campaña electoral? Todo el mundo sabe que la tendencia del «homo politicus» a la falsedad se agudiza en cuanto se acercan elecciones, y que a veces sólo le frena de decirlas más gordas el «homo periodisticus ojo avizor»... Aunque de un tiempo a esta parte mucha gente tenga dudas de si la zorra vigila bien a las gallinas. La actual campaña presidencial estadounidense ha hecho emerger un tremendo interrogante: ¿sigue siendo el cuarto poder el garante de la verdad, o se ha convertido en el peor de sus enemigos?
Los observadores y estudiosos de la comunicación en Estados Unidos -donde la Universidad de Columbia acaba de crear un máster en periodismo digital- siguen con alarma cómo la creciente vulnerabilidad económica de las empresas periodísticas y las nuevas tecnologías condicionan la información. No ya sólo su formato sino también su esencia. La blogosfera imprime carácter e impone productos como «The Huffington Post» (www.huffingtonpost.com), un diario digital que funciona como un blog. Raramente genera información propia, sino que la parasita de la prensa «clásica», a la que aventaja por el desparpajo de sus comentarios. Su éxito no depende tanto de informar como de sintonizar con las ideas y creencias de los lectores, embarcarles en una especie de charla sin fin.
Hace unos meses, el comunicólogo neoyorquino Eric Alterman advertía de que lo que está ocurriendo es una especie de choque de civilizaciones de la información que ya previeron hace más de un siglo dos intelectuales norteamericanos, Walter Lippman y John Dewey. El primero preconizaba una información exigente y vertical: el informador es el que sabe e informa al informado. Dewey en cambio auguraba una relación mucho más horizontal: todos sabemos y pensamos más o menos lo mismo, y nos lo contamos.
Mentiras directas
La actual campaña americana ha sido pródiga no ya en mentiras directas de candidato a candidato sino en bulos que, sin saber exactamente de donde salían, han ganado de la noche a la mañana una gran fuerza.
A los expertos les preocupa que llegue un momento en que no sea humanamente posible discernir entre rumores, opiniones e información, y es más, que el público -y los publicistas- estén encantados de que así sea. La tendencia ya se apunta en los canales de radio y TV por cable, cuyos comentaristas son cada vez más subjetivos. Hay quien teme que sea la realidad la que tenga que pedir perdón si no se parece a las noticias.

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