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«Comparada con la política, la F-1 es un convento de monjas»
Lunes, 15-09-08
Alejandro Agag viene equipado de serie para el «paddock» de la F-1. Se mueve cómodo entre gente que negocia, cierra tratos entre sonrisas, viste camisa blanca y camina siempre de forma apresurada. Él llega a la carrera al lugar de la cita con ABC, el campamento del equipo Barwa de GP2, con el que se acaba de proclamar campeón por equipos del certamen en sociedad con Adrián Campos, ex piloto de F-1 y director de la escudería.
—¿Se puede explicar en pocas palabras cómo fue que acabara aquí, en la F-1?
—Fue una casualidad. Por razones personales dejé la política, miré y miré a ver qué opciones tenía y mi amigo Flavio Briatore me propuso hacer cosas en la F-1. No tenía ni idea de este deporte, pero vi campo, posibilidades y me decidí.
—Su gran conquista fue vender los derechos televisivos de un deporte semi-clandestino ¿Fue intuición, información privilegiada, sagacidad?
—Nada de eso. Fue un golpe de suerte. Nadie quería los derechos de un deporte minoritario y fuimos capaces de crear una oportunidad. Había un piloto extraordinario en las categorías inferiores (Alonso) y muy joven. Siempre se dice que hay cien pilotos así, pero Flavio dijo que era una estrella... 
—O sea, que fue intuición de Briatore.
—Él vio un carisma extraordinario en Fernando y así ha sido. Se ha convertido en un fenómeno social en España. Yo sólo estaba en el momento adecuado en el lugar adecuado.
—¿Le cuadra eso de estar en el día D a la hora H?
—Bueno. Tengo mucho que agradecer a Dios. Aunque yo también pongo de mi parte...
—¿Qué ha sido lo más difícil en la F-1?
—No sabría decirle. En el «paddock» hay que tener mucha humildad. Ahí conviven las personas más brillantes en el mundo de los negocios, la tecnología y hay que tener prudencia, ir paso a paso. Yo no soy una estrella, sino un peón. Dirijo un equipo de GP2, llevo pilotos jóvenes. Es una carrera de fondo y quiero estar mucho tiempo aquí.
—¿Usted qué hace exactamente en la F-1?
—Soy propietario del equipo Barwa de GP2 y trabajo para Renault en colaboración con patrocinios. No tengo una intervención directa en la F-1.
—No se ha ligado a Alonso como única vía para progresar.
—Ante todo, soy admirador suyo. Tengo buena relación, pero no soy su amigo. Nos llevamos bien en un trato correcto, pero no frecuente ni intenso. Soy colaborador del equipo de Alonso en otras facetas. El hecho de que él exista hace más fácil nuestro trabajo. Sobre todo, en el tema de los patrocinadores. No así para mi equipo de GP2. Qatar entró por otros motivos.
—¿Cómo es Bernie Ecclestone?
—Es un genio. Siempre ve un ángulo diferente al de los demás. Propone un enfoque original que siempre proporciona algún beneficio económico.
—¿Qué ha hecho últimamente que le haya sorprendido?
—Ha aumentado un mil por cien los ingresos por patrocinio del Queens Park Rangers (de la segunda división inglesa). Yo soy el consejero delegado y ya somos el quinto equipo de Inglaterra en rendimiento publicitario, por detrás del Manchester United, el Liverpool, el Chelsea y el Arsenal.
—¿Cuál es el ideario de Ecclestone?
—Es mejor no vender que vender barato. La F-1 es el deporte más caro que existe, pero atrae a todo el mundo. Es exclusivo por el precio, pero no excluyente porque gusta a mucha gente.
—¿La F-1 vende exclusividad por encima de todo?
—Claro. La gente lo ve lejano. Somos marcianos los que estamos aquí dentro. Es muy difícil trabajar aquí, ya seas piloto, ingeniero o periodista.
—¿Qué es más fácil, la F-1 o el fútbol?
—Fácil, ninguno. La F-1 es más previsible. En el fútbol puedes tener los mejores accionistas, futbolistas, técnicos, etc, y el Chelsea puede perder con el Queens Park Rangers. Pero Ferrari nunca va a perder con Force India.
—¿Que es lo fundamental para triunfar en la F1, tener contactos, dinero o no tener escrúpulos?
—Quien no tiene escrúpulos, siempre acaba mal. Siempre funciona el efecto retorno. Sólo con dinero no se triunfa en este mundo. Los contactos son muy necesarios, claro. Pero lo fundamental son buenos pilotos, buenos ingenieros y buenos patrocinadores.
—De momento, ya gana trofeos. Campeón por equipos de la GP2.
—Era el objetivo marcado. Lo hemos ganado antes de lo planeado, lo cual es doble alegría. Estaba convencido de que lo haríamos, pero no tan pronto. Y ha sido gracias a Adrián Campos y a todos los componentes del equipo.
—¿A qué aspira en la F-1?
—A lo que me toque. Aquí todo cambia tan rápido que no tengo un objetivo concreto. Quiero estar muchos años, aunque no sé cómo. Si me gano un prestigio como dirigente en la GP2, a lo mejor puedo dar el salto a otro nivel.
—¿Al famoso equipo español de Fórmula 1 que nunca termina de cuajar?
—No creo que haya nunca un equipo español de F-1.
—¿Por qué?
—Porque en España hay mucho dinero, pero no hay dinero destinado a hacer un equipo español de F-1. Acostumbrados a ver ganar a Alonso, no nos gustaría tener una escudería perdedora. Yo no trabajo para crear un equipo español.
—Pero usted se interesó por el difunto Super Aguri.
—No, no fue así. Me pidieron colaboración para encontrar patrocinio y yo les eché una mano.
—Hay muchos inversores españoles potentes en la F-1. ¿No quieren un equipo?
—Las empresas no están aquí por un capricho de su presidente, por afición o algo así. Están por el retorno de cada euro. La F-1 es un escaparate global, no ligado a las escuderías.
—La crisis golpea a todos los bolsillos. ¿A la Fórmula 1 no?
—No se nota. El paddock club (el recinto más exclusivo de los vips) está más lleno que nunca, hay patrocinadores. Los grandes beneficiados de la crisis son las empresas de Oriente Medio por el aumento de las materias primas.
—¿Cómo gestiona la vida rosa?
—No la gestiono. Llevo varios años tranquilo en Londres. Me tomo como algo normal que me hagan fotos cuando desempeño un trabajo cara al público.
—¿Le recuerdan mucho la influencia de Aznar en su éxito profesional?
—Siempre habrá gente que diga eso. Les fastidia que alguien le vaya bien, qué le vamos a hacer. Cada cual busca su hueco en la vida. Y el mundo político no tiene ninguna influencia en la F-1.
—¿Le enfada, le incomoda o le da igual?
—¿Para qué te vas a enfadar? Si no sirve de nada.
—¿Qué equipo de F1 le gusta por su gestión y modelo de trabajo?
—Me gusta Renault por la gestión de Flavio. Y Ferrari, por lo que significa. La F-1 se sostiene en tres elementos: el propio nombre de Fórmula 1, Ferrari y el Gran Premio de Mónaco. Se quedaría muy coja si le falta alguno.
—¿Quién es la persona más impactante que ha conocido en la F-1?
—Si quitas a Flavio, Bernie y Fernando, es Paddy McNally, el consejero de la empresa que vende la publicidad estática a los circuitos. Tiene categoría personal y profesional.
—¿Y quién es el mejor piloto? Y no vale Alonso.
—Me gusta mucho Kubica. Se mueve en un ambiente hostil, como Fernando en McLaren y sale adelante. También me gustan Di Grassi, Petrov y Bruno Senna.
—¿Ha conocido a alguien que diga la verdad en el «paddock»?
—Mire, aquí se sabe todo. Yo no he engañado a nadie. Y siempre digo la verdad. Vengo de la política. Y la F-1 es un convento de monjas comparado con la política. Son la hermandad de las carmelitas descalzas.

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