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Jueves, 11-09-08
«Ufff, me suena a locura». El regreso de Lance Armstrong al primer escalafón del ciclismo coge desprevenido a José Calabuig Nogués, profesor de Medicina del Deporte, consultor del departamento de cardiología de la Clínica Universitaria de Navarra y, para el público, el médico de referencia de Miguel Induráin, el galeno que adiestró la ascensión del gigante navarro a los altares del ciclismo.
A Armstrong no le colmaron los siete Tours sin interferencias, la desazón de sus adversarios por no haberle derrotado nunca, el reconocimiento mundial, el récord entre los récords. Todavía echa en falta el cariño del público francés (imposible a estas alturas de la película) y quiere despejar la sombra de duda sobre su rendimiento estratosférico. El anuncio de su retorno a los ruedos choca, sin embargo, contra una ley de la sabia naturaleza. Tiene 36 años para cumplir 37, y el próximo julio estará a dos meses de sus 38 primaveras. ¿Puede alguien así, excepcional en cuanto a carácter y mentalidad competitiva pero con tres años de abstinencia en el asfalto, volver a ganar el Tour?
«Lo excepcional»
Calabuig condujo los pasos de Induráin cuando era un gregario de Pedro Delgado. Conoce cada poro de la piel del quíntuple ganador del Tour. Analizó su consumo de oxígeno, la frecuencia de su organismo para generar lactatos, la solvencia de sus músculos para recuperar el esfuerzo de un día para otro, la capacidad de su corazón para bombear sangre... Y de campeón a campeón, llega a una conclusión: «Si fuera cualquier otro deportista, pensaría que su regreso al primer nivel es imposible. Sólo valdrían casos excepcionales. Y Armstrong lo es».
El deporte marca sus barreras. La edad es una de ellas. «En la medicina deportiva todos sabemos que a partir de los 32 o 33 años, disminuyen los mecanismos para la obtención y recuperación de fuentes de energía -cuenta Calabuig-. Y aunque los grandes campeones del ciclismo, como Induráin o Armstrong comenzasen a ganar los Tour con 27 o 28 años, es a partir de esa edad cuando el hígado, digámoslo entre comillas, comienza a envejecer».
El cuerpo se vuelve resistente con el paso de los inviernos y pierde velocidad, dice la lógica médica. Un detalle que otorga peso específico a la decisión del americano de regresar para conquistar un octavo Tour. «Está en el límite -comenta el doctor navarro-. Si me dicen que vuelve con 41 años, diría que está loco. Pero la clave es el entrenamiento. La resistencia y la velocidad también se pueden entrenar, aunque el cuerpo diga lo contrario. Es como el coche de Alonso. No sólo hay que ponerlo a punto para antes de la carrera. También hay que revisarlo después. Yo estoy seguro de que la mayoría de los futbolistas rendirían más si después de cada partido estableciesen un plan de recuperación y no se fueran de fiesta».
Miguel Induráin y José Calabuig viven en la misma urbanización en las afueras de Pamplona. Para el médico, Armstrong es un «héroe». «Cuando sales de una metástasis cerebral, cualquier médico le hubiera aconsejado que se retirase a su rancho. Él no. No aceptó el papel de la víctima. Quiso demostrar que era el mejor ciclista del mundo».
Un hombre diez
Calabuig lo compara con Induráin. «Para ser un número uno del deporte tienes que ser un hombre diez. Miguel lo era. Y por lo que sé, Armstrong también».
En el caso que nos ocupa, una cosa es correr el Tour y otra, ganarlo. Calabuig corrobora la impresión: «Ganar el Tour es mucha tela y, aunque él lo haya hecho siete veces, otra más sería una proeza. Él corre con los músculos y el corazón a nivel físico. Y sólo necesita entrenamiento para compensar los tres años de teórica inactividad, que tampoco sabemos lo que ha estado haciendo. En varios meses se puede poner a tope».

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