El MPLA arrasa en las elecciones de Angola en un clima de abierto pucherazo
Lunes, 08-09-08
Dieciséis años después de vivir sus últimos comicios electorales, Angola encaraba el pasado viernes las elecciones al Parlamento como una oportunidad para desterrar todos los fantasmas que dejó en el país una cruenta guerra civil que se prolongó durante más de 10 años. Unas elecciones que fueron concebidas por el Gobierno de Eduardo dos Santos -en el poder desde 1979- para «servir de ejemplo a África y para distanciarse de los críticos procesos que tuvieron lugar en Kenia y Zimbabue».
Pero lo cierto es que, aunque la violencia se ha reducido de forma notable, el pucherazo electoral registrado ayer en Angola revela que los paralelismos existentes entre la dictadura de Robert Mugabe y el Gobierno de Eduardo dos Santos no son cosa de la imaginación colectiva.
Sin contrapeso
Con un 89,97 por ciento del voto escrutado, el partido gubernamental Movimiento para la Liberación de Angola (MPLA) obtuvo, con más de tres millones de votos, el 81,82 por ciento del sufragio electoral. Mientras, el opositor Unidad Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA) tan sólo lograba 102.000 votos, lo que representa sólo un 10,5 por ciento del total de los sufragios. Por su parte, y tal como se esperaba, la representación parlamentaria del resto de partidos opositores fue casi inexistente.
Unos resultados que en el Centro de Prensa Aníbal Melo de Luanda, el portavoz de la Comisión Nacional Electoral (CNE), Adâo de Almeida, comunicaba a los apenas tres periodistas que allí se concentraban. El resto de los corresponsales extranjeros se negaron a entrar en el recinto. Ya conocían de antemano lo que allí se iba a contar.
Pese a que en las fechas previas nadie dudaba de la victoria, los resultados del MPLA son aún más abultados de lo esperado. El portavoz del partido gubernamental, Rui Falcao, ya había advertido un día antes que «nuestra victoria será clara, ahora sólo falta saber en qué número».
Pese a que estos resultados no son ninguna sorpresa,asombra la poca sensibilidad con la que el Gobierno los ha disfrazado. En los últimos comicios realizados en el país en 1992, el MPLA obtuvo «sólo» 129 de los 210 diputados que componen el Parlamento. Una circunstancia que condujo a una respuesta violenta por parte de la oposición. Sin embargo, esta vez en el oficialismo no han querido que las cifras dejaran lugar a ninguna clase de dudas.
Llamada a la calma
Al contrario que en los pasados comicios, esta frágil oposición parece asumir con resignación la nueva debacle electoral. Si la campaña se caracterizó por un constante cruce de acusaciones, el presidente de la UNITA, Isaías Samakuva, llamaba ayer «a la calma» a sus seguidores y a evitar cualquier tipo de provocación política. Sin embargo, recordaba que su partido se ampara en el «derecho de poner en duda la legalidad de los comicios», y que por tanto impugnará los resultados debido a las deficiencias logísticas que obligaron a prolongar un día más la recogida de votos en la capital, Luanda. Una circunstancia que la ley electoral prohibe de forma clara.
Por su parte, las calles de la capital angoleña permanecían ayer casi desiertas a la espera de acontecimientos. En esta superpoblada urbe que con más de tres millones de habitantes concentra un tercio de los electores del país, la mayor parte de los ciudadanos permanecían en sus casas. Si durante la jornada electoral el país se echó a las calles en una interminable fiesta, el miedo a nuevos enfrentamientos sumergía a la región en una tensa calma.
Solamente en algunos barrios afines al MPLA, la resaca electoral era absorbida como una continuación del histórico día experimentado el viernes. Los más jóvenes arrancaban los carteles y símbolos utilizados durante la campaña por la oposición, y decenas de coches adornados con las banderas del partido recorrían las calles de arriba abajo haciendo sonar sus bocinas.
Mientras, los más audaces prefirieron seguir los resultados del escrutinio en algunos de los cafés de la zona. En uno de ellos, situado en la Avenida Mutamba, varias decenas de personas se apiñaban alrededor de una radio para escuchar con atención las noticias. Al oír las informaciones que provenían del Centro de Prensa Aníbal Melo, el dueño del local sólo podía acertar a reír. «Parece que la democracia llegó al país. El problema es lo mucho que me recuerda al pasado».
Las heridas de la guerra se cierran de forma ilegal
Pese a que la violencia se ha reducido notablemente en comparación con las elecciones de 1992, lo cierto es que la campaña electoral no ha resultado del todo pacífica. El opositor UNITA denuncia que cuatro miembros de su partido han sido asesinados por simpatizantes del gubernamental MPLA desde el pasado mes de agosto.
De igual modo, UNITA denuncia que durante las votaciones del pasado viernes los disturbios por la carencia de papeletas electorales en una de las Asambleas de Luanda condujeron a la muerte de un joven.
Pero hay motivos para la esperanza. Aunque las ilegalidades de las elecciones de 1992 han tenido su continuación en estos comicios, resulta improbable que la violencia se recrudezca. Por un lado, hace 16 años, el país se encontraba dividido en dos facciones que contaban con similar capacidad armamentística. Sin embargo, tras la desmilitarización de la UNITA en 2002, buena parte de los miembros de la guerrilla opositora fueron asimilados por el Ejército angoleño. Además, la llamada a la calma por parte del opositor Isaías Samakuva ha supuesto un alivio para la gran mayoría de la población del país africano que sólo quiere cerrar en paz las heridas de la guerra.

Enviar a:

¿qué es esto?