Viernes, 05-09-08
JOSÉ MANUEL CUÉLLAR
ENVIADO ESPECIAL
NUEVA YORK. Rafael Nadal ya está en semifinales del US Open, donde se verá con un viejo-joven enemigo, Andy Murray, al que ya defenestró, y de qué manera, en Wimbledon. El español venció a Mardy Fish en cuatro sets después de que ambos estuvieran luchando en la pista a brazo partido más allá de las dos de la madrugada (ocho de la mañana, hora española). El asunto tiene su aquél. Es el problema de los partidos nocturnos que ponen en este torneo. Lo hacen para sacar doble taquilla, puesto que cobran por la sesión del día y otra vez por la de noche, donde suelen meter choques importantes.
Esta vez le tocó a Nadal y, como sea que el programa se retrasó por la duración de los partidos anteriores, ambos aparecieron en la pista para comenzar su duelo allá sobre las once de la noche, una hora impropia no sólo para disputar un partido de tenis sino para jugar a cualquier otra cosa que no sea el levantamiento de copa.
Que unos deportistas de elite estén jugando a esas horas no es de recibo y el propio Nadal señalaba con el dedo acusador: «Sí, ya lo hemos hablado entre nosotros. Que debería ponerse una hora tope para empezar, pero aquí ya sabemos que manda la televisión. El problema es que, por ejemplo, yo hoy no me voy a acostar antes de las cinco de la mañana. Tengo que hacer masaje, ir al hotel, comer algo e intentar dormir, que después de la tensión del partido no es nada fácil».
Un partido de sentimientos
Según el español, eso le rompe la rutina de entrenamiento para el día siguiente: «Mañana, ya te lo digo yo, es un día perdido. Afortunadamente, aquí tengo dos días de descanso hasta el sábado, que es la semifinal, pero si sólo tuviera uno me presentaría a jugar en malas condiciones». Rafa sabe que el asunto no tiene solución: «Esto está montado así y así hay que admitirlo. Si queremos hacer cosas grandes, hay que jugar al tenis en cualquier lugar y a cualquier hora, aunque sea a las cinco de la madrugada».
El partido en sí tuvo cierta miga, la del primer set. Fish es un viejo conocido del circuito que ha cambiado en los últimos meses. Antes era gordo como una pelota y tenía una cara de cebollón que no se tenía en pie. Pero hace poco tiempo tuvo la fortuna de encontrarse en el camino con Stacey Gardner, una presentadora de la televisión norteamericana de las que quitan el hipo. Él se enganchó a ella, ella a él y el grandote está tan emocionado (estas cosas enaltecen mucho) que adelgazó quince kilos y reventó de gozo realizando el mejor tenis de su vida.
Esa explosión de júbilo por el amor encontrado le dio alas para ganarle un set a Rafa, pero este ya le había echado el ojo al gigantón. Aunque haya adelgazado una barbaridad, Fish sigue teniendo problemas de movilidad. Si le haces el ventilador, la acaba tirando al arroyo porque tiene una derecha para cortarse el brazo y ponerse otro nuevo a ver si le sale mejor. Por ahí empezó a crecer Rafa y a venirse abajo el norteamericano, que, en cuanto se le quitó la ebullición de su reciente estado, se quedó en casi nada y Rala le ganó (3-6, 6-1, 6-4 y 6-2),
También está en semifinales Federer, que se deshizo sin muchos problemas de Muller por 7-6 (5), 6-4 y 7-6 (5). La revelación del torneo jugó bien, pero el suizo estuvo más fino en los puntos claves y supo jugar mejor los «tie break».

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