Sábado, 16-08-08
JUAN PEDRO YÁNIZ
BARCELONA. El Arco del Triunfo es uno de los monumentos más queridos por todos los ciudadanos y de forma especial por los pequeños barceloneses, que antaño acudían a sus proximidades bien escoltados de papás, mamás, tatas o personas de respeto, a pasearse en triciclo o bicicleta que se alquilaban en sus proximidades. ¿Quién no intentó emular a Cañardo, Berrendero o Bernardo Ruiz? y guarda una foto pedaleando, tocado con su gorrita visera.
El Arco, que se suele pronunciar indistintamente en castellano y en catalán, con «ele» y sin ele, es una imitación de los erigidos para recibir en Roma a algún general victorioso y su séquito y, después, se extendieron a todo el Mundo. El de la Estrella de París vió pasar, por su ojo, el avión pilotado por Guynemer, el 14 de julio de 1919; y largas columnas de soldados alemanes, en junio de 1940; de ambos hechos hay abundantes testimonios gráficos. Después llegó De Gaulle.
Debajo del barcelonés hay una doble estación de Metro y de Renfe-largo recorrido, que durante muchos años se llamó Triunfo-Norte, por la cercana estación -hoy de autobuses- que perteneció a los Caminos de Hierro del Norte de España, también llamada de Villanueva, por la Geltrú. Para muchos barceloneses, procedentes de la emigración, fue su primer recuerdo barcelonés, de la infancia o más creciditos. También el de haber llegado o salido por ella, de uniforme, en algún traslado de los reemplazos militares, en expedición.
En los recuerdos infantiles, que se diluyen entre las nieblas del pasado, tanto la estación como el Arco adquieren unas dimensiones enormes. Algunas décadas más tarde ya no parecen tan grandes.
Puerta de la Exposición de 1888 En realidad, el Arco fue la entrada a la Exposición Universal de 1888 y el paseo que encabeza hasta el Parque estuvo flanqueado de grandes edificios construídos con aquel motivo: Palacio de Bellas Artes, Museo de Reproducciones y otros que fueron desapareciendo en las décadas siguientes.
Como Arco, vió pasar muchas manifestaciones públicas por su ojo y frente a él se formaron presidencias de apasionadas conferencias y demostraciones políticas: el recibimiento de los diputados de Solidaridad Catalana a su regreso de Madrid, en 1906, o actos pro-presos de la Semana Trágica y la Huelga General de Agosto (1909, 1917), en cuyas presidencias se podía ver un abanico de personajes de la izquierda, de Alejandro Lerroux a Galdós. Por debajo del Arco pasó el entierro de Macià (diciembre de 1933) y se realizó la despedida de alguna columna anarquista hacia Aragón, en julio del 36, en acto presidido por el general Aranguren, con mono y gorro cuartelero. Otra foto famosa, frente al Arco, es la que se hizo Quico Sabaté en los años 50, aunque en este caso su divulgación tardó décadas.
Para los Fastos del 92, fue restaurado con un patrocinio conseguido por el IMPU, y de él arrancaba una exposición conmemorativa de la Expo del 88, organizada por Pedro Durán Farell e inaugurada por SS.MM. los Reyes, en noviembre de 1988, con un recorrido que empezó allí y acabó en el Depósito de Aguas, de Wellington -hoy bibliotecas universitaria-. La calle que pasaba por debajo del Arco hace años que desapareció debajo de una gran acera o isla peatonal, rodeada de estatuas, algunas superviventes de las que flanquearon el Arco. En esa isla pasean los ciudadanos, juegan a la petanca o se concentran frente al Palacio de Justicia y el edificio de los Juzgados, cuando hay alguna vista célebre o algún enlace matrimonial de tronío. En ocasión se puede hacer doblete entre ambos edificios...

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