Viernes, 15-08-08
POR EVARISTO AMADO
SANTIAGO. Gaspar no irá a la cárcel, pero será condenado al ostracismo. El delfín más conocido en las aguas de la Ría de Vigo, aquel del que se rumoreaba una posible formación militar previa a su parada y fonda en aguas de Galicia, no podrá gozar del contacto con la población ni de las viandas que le han lanzado sus simpatizantes en los últimos seis meses.
Ése es el castigo que anunciaba el pasado miércoles la Dirección General de Convervación de la Naturaleza, dependiente de la Consejería de Medio Ambiente de la Xunta, tras el ataque sufrido por los operarios de un equipo de buzos de los astilleros del Puerto de Vigo e infligido por el animal. Gaspar sumergió a una profundidad de seis metros a uno de ellos y golpeó en el pecho a otro con el hocico. Supuestamente, no era más que un juego del bicho. Y menudo juego.
Tras el incidente y posterior denuncia, la Xunta descartaba el «destierro» del animal a mar adentro o su «reclusión» en un acuario o zona cerrada. Gaspar «sólo quiere jugar», aseguraban desde Medio Ambiente, cuyos técnicos descartan cualquier atisbo de agrevisividad en el delfín -con un corpachón de más de tres metros y 400 kilos- pero recomiendan a los gallegos: acercarse a Gaspar o darle de comer fomenta su sociabilidad. Lo que provoca que, de cuando en cuando, el arroaz esté un tanto juguetón.
Con respecto a los buceadores profesionales de los astilleros Hermanos Barreras, el departamento de la Xunta se limitó a pedirles «precaución» en su actividad. Así, los operarios deberán «compatibilizar» los trabajos subacuáticos con la presencia del animal. Lo que no apuntaba el Gobierno gallego era cómo conseguirlo.
La historia de Gaspar sigue acaparando centrímetros cuadrados de papel y minutos en la radio tras su aparición en las aguas del litoral norte, en las cercanías de Ribadeo, a finales del pasado año. El delfín mular se ganó el bautismo por la coincidencia de su aparición con la llegada de los Reyes Magos.
Más tarde, quizás siguiendo la mejora del clima, fue mudándose poco a poco al Sur: Foz, Baiona, Vigo... Desde su misma llegada a Galicia comenzó a cobrar fama debido a su soledad, impropia entre los de su clase animal, muy gregaria; y su inclinación al contacto con los humanos.
Un «marine» en Galicia
A finales de julio, Antonio Rodríguez Folgar, científico del Grupo de Rescate y Estudio de los Mamíferos Marinos, revelaba tras un estudio acerca del comportamiento del arroaz que «nos está dando un índice bastante grande de entrenamiento militar». Según su teoría, el inadaptado animal se habría escapado de las instalaciones castrenses de Florida a raíz del desastre del Huracán Mitch, que azotó la costa americana en 1998.
El entrenamiento de los delfines-espía por parte de la Marina norteamericana se habría iniciado en la Guerra de Irak, con el objetivo de salvaguardar las bases de la costa de ataques submarinos. En libertad, pero con un pasado de reclusión solitaria, Gaspar no habría cuajado entre los suyos: de ahí su condición errante. Ahora, la Xunta ha condenado al «espía» a un ostracismo sin confidentes.
Para rizar el rizo, el episodio del ataque a los buzos gallego ha provocado el buceo local en las hemerotecas francesas, por donde ya vagabundeó el delfín en el pasado. Los vecinos galos no sólo le dieron nombre, sino apellido y sobrenombre al especimen, conocido como «Jean Floch. El delfín de Brest». Allí, los ataques de amistosidad del «Marine» Gaspar motivaron el debate sobre la conveniencia de instalar ultrasonidos que lo alejasen de la costa. El debate se quedó ahí, y el animal acabó marchándose.

Enviar a:

¿qué es esto?


Más noticias sobre...