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Apoyos en Facebook: McCain, 188.063; Obama, 1.254.498
El artista griego Charis Tsevis muestra en esta suma de apoyos anónimos el éxito de Barack Obama en internet
Facebook vs Tuenti
Facebook (www.facebook.com), creada en California por Mark Zuckerberg y otros estudiantes de la Universidad de Harvard, es la primera red social del mundo. A Tuenti (www.tuenti.com) podría considerársele el Facebook español. Ha logrado un enorme éxito, aunque está dirigido a un grupo de población más joven, adolescentes y universitarios.
Actualizado Lunes, 04-08-08 a las 17:02
Una red (social) podría tener el aspecto físico de una telaraña. Usted, sus amigos, los amigos de sus amigos, los conocidos que pasaban por allí, los desconocidos que tienen sus mismos intereses. En las redes sociales caben muchos «peces», cada día más. La primera de ellas, Facebook, alcanzó en mayo los 123,9 millones de usuarios únicos, 50.600 millones de páginas vistas en todo el mundo. La segunda, MySpace, sumó 114,6 millones de usuarios. Un universo en el que caben canciones, vídeos, fotos, citas con los amigos, propuestas, aficiones, planes de negocio. Cualquier cosa.
La página de amigos de Barack Obama en Facebook tiene 1.254.498 apoyos. La de su mujer, Michelle Obama, 62.912. La de McCain, 188.063. La de Mariano Rajoy, unos 4.102. Y la de Esperanza Aguirre, 3.242. La cifra que separa a Obama o McCain de Rajoy tiene que ver, desde luego, con la diferente capacidad de penetración de internet en ambos países, pero también con el interés que la clase política le dedica a las nuevas formas de comunicación. En Estados Unidos, Chris Hughes, uno de los fundadores de Facebook, asesora a Obama. En España, la videocracia, las redes sociales y los blogs asomaron la «patita» en la última campaña electoral, pero el camino hacia la vida digital de nuestra política aún se antoja largo y tortuoso.
Facebook y Myspace, el escaparate de casi todos los grupos de música del mundo, mandan en la batalla de las redes sociales, pero hay otros miles de ejemplos, cada día más, hasta tal punto que incluso la Unión Europea anda dándole vueltas a un código de conducta para moverse con tiento en las arenas virtuales. Ya se sabe que la política siempre va detrás de la realidad. En el mundo real, los usuarios moldean su visita a estos «clubes», crean cientos de aplicaciones para sentirse más a gusto en su página (desde una emisora de radio propia a un mapa mundi con una chincheta en cada ciudad visitada), se suman a grupos o causas, miran las fotos de sus primos que viven en cualquier esquina del mundo.
La sorpresa española en este negocio es Tuenti, que crece de una forma abrumadora, un fenómeno sociológico entre adolescentes y jóvenes tejido a partir de invitaciones: es necesario tener una para abrir la correspondiente cuenta. En ese espacio se cuelgan las fotos de la fiesta del sábado, o se queda para salir, o se mandan besos virtuales antes de probar los reales. Hay padres y sociólogos que se preocupan por ese vaivén de mensajes (¿de qué hablarán?, pueden preguntarse, perdidos en la telaraña), aunque en realidad los gestores de estas páginas maquinan cómo hacerlas rentables, cómo conseguir que los más de dos mil millones de páginas vistas cada mes de las que presume Tuenti puedan concluir en un negocio.
Nuestros hijos se reúnen en Tuenti. Nuestros políticos, en Facebook. Los fans de la música, en Myspace. Y así hasta el infinito. Los seguidores de las motos, en Moterus. Los de los viajes, en Minube. Hasta Nokia ha comprado una red social: Plazes. Y el New York Times pergeña su timespeople.nytimes.com. La plaza pública está en el ordenador. El runrún de la conversación, también. Lástima que falte el fresquito de la noche.

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